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Cobertura Forestal 61: #OurNatureIsNotYourSolution, Día internacional de la biodiversidad

Cobertura Forestal 61: #OurNatureIsNotYourSolution, Día internacional de la biodiversidad

El 22 de mayo es el Día Internacional de la Diversidad Biológica y el tema elegido este año por el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (CDB) es «Nuestras soluciones están en la naturaleza». Esto es una referencia clara a las soluciones basadas en la naturaleza (SbN, o NBS por sus siglas en inglés) que son cada vez más populares como estrategia para mitigar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Desafortunadamente, el concepto de SbN ha sido retorcido y manipulado por corporaciones y gobiernos para renombrar falsamente como «verdes» prácticas que son muy perjudiciales para el clima y la biodiversidad.

Como parte de la campaña #OurNatureIsNotYourSolution (#NuestraNaturalezaNoEsSuSolucion), lanzamos esta edición especial de nuestra revista Cobertura Forestal, escrita en colaboración con nuestros grupos miembros. Esta edición pone de manifiesto cómo se está utilizando la popularidad de las SbN para impulsar compensaciones forestales, monocultivos de árboles y otras muchas soluciones falsas. Esta edición también proporciona ejemplos de soluciones reales de las que nuestros miembros en Colombia, Ghana, Nepal, Panamá, Paraguay y Sri Lanka son partícipes.

Únase a nosotros en esta campaña a través de las redes sociales para oponernos a las soluciones falsas y greenwashing, y para resaltar los enfoques basados ​​ecosistemas, liderados por comunidades y sensibles al género que son mucho más beneficiosos para el clima, la biodiversidad y las comunidades. ¡Nuestro paquete de redes sociales tiene todo lo que necesitas para involucrarse en esta campaña!

Lea también el análisis de nuestra colega Ruth Nyambura sobre la relación entre las SbN y los hallazgos clave del informe de la FAO sobre el estado de los bosques del mundo 2020, que se ha publicado hoy, y un blog sobre la relación entre SbN y geoingeniería escrito por nuestra coordinadora de campaña climática Coraina de la plaza.

Puede descargar la versión para imprimir de Cobertura Forestal o leer a continuación los artículos de forma individual. Si aún no lo ha hecho, también puede suscribirse a nuestra lista de correo electrónico para recibir futuras ediciones de Cobertura Forestal y otras publicaciones de GFC.

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Contents:
Editorial: La crisis global demanda soluciones reales para proteger a los pueblos y al planeta
Viejos esquemas y estafas que acechan bajo el paraguas de las soluciones basadas en la naturaleza
Las mujeres del Colectivo de Reservas Campesinas y Comunitarias de Santander, Colombia: Un alcance real en la protección del territorio y alternativas de Buen Vivir
California lanza “soluciones basadas en la naturaleza” para normalizar tecnologías de emisiones negativas
Soluciones basadas en Nabgwana – Naturaleza Madre
Las grandes represas en Sri Lanka son falsas soluciones al cambio climático y la escasez de agua
Asentamiento Crescencio González, una solución real a la crisis actual
Drax Plc promueve nuevos métodos como otra falsa solución a la emergencia climática
Los Chepang, Nepal, muestra prácticas colectivas de conservación de la biodiversidad y sustento sostenible
Compensación forestal para viajes aéreos: la nueva frontera de soluciones basadas en la naturaleza
Soluciones dirigidas por mujeres ante la degradación forestal en Ghana


Editorial: La crisis global demanda soluciones reales para proteger a los pueblos y al planeta

Por Dil Raj Khanal, FECOFUN y miembro del consejo de la Coalición Mundial por los Bosques, Nepal

Patrulla forestal comunitaria en el oeste de Nepal durante la pandemia COVID-19. FECOFUN

Los orígenes de la crisis global actual, como el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y el COVID-19, están profundamente enraizados en falsas soluciones promovidas por gobiernos y el sector corporativo que explota la naturaleza y daña a sus pueblos.

La propia madre naturaleza no es una fuente de la crisis global y no es posible que continúe siendo explotada en el nombre de “soluciones” a las crisis causadas por la sed corporativa. Las verdaderas soluciones a las crisis ambientales mundiales deben ser profundas, desde la raíz, en las cuales exista un compromiso de los gobiernos y corporaciones por apoyar cambios transformacionales basados en los ecosistemas, dirigidos por las comunidades y con enfoque de género.

Sin embargo, se están imponiendo soluciones falsas a diferentes niveles, como esquemas de compensación de carbono, comercio de emisiones y tecnologías de emisiones negativas. Están explotando a la naturaleza, dañando los ecosistemas y violando los derechos humanos de los pueblos indígenas, las comunidades locales y las mujeres.

Parte del problema es la influencia que las corporaciones han ejercido en los mecanismos globales sobre cambio climático y diversidad biológica, como es el caso de la Convención Macro de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB). Por ejemplo, el tema de este año de la CDB para el Día Internacional de la Diversidad Biológica es “Nuestras soluciones están en la naturaleza”, lo cual es un claro intento por presionar la implementación de soluciones basadas en la naturaleza (SbN) controversiales. En respuesta, esta edición de Cobertura Forestal destaca la resistencia de las comunidades que están en la primera línea de batalla ante estas soluciones falsas y busca amplificar el mensaje de que “Nuestra naturaleza no es tu solución”.

La Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) continuamente enfatizan la importancia de los enfoques basados en los ecosistemas (EBA) como soluciones reales a las crisis de cambio climático y biodiversidad. Las partes del CDB también ya han acordado que las soluciones climáticas reales relacionadas a la tierra y los mares deberían ser basadas en el ecosistema, así como han desarrollado una guía detallada y significativa para los EBA, reconociendo que se deben respetar los derechos, roles, prácticas habituales y conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas, comunidades locales y mujeres.

Acuñar nueva terminología SbN es una forma de eludir esta guía, ya que tiene alcance más amplio y deja espacio para la implementación de muchas “soluciones” dañinas, como las plantaciones comerciales de árboles como estrategia de restitución forestal.

Es imperativo que el Marco Mundial de Biodiversidad pos-2020, la Convención Climática de las Naciones Unidas y otros mecanismos de políticas internacionales eviten la utilización de lenguaje SbN y, por el contrario, ofrezcan apoyo a soluciones climáticas y de biodiversidad reales que beneficien a los pueblos y al planeta.

En ese sentido, varios artículos en esta edición de Cobertura Forestal destacan los peligros e impactos de las falsas soluciones impulsadas por las corporaciones. En Sri Lanka (como en muchos países de la región, incluyendo India, Nepal y Bután), se están construyendo grandes represas como solución a la escasez de agua que simultáneamente están destruyendo bosques y acabando con un sistema acuífero milenario que abastecía de agua limpia a las comunidades, al tiempo que protegían la biodiversidad. En California, legisladores del estado están promoviendo SbN, emisiones negativas y tecnologías de geoingeniería que potencialmente generará impactos en el uso de la tierra, el agua y la biodiversidad. En el Reino Unido, la planta eléctrica de biomasa más grande del mundo está utilizando las emisiones negativas de ecoblanqueamiento (o greenwashing) para hacer lobby y lograr más subsidios en el futuro. En otros artículos se describe cómo el sector privado se está inclinando hacia las compensaciones de carbono y plantaciones de árboles comerciales para recibir beneficios económicos de la crisis climática.

En contraste, es un orgullo presentar varios ejemplos prácticos y poderosos de iniciativas sensibles al género, basadas en los ecosistemas y dirigidas por las comunidades para mitigar los impactos del cambio climático y proteger los ecosistemas, así como la biodiversidad con la cual los integrantes de nuestros grupos están comprometidos a nivel comunitario. En las reservas campesinas y comunitarias de Santander, en Colombia, las mujeres están liderando esfuerzos para construir resiliencia al cambio climático y preservar los bosques. En Panamá, los Gunadule utilizan sus conocimientos indígenas tradicionales para combatir el cambio climático. En Paraguay, el Asentamiento de Crescencio González se vale de la auto organización liderada por mujeres para superar las crisis sociales y ambientales creadas por el agronegocio. Y en Gana, grupos de derechos de mujeres están restituyendo los bosques y construyendo formas de sustento sostenibles a través de la organización por equidad de género.

En Nepal, los pueblos indígenas y comunidades locales, incluyendo los Chepang, Bote, Majhi, Dhimal y Raute, han construido interrelaciones de apoyo mutuo con la diversidad biológica durante generaciones, a través de la silvicultura y la conservación comunitaria. Más de 2,2 millones de hectáreas de los bosques de Nepal están bajo control comunitario, lo cual ha permitido la amplia integración de un enfoque basado en el ecosistema dentro de la política forestal de ese país, como una solución real para preservar la biodiversidad y mitigar el cambio climático.

Estos enfoques han evolucionado a lo largo de los siglos y están basados en las prácticas habituales, los conocimientos tradicionales e innovaciones de los pueblos indígenas, comunidades locales y mujeres. Es imperativo considerar a estos actores como guías para superar esta era de la crisis global.


Viejos esquemas y estafas que acechan bajo el paraguas de las soluciones basadas en la naturaleza

Por Coraina de la Plaza, GFC, España

Clearing forests for cattle ranching in the Amazon. Coordenação-Geral de Observação da Terra/Flickr

A pesar de la urgencia expuesta en el Acuerdo de Paris y el objetivo de 1,5°C, los gobiernos y corporaciones no han cambiado sus posturas, por lo que gran parte de los compromisos de mitigación asumidos para abordar la emergencia climática aún están fuertemente enfocados en soluciones falsas.

Compensaciones de carbono, comercio de emisiones, plantaciones de monocultivos como parte de iniciativas de forestación y reforestación son algunas de estas. Cada vez más apoyadas en financiamiento climático, estas actividades comerciales disfrazadas de reducciones de emisiones son un poco más que ecoblanqueamiensto o greenwashing. Sin embargo, las estrategias están cambiando.

El término “soluciones basadas en la naturaleza” (SbN) fue introducido a principios de la década de 2000 como un concepto para abarcar los enfoques basados en ecosistemas para mitigar el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad, y ha ganado mucho ímpetu en los últimos dos o tres años. Lamentablemente, este concepto ya ha sido moldeado por intereses creados para etiquetar de “verdes” – de manera falsa – prácticas altamente cuestionables y reciclar viejas estafas y esquemas poniéndole un nombre más cautivante.

Un ejemplo indignante de la forma masiva como las corporaciones utilizan SbN (o “soluciones climáticas naturales”, ambos términos son utilizados indiferentemente) para ecoblanquear sus actividades destructivas es la iniciativa “Mercados para soluciones climáticas naturales”, [1] lanzada en diciembre pasado por la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones durante las negociaciones climáticas de la ONU en Madrid. Este esquema permitirá la compensación de las emisiones de algunos de sus socios de la industria de combustibles fósiles, incluyendo Shell, Chevron y BP.

Otros esquemas más viejos y conocidos no han dejado de resurgir entre las estrategias de SbN. A pesar de demostrar que son soluciones ineficaces ante la crisis climática y la deforestación, además irrespetar y no proteger los derechos, necesidades y aspiraciones de las comunidades más afectadas, alinearse con las SbN es un intento por legitimar la existencia continua y el financiamiento de estos mecanismos.

REDD+1 [2] es uno de estos programas y después de 15 años y más de 4 mil millones de dólares en financiamiento directo, continúa siendo uno de los esquemas intergubernamentales más ferozmente contestados. Como se describe en una revisión de 10 años realizada por CIFOR [3], REDD+ ha tenido un desempeño muy mediocre tanto en términos del cumplimiento de metas como en los llamados “co-beneficios”. A pesar de los fracasos, el PNUD se ha apresurado a catalogar esta iniciativa como una “solución basada en la naturaleza lista para llevar” [4] y el “Llamado de Santiago para la acción por los bosques” [5], lanzado en 2019, convoca a las partes a aumentar las ambiciones de mitigación climática a través de SbN vinculadas a los bosques, incluyendo REDD+. Asimismo, en el Compendio de soluciones basadas en la naturaleza, publicado en la Cumbre de Acción de la ONU en 2019, los programas REDD+ son considerados SbN ejemplares.

Otro tema de preocupación que muchas veces es incluido en el ámbito de SbN es la siembra de árboles. En años recientes, la siembra de árboles se ha puesto de moda, por lo que gobiernos y el sector privado se han comprometido a sembrar más y más árboles, así como a “restituir” millones de hectáreas y ecosistemas. Una de las primeras iniciativas fue el Desafío de Bonn, lanzado en 2011 como un esfuerzo global para restaurar 150 millones de hectáreas de la tierra deforestada y degradada del mundo para 2020 y 350 millones para 2030 (la Iniciativa de Restauración del Paisaje Forestal Africano y el Tsunami de Mil Millones de Árboles en Pakistán forman parte de este plan). Uno de los últimos compromisos fue realizado en 2019, en el Foro Económico Mundial de Davos, donde fue lanzado el plan “1 billón de árboles” [6], diseñado para apoyar la Década de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas 2021-2030. Incluso Donald Trump respaldó la iniciativa (¡lo cual es una señal bastante preocupante!).

La siembra de árboles nativos para restituir los ecosistemas forestales juega un rol vital en la mitigación de los impactos del cambio climático y protección de la biodiversidad, sin embargo, los esfuerzos deben ser dirigidos y gestionados por las comunidades locales, los pueblos indígenas y las mujeres. Por el contrario, muchas de estas iniciativas de siembra están basadas en las plantaciones de árboles de monocultivo y comerciales. Por ejemplo, una evaluación de las promesas gubernamentales asumidas en el Desafío de Bonn el año pasado [7] determinó que las siembras de árboles eran la opción más popular de “restauración”, con 45% de todos los compromisos de esta actividad vinculados a vastos monocultivos de árboles. Dichas plantaciones pueden acarrear acaparamiento de tierras, violaciones de derechos, erosión de suelos, agotamiento de fuentes de agua, pérdida de la biodiversidad, entre muchos otros impactos. Además, las plantaciones almacenan solo una parte del carbono almacenado por los bosques naturales y las emisiones producto de la deforestación y el desplazamiento de otros usos de la tierra (por ejemplo, la agricultura) frecuentemente socavan cualquier posible esfuerzo de mitigación.

Las plantaciones de árboles comerciales como estrategia de mitigación climática son financiadas cada vez más con recursos públicos. Un ejemplo reciente es el Arbaro Fund, que permitirá la creación de 75 mil hectáreas de árboles comerciales en siete países del sur global. A pesar de la fuerte oposición de la sociedad civil [8], que señaló la evidencia sobre los beneficios climáticos mínimos de las plantaciones comerciales, así como los conflictos significativos surgidos con las comunidades, el Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés) otorgó 25 millones de dólares en cofinanciamiento.

En febrero de 2019, el GCF entregó 95 millones de dólares a Brasil como “Pago basado en los resultados” de REDD+ (por haber reducido la deforestación), justo antes de los incendios sin precedentes en los bosques del Amazonas y el estrepitoso aumento en los niveles de deforestación en la zona. [9] Obviamente, esto no fue suficiente para que el GCF reconsiderara el tema de la permanencia en proyectos relacionados a los bosques y revocara los beneficios de mitigación climática debido a los incendios y a los cambios de políticas. El problema de la no permanencia es intrínseco a las plantaciones que el Arbaro Fund promueve.

Es imperativo seguir desenmascarando y denunciando las falsas soluciones, independientemente del nombre que asuman, y hacer retroceder el secuestro corporativo del desarrollo de la política climática. No se debe permitir que los intereses de los grandes negocios rijan la agenda cuando lo que está en juego es el futuro de nuestro planeta.

[1] https://www.ncs.ieta.org/
[2] REDD+ es un programa de la ONU para reducir las emisiones producto de la deforestación y la degradación de los bosques y fomentar la conservación, gestión sostenible de los bosques y mejora de las reservas de carbono.
[3] https://www.cifor.org/publications/pdf_files/Books/BAngelsen1801.pdf
[4] https://www.un.org/development/desa/en/news/sustainable/cop25-deforestation.html
[5] https://unfccc.int/sites/default/files/resource/Santiago%20Call%20for%20Action%20on%20Forests.pdf
[6] http://1t.org/
[7] https://www.nature.com/articles/d41586-019-01026-8
[8] https://globalforestcoalition.org/gcf-arbaro-fund/
[9] https://globalforestcoalition.org/amazon-fires/


Las mujeres del Colectivo de Reservas Campesinas y Comunitarias de Santander, Colombia: Un alcance real en la protección del territorio y alternativas de Buen Vivir

Por Claudia Gimena Roa y Nelsy Gualdron, Fundaexpresión, Colombia

Vivero para promover la agrobiodiversidad, Asovivir. Fundaexpresión

No hay duda sobre el aporte vital de las mujeres del Colectivo de Reservas Campesinas y Comunitarias de Santander (Colombia) en la conservación comunitaria como solución real a la crisis climática regional y planetaria. Surgen alternativas con la fuerza y la creatividad de ellas para demostrar que, con persistencia y unión, se pueden conservar los bosques, y a su vez ser soberanas en la alimentación y diversas en la producción.

Tal es el caso que propone el Colectivo de Reservas, una confluencia de asociaciones y familias rurales de Santander, que se conformó en el año 2008, y se fundamenta en la gestión comunitaria del territorio. Son comunidades campesinas con fuertes lazos culturales y conocimientos tradicionales, que conviven en la selva andina, alto andina y el páramo de Santurbán, en la Cordillera Nororiental de Colombia.

Ante las falsas soluciones que plantean algunos gobiernos y grandes empresas, a veces disfrazadas como “soluciones basadas en la naturaleza”, las organizaciones de base han tenido una forma de relacionarse con la naturaleza de manera vivencial; es decir, ellas realizan acciones que tienen un alcance real y transcendental en la protección de los bosques, del agua y de múltiples especies de flora y fauna. Con una perspectiva de género, esta reflexión se basa en iniciativas de grupos de mujeres en el marco del programa Mujer2030. [1]

Valga resaltar que, en Colombia, varias décadas de conflicto armado han afectado gravemente a las comunidades y especialmente a las mujeres, que han tenido que asumir la responsabilidad familiar, alimentaria y con su tesón conservar y permanecer en sus territorios. Esto ha significado para nosotras que la paz no solamente debe realizarse con los grupos armados, sino también en relaciones más armónicas y menos agresivas con la naturaleza.

Este hecho también se ha demostrado porque las mujeres hemos sido las más proclives a declarar reservas – que han irradiado en el territorio y como aspecto esencial, se supera el paradigma del monocultivo por medio de la diversificación de siembras – y también a relegar el uso de agrotóxicos. Con mayor vehemencia, los grupos de mujeres realizan actividades de rescate de semillas criollas, viveros y siembras para la agrobiodiversidad. Esto ayuda a enfrentar al problema del cambio climático a través de un enfoque basado en los ecosistemas, fortaleciendo nuestra resiliencia.

Dentro del accionar del Colectivo de Reservas, las comunidades proponen mayor equidad de género que aunque se observa tomará tiempo, el estudio del programa Mujer2030 arrojó varias situaciones prioritarias que revindican las mujeres campesinas, incluyendo el acceso a la tierra, el fortalecimiento de espacios socioculturales y la creación de economías propias.

Conviene mencionar sucintamente tres iniciativas de las organizaciones de mujeres: la Asociación Municipal de Mujeres Campesinas de Lebrija (AMMUCALE), el comité de mujeres de ASOVIVIR en Santa Cruz de la Colina (Matanza), y el grupo de mujeres de Cachiri (Suratá); todas con distintas experiencias resaltan como aspecto esencial su papel en la defensa de la agrobiodiversidad.

Las mujeres y sus relatos integran la conservación comunitaria mediante la agroforestería, las huertas de forrajes, la apicultura, la implementación de estufas eficientes de leña, la generación de excedentes de las cosechas, con la transformación de frutas y la organización de ferias y bazares de posicionamiento de la economía y la cultura campesina.

Como caso ilustrativo, también está la vinculación de las mujeres jóvenes, que anteriormente no tenían posibilidad de tener sus huertas, salir a los mercados campesinos, acceder a espacios de educación popular o participar en mingas (jornadas de trabajo cooperativo). Así, las jóvenes vieron alternativas del arraigo a la tierra, el aprecio a sus territorios, a revivir la cultura propia y el buen vivir.

Las mujeres con un trabajo colectivo se dan cuenta y son ejemplo de que han mejorado su economía y soberanía alimentaria y que, mediante estas formas de autogestión, pueden enfrentar con más capacidad, junto con sus familias, toda esta crisis de la pandemia que está teniendo un impacto de hambruna y desamparo en las poblaciones marginadas de América Latina.

[1] Women2030 es una iniciativa global con la participación de la Coalición Mundial por los Bosques que se enfoque en el desarrollo sostenible sensible al género, incluyendo a través del trabajo con grupos de base y organizaciones de mujeres.


California lanza “soluciones basadas en la naturaleza” para normalizar tecnologías de emisiones negativas

Por Gary Hughes, Biofuelwatch, EE.UU.

Zonas despejadas y certificados en el norte de California. Kimberly Baker

En un repentino, pero agresivo, esfuerzo por promover geoingeniería climática no comprobada y riesgosa, legisladores del estado de California recientemente introdujeron un proyecto de ley [1] basado en el supuesto potencial de los árboles, bosques y suelos para la captura de carbono, al tiempo que se promueve explícitamente una visión de marco normativo climático que celebra y promueve tecnologías de geoingeniería moralmente arriesgadas y ambientalmente peligrosas para la “remoción de dióxido de carbono” y “emisiones negativas”.

Por su puesto, el enfoque en bosques en sí de la legislación parece inocente. Pero la letras pequeña del proyecto de ley revela detalles de cómo se pretende hacer que California entre osadamente en un “valiente nuevo mundo” de desarrollo de una política climática tecnocéntrica que promueve e incentiva mecanismos de geoingeniería potencialmente ilegales [2] que no han sido comprobados previamente. Esta propuesta promete intensificar la explotación industrial de los bosques de California, así como el uso con exclusividad y a largo plazo de combustibles fósiles, lo que exacerbaría indudablemente la crisis climática.

Los tumultuosos impactos de la pandemia global han interrumpido completamente los procesos legislativos en California, por lo que el futuro de este proyecto de ley es incierto. Mas incertidumbres están por venir, ya que la convulsión de la venidera contracción económica no dejará de impactar a la economía de California ni al marco normativo climático basado en los mercados.

Poco discutido en un frenesí mediático ampliamente centrado en los impactos económicos de la pandemia son las reacciones volátiles de los mercados de carbono de California ante la reciente turbulencia económica. Paralelo al colapso de los precios de productos de la industria de combustibles fósiles – fundamentales para la economía de California, considerada entre algunas mediciones como la quinta más grande del mundo – está la caída de los precios del carbono en el mercado de este estado.
No es exagerado sugerir que el programa de comercio de derechos de emisión que California ha vendido al mundo como el ejemplo del liderazgo climático mundial del estado parece trastabillar en una economía potencialmente en crisis.

Un resultado de la desaceleración económica podría ser frenar los esfuerzos de los legisladores de continuar presionando la aprobación de medidas orientadas a beneficiar a la industria, como los mercados de carbono, “soluciones basadas en la naturaleza” y tecnologías de geoingeniería como la captura directa de aire y la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS), los cuales son promovidos en el proyecto de ley de alto alcance sobre “emisiones negativas” introducido en la primavera.

Lamentablemente, los proponentes legislativos e institucionales de estas tecno-distracciones como la BECCS no reconocen que las “tecnologías de emisiones negativas” tienen consecuencias potencialmente graves para el uso del suelo, el agua y la biodiversidad, así como impactos inciertos en los ecosistemas. Por lo tanto, los intentos de consagrar estas tecnologías en políticas sobre el uso de la tierra, sistema de energía y cambio climático tienen implicaciones significativas para la protección de los derechos humanos y el avance de la justicia ambiental. Pero los legisladores se han resistido a incorporar estas críticas en las discusiones de la política.

Otro aspecto que los funcionarios de California se han resistido a abordar en las discusiones de estas opciones normativas es que las barreras técnicas a estas tecnologías no comprobadas son inmensas.

Permanecen las interrogantes sobre cómo este momento se convertirá en una oportunidad para la reevaluación de suposiciones detrás del liderazgo climático global de California. Lo que queda claro es que la legislatura del estado de California está jugando con distracciones peligrosas de mecanismos técnicos hipotéticos disfrazados de soluciones basadas en la naturaleza, al tiempo que no toma los riesgos políticos necesarios para avanzar en soluciones climáticas verdaderas.

[1] https://leginfo.legislature.ca.gov/faces/ billTextClient.xhtml?bill_id=201920200SB1323

[2] http://www.geoengineeringmonitor.org/ 2016/12/un-convention-still-says-no-to-manipulating-the-climate/


Soluciones basadas en Nabgwana – Naturaleza Madre

Por Geodisio Castillo, Centro de Desarrollo Ambiental y Humano, Panamá

Mujeres extrayendo jugo de caña de azúcar. Geodisio Castillio

Ante la aparición del Covid-19, nos preguntamos si el confinamiento humano ha favorecido a que Nabgwana (Madre Naturaleza) respire y si esto haya contribuido más a abordar el cambio climático.

Aquí en nuestro pequeño territorio de la nación gunadule, una comarca con cultura propia ubicada en la costa este del Caribe de la República de Panamá, las comunidades Gunadules siguen manteniendo casi el 80% de bosque tropical en su estado natural y el resto dedicado a la agricultura de nainu [1] familiar.

Nuestros bosques están llenos de hermanos árboles y plantas que dan vida a nuestro pueblo y a Nabgwana. Es un gran jardín botánico con numerosos productos bioactivos que representan nuestro patrimonio cultural y natural, una riqueza natural cuyo valor económico no puede ser calculable en términos cuantitativos, ya que los impactos positivos que tienen estos ecosistemas para mitigar efectos del cambio climático son muy diversos. En base a esta farmacia natural que tiene el pueblo gunadule, los inadulegan (médicos botánicos) son los que atienden a los enfermos.

Es una relación intrínseca biocultural donde los conocimientos y prácticas de duleina (medicina botánica gunadule) se van dinamizando y cambiando en esa relación de los bienes de la naturaleza que usamos desde los conocimientos ancestrales. Se respeta a la naturaleza, se pide permiso a los hermanos árboles y plantas para su uso; es una gestión de la biodiversidad como base de la resiliencia climática y que empodera a los inadulegan y productores familiares a conservar las diversas especies para enfrentar los riesgos generados por las políticas estructurales y económicas y el cambio climático. De esta forma, se contribuye directamente a mejorar la calidad de vida de la población.

Cada vez se presta más atención al potencial de la biodiversidad, entre ellos inagan (árboles y plantas medicinales), utilizados para prevenir y curar enfermedades. Por lo tanto, su conservación en el bosque es importante para el pueblo gunadule. Tal es como se utiliza para enfrentar al coronavirus las hojas y ramas del inagagbid [2] (o udud bungid o udud buli), conocido comúnmente en castellano como hombre grande o guabito amargo. Otra planta medicinal gunadule para la prevención es maniswar (Smilax spp.), conocido en castellano como zarzaparrilla; su jugo purifica la sangre.

La situación actual ha hecho que pensemos en cambios o innovaciones necesarias y dinámicas de nuestro sistema de gobernabilidad, basado en la propia naturaleza que nos enseña, aplicando los conocimientos ancestrales, porque ese
“colectivismo” [3] con la que estamos educados culturalmente puede ser el parámetro que señale el mañana sostenible de nuestra sociedad.

Los Pueblos Indígenas de la nación gunadule tienen mucho que ofrecer para contrarrestar los efectos del cambio climático, ya que, a pesar de ser víctimas de éste en diversas formas, poseen importantes conocimientos que deben ser tomados en cuenta para impedir su avance y la afectación directa a los pobladores de esta y de otras regiones del mundo. Estos conocimientos son la alimentación sana desde una agricultura familiar, la salud duleina, los impedimentos de la desertificación, la conservación de cuencas hídricas y las políticas de conservación amplia de la biodiversidad desde el conocimiento comunitario, entre otras aportaciones.

Desde este contexto, el pueblo gunadule, a través de su Instituto del Patrimonio Cultural del Pueblo Guna (IPCPG) del Congreso General de la Cultura Guna (CGCG), ha establecido desde finales de 2019 un Centro de Atención y de Aprendizaje Ina Ibegungalu [4] para revalorizar y fortalecer duleina. Por lo que la protección y conservación del área será importante para mantener la presencia de la diversidad de especies de árboles y plantas medicinales nativas en el sitio. Igualmente, su producción será importante para mantener la productividad y biomasa del área, cultivando especies de árboles y plantas nativas, incluyendo las medicinales, y de esta forma continuar abordando el cambio climático desde un enfoque basado en los ecosistemas.

[1] Nainu se refiere a una parcela agroforestal de composición agrodiverso o policultivos, manejado bajo sistema familiar y comunal.

[2] Inagagbid es un arbusto conocido por la ciencia como Quassia amara que se utiliza contra el paludismo o malaria, conocimiento indígena de los hermanos de Suramérica.

[3] Pero esta colectividad del que vivimos ha ido rompiéndose por las culturas foráneas al que más hemos apreciado.

[4] Dicho Centro o farmacia natural está ubicado en las montañas del Área Silvestre (protegida) de Nargana, Corregimiento de Nargana, sitio Bingandi, por el kilómetro 27 de la Carretera El Llano-Carti, Comarca Gunayala.


Las grandes represas en Sri Lanka son falsas soluciones al cambio climático y la escasez de agua

Por Hemantha Withanage, Centre for Environmental Justice y punto focal regional para Asia de la CMB, Sri Lanka

Construcción de presas en Sri Lanka. Gihan Jayaweera

Idealmente, construir una reserva de agua es una medida ambientalmente amigable. También puede ser una buena solución “basada en la naturaleza” para la adaptación climática, pero no es el caso cuando se trata de grandes proyectos de irrigación modernos en Sri Lanka.

El Proyecto de Irrigación Yan Oya al este de Sri Lanka fue culminado en 2019. Tuvo un costo total de 210 millones de dólares y tiene la capacidad de almacenar 149 mil acres-pies (184 millones de metros cúbicos) de agua. El 85% del proyecto fue financiando con un préstamo de China y la Corporación de Ingeniería CAMC de ese país construyó la represa de 2,3 kilómetros de largo en una parte de los 130 kilómetros del río Yan Oya. La represa abastecerá del vital líquido a 8 mil hectáreas aproximadamente de cultivos de arroz.

Lamentablemente, el proyecto destruyó más de 26 pequeños tanques de almacenamiento de agua antiguos y más de 6 mil hectáreas de bosques tanto para construir la reserva como para crear nuevas áreas de cultivo. La evaluación del impacto ambiental del proyecto se realizó de manera inadecuada y los responsables de desarrollar la construcción ni siquiera pudieron identificar el requerimiento total de terreno durante la fase de viabilidad. Reconstruir el sistema de tanques antiguos hubiese sido una opción más sostenible, hubiese evitado los impactos negativos del proyecto y ofrecido una mejor solución al cambio climático.

De manera similar, con el Proyecto de Irrigación Malwathu Oya se está construyendo una represa de 3,5 kilómetros de extensión en una parte del río Malwathu Ora, afluente de 164 kilómetros de extensión ubicado en la Provincia Centro Norte de Sri Lanka. El proyecto tendrá una inversión de 66 millones de dólares aproximadamente y destruirá más de 5 mil hectáreas de bosques y más de 24 tanques pequeños antiguos. La represa tendrá una capacidad de almacenamiento de 170 mil acres-pies (210 millones de metros cúbicos) de agua.

Según expertos ambientales, reconstruir el sistema de tanques antiguos sería una mejor solución de adaptación climática que la construcción de las grandes represas. Sri Lanka es famosa por su civilización hidráulica de hace 3 mil años. Hay más de 40 mil tanques pequeños y grandes que cubren las regiones secas del norte y este del país. Nuestros ancestros sabían que el macizo de caliza en la zona seca no es apto para almacenar agua de lluvia subterránea, por lo que construyeron un único y elaborado sistema de tanques y reservorios para abastecer a las poblaciones con agua limpia durante todo el año.

En un informe al gobernador de Ceilán británico (actual Sri Lanka) en 1855, John Baily destacó que “es posible que, en ninguna otra parte del mundo, solo en Ceilán, se encuentre en el mismo espacio restos de tantas obras de irrigación, las cuales son al mismo tiempo una gran antigüedad y de gran magnitud. Probablemente ningún otro país, solo esta isla, puede exhibir obras tan numerosas y, al mismo tiempo, tan antiguas y extensas en la misma área limitada”.

En 2018, el sistema de tanques en cascada de Sri Lanka, localmente conocido como “Ellanga”, fue reconocido como uno de los 14 “Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial” de la FAO. Sin embargo, Sri Lanka continúa destruyendo este sistema antiguo en nombre de la irrigación moderna.

Los proyectos de irrigación de Yan Oya y Malwathu Oya y sus reservorios de agua no siguen los mismos principios que los sistemas antiguos de irrigación, en los cuales se represaban primero los riachuelos para construir pequeños tanques para evitar que el cieno entrara en los reservorios más grandes (pero aun así pequeños en comparación). Los tanques pequeños sólo alimentaban la capa freática. El agua liberada de los tanques pequeños drenaba por áreas que contenían plantas acuáticas como loto y kohila (Lasia spinosa) para absorber las toxinas y luego alimentaban a los tanques más grandes para almacenaje, eventualmente irrigación y uso doméstico. Al menos tres tipos de reservorios se pueden encontrar en el sistema antiguo de tanques en cascada, una solución milenaria basada en principios naturales. Recuperar este sistema constituiría una solución al cambio climático, a la escasez de agua y, al mismo tiempo, aumentaría la biodiversidad.

En ese sentido, es lamentable ver cómo la ingeniería moderna financiada por bancos multilaterales, China y otros inversionistas bilaterales está destruyendo este sistema antiguo y mucho más sostenible. Esto demuestra que las llamadas soluciones modernas basadas en la naturaleza no son la respuesta a las crisis climáticas y de biodiversidad que enfrenta el mundo.


Asentamiento Crescencio González, una solución real a la crisis actual

Por Inés Franceschelli, Centro de Estudios Heñói, Paraguay

Intercambio de habilidades sobre soberanía alimentaria en Crescencio González. Inés Franceschelli

En medio de la crisis ambiental y social generada por el sistema agroindustrial mundial, las comunidades tradicionales ofrecen alternativas comprobadas.

Una de esas experiencias es la del asentamiento campesino Crescencio González de Paraguay, constituido hace 20 años, que ha conformado una comunidad con 270 familias, unos 1.300 habitantes, que viven desarrollando prácticas productivas tradicionales que les han dado excelentes resultados. Una combinación armoniosa de vida, producción y conservación natural, que genera calidad de vida y futuro de la mano de campesinos y campesinas organizados.

El asentamiento es una conquista de la lucha organizada de la Federación Nacional Campesina, quienes en 1999 realizaron ocupaciones de latifundios, exigiendo tierras para las familias campesinas. A pesar de la brutal represión que costó la vida de cuatro campesinos, entre ellos Crescencio González, más cientos de heridos y detenidos, la presión campesina arrancó al Estado un acuerdo por el cual se compraron 10.000 hectáreas para formar dos asentamientos denominados con los nombres de dos de los mártires campesinos, Crescencio González y Huber Duré, cada uno de 5.000 hectáreas. En la actualidad, estas tierras están en peligro, dado que un terrateniente las ha reclamado judicialmente, abriendo un escenario de incertidumbre para la comunidad.

Las tierras son de propiedad estatal, adjudicadas a la organización campesina, y a través de ellas, a las 270 familias, distribuidas en 10 núcleos dispuestos de manera circular, con lotes de 10 hectáreas. Está ubicado en el antiguo bosque central del Paraguay, caracterizado por una rica diversidad forestal donde abundan especies como el Palo rosa (Aspidosperma polyneuron); Tajy (Tabebuia alba, Tabebuia impetiginosa), Ybyraro (Pterogyne nitens), Kurupay (Anadenanthera colubrina), Palmito (Cocos nucifera, Euterpe edulis, entre otros). Estas especies se encuentran hasta hoy, así como diversas especies animales.

Los lotes abarcan 2.700 hectáreas, de los cuales 906 se destinan a cultivos agrícolas y 571 a pasturas para animales. En el asentamiento trabajan 817 personas, el 45% mujeres y 55% hombres. El 73% de ellos trabajan directamente en la producción agropecuaria dentro de las fincas, mientras un 20% realizan trabajos extraprediales. En la producción agrícola predomina el cultivo de alimentos para el autoconsumo y la venta como variedades de mandioca, maíz, maní, poroto, sésamo, hortalizas y verduras. Se complementa con la cría de animales, vacas, cerdos, gallinas y patos, que proveen alimentos y productos derivados como leche, huevo y queso. Se dispone en las fincas de una riquísima variedad de plantas frutales y medicinales que nutren cotidianamente a la población.

Existe una alta conciencia ambiental en la población. Establecieron el cuidado de reservas boscosas, el respeto a la biodiversidad, la plantación de árboles frutales y forestales para una mayor salud del ecosistema que habitan. Lograron crear un colegio con un bachillerato técnico en Ciencias Ambientales que cuenta con 56 estudiantes. Esa visión comunitaria ha permitido que el 42% del territorio del asentamiento sea boscoso. Por su parte, las tierras en uso productivo cubren el 30% del asentamiento, cuando los monocultivos alcanzan hasta el 100% de las fincas en la zona.

Un estudio de Heñói de 2019 analizó la rentabilidad económica, social y ambiental del asentamiento, incluyendo rentas monetarias y no monetarias. El beneficio total alcanzado fue de US$1,83 millones, unos US$7.000 año por finca, originados de manera sustentable y diversificada: el 41% proveniente del sistema agrícola, el 26% de la conservación y uso racional de los bosques, el 11% de productos derivados, el 10 % de la cría de animales, y el 12% de las variedades frutales y medicinales.

El estudio realizó una comparación con el resultado de una estancia de agricultura mecanizada de dimensión similar, obteniendo el modelo campesino mejores resultados en generación de empleos, margen de beneficios, conservación ambiental y distribución del producto colectivo. La fortaleza y sustentabilidad de la vida campesina es una solución real a los problemas generados por el sistema agroindustrial, incluyendo el cambio climático. Crescencio González presenta un fuerte ejemplo de las posibilidades del modelo campesino para abordar la crisis climática con enfoques basados en los ecosistemas.


Drax Plc promueve nuevos métodos como otra falsa solución a la emergencia climática

Por Almuth Ernsting, Biofuelwatch, Escocia

Producción de pellets de madera en el sureste de Estados Unidos.
Dogwood Alliance

Además de sembrar árboles, cortarlos y quemarlos para producir energía sigue siendo promovido por muchos como una “solución basada en la naturaleza”, especialmente en combinación con la llamada “tecnología de emisiones negativas”, conocida como BECCS (bioenergía con captura y almacenamiento de carbono). Ahora parece que la propaganda de esta falsa solución podría permitir que compañías de energía eléctrica contaminantes sigan como antes, y con grandes subsidios públicos.

Hasta ahora, el debate sobre BECCS ha sido totalmente teórico aparte de la captura de pequeñas cantidades de CO2 de la fermentación de etanol en Estados Unidos, y no ha habido intentos serios de capturar CO2 proveniente de la quema de madera. Sin embargo, recientemente la empresa de energía eléctrica Drax Plc en el Reino Unido ha anunciado la intención de convertirse en la primera compañía “negativo en carbono” del mundo, con ayuda de la BECCS y, por supuesto, más apoyo del gobierno.

La central eléctrica Drax en Inglaterra continúa quemando más madera que cualquier otra planta en el mundo. Toda la madera que quema es importada como pellets, 65% de los cuales provienen del sureste de Estados Unidos y el resto de Canadá y los estados bálticos. En estas tres zonas, los pellets vendidos a Drax son rutinariamente hechos de la deforestación de bosques ricos en vida salvaje y en carbono. La quema de más de 7 millones de toneladas de pellets de madera anualmente convierte a Drax en la primera emisora de CO2 en el Reino Unido, pero oficialmente es conocida por ser “neutro en carbono” (excepto por una pequeña fracción remanente de carbón que también quema) debido a que sólo cuentan las emisiones de combustibles fósiles. Por lo tanto, capturar y almacenar parte del CO2 proveniente de la quema de pellets de madera, como argumenta Drax, la convertirá en “negativo en carbono”, aunque la energía necesaria para la captura y compresión de ese CO2 requeriría la quema de más árboles, lo que causaría incluso mayores daños a los bosques y a la vida salvaje.

Desde 2019, una compañía de reciente creación llamada C-Capture ha estado intentando capturar una pequeña cantidad de CO2 de una unidad de biomasa de Drax, la cual es posteriormente liberada en su totalidad a la atmósfera. Otra compañía similar quiere comenzar a probar pronto su tecnología de captura de carbón. Son pruebas muy pequeñas de diferentes métodos de captura de carbón, los cuales pudieran mostrar si valdría la pena estudiar un solvente particular, pero están lejos de mostrarse como una opción para desarrollar alguna propuesta que pudiera ser descrita como “BECCS”. Entonces, ¿realmente de qué se trata toda esta propaganda?

Hace una década aproximadamente, las compañías energéticas argumentaron que se les debía permitir construir nuevas plantas de carbón o mantener las ya existentes debido a que estarían “listas para la captura”. En la práctica, esto significó literalmente dejar un espacio físico en el sitio para la futura instalación de la infraestructura necesaria y la idea era que, una vez implementados los subsidios debidos o las inversiones y el marco regulatorio, podrían comenzar la captura de carbono. Con base a esta “promesa” se permitió la construcción en los Países Bajos de al menos una nueva compañía eléctrica grande a partir del carbón y se dio luz verde para que una gran compañía eléctrica escocesa continuara operando. Ninguna de las dos ha capturado nunca un solo gramo de carbón (la de Escocia finalmente cerró por razones económicas).

El negocio de Drax depende de los subsidios de £2,1 millones (€2,39 millones), los cuales caducan en el 2027, pero la propaganda de la BECCS podría contribuir con los esfuerzos de la compañía por hacer lobby para obtener mayores subsidios en los años por venir. Permitir que Drax continúe con la destrucción forestal y contaminación del clima y del aire con o sin (más probable) la captura de carbono definitivamente no califica como una solución, ya sea basada en la naturaleza o de otro tipo.

Para más referencias, ver https://www.biofuelwatch.org.uk/wp-content/uploads/drax-briefing-update-2020_compressed.pdf


Los Chepang, Nepal, muestra prácticas colectivas de conservación de la biodiversidad y sustento sostenible

Por Bhola Bhattarai y Roshan Chikanbanjar, NAFAN, Nepal

Herramienta tradicional que se usa para extraer aceite de las frutas chiuri. NAFAN

Los Chepang son una comunidad indígena en Nepal que vive en los distritos centrales de Gorkha, Dhading, Chitwan y Makwanpur (zonas de geografía empinada e irregular), la cual ha dependido de la naturaleza para mantener sus vidas y medios de sustento durante siglos.

En los últimos 50 años se han integrado cada vez más a otras comunidades étnicas de Nepal, pero muchos aún viven como lo han hecho sus ancestros por generaciones, abrigándose en cuevas y dependiendo de alimentos provenientes del bosque para su supervivencia. [1] Apoyar a los Chepang en la protección y conservación de los bosques es un enfoque basado en el ecosistema para mitigar los impactos del cambio climático y la pérdida de la biodiversidad, lo cual trae múltiples beneficios para estas comunidades y la tierra de la cual dependen.

Originalmente los Chepang eran nómadas, pero ahora tienen un estilo de vida semi-nómada que destaca por la práctica de cultivos migratorios (agricultura de tala y quema), su principal forma de sustento. Sin embargo, la agricultura no es suficiente para lograr el sustento para sus familias, por lo que también dependen de la caza de aves y murciélagos, la pesca y la recolección de Githa, Vyakur (brotes y raíces) y ñame silvestre. Los Chepang son una sociedad igualitaria que no participa del sistema de castas de Nepal y, según el censo de 2011, su población es de aproximadamente 70.000 personas.

La forma de vida de esta comunidad está profundamente conectada al agua, la tierra, los bosques y la vida salvaje. Su sustento depende de los bosques, y sus actividades diarias incluyen la recolección de recursos forestales no maderables y la caza de animales salvajes. A cambio, los Chepang ayudan a regular los ecosistemas protegiendo la biodiversidad.

Un buen ejemplo de esto es el Chiuri (Diploknema butyracea, también conocido como el árbol de mantequilla de la India), un árbol que crece en tierras frágiles y marginales, pero aun así da frutos, leña, sombra y brinda protección ante desastres naturales como deslizamientos. Además de ser una fuente de alimentos para humanos, los árboles Chiuri protegen la vida de una variedad de animales, incluyendo murciélagos, pájaros y abejas, las cuales se alimentan de sus frutos. Esto crea una interrelación entre los Chepang, los árboles Chiuri, los murciélagos y otra vida salvaje.

Los Chepang han sembrado árboles de Chiuri durante siglos y este es considerado un recurso valioso que incluso juega un papel importante en lo que se refiere a dotes. Sus prácticas ancestrales tradicionales de preservación de los árboles de Chiuri y otra biodiversidad, sea consciente o inconscientemente, protege la resiliencia de los bosques en los que habitan.

Una de las amenazas más urgentes en la zona es el problema de la falta de título legal de las tierras forestales de los Chepang que han estado ocupando durante siglos, así como la disminución de la producción de frutos de los árboles Chiuri, posiblemente debido a cambios ambientales. La influencia cada vez mayor del cristianismo también ha afectado la identidad cultural ya que los Chepang, quienes por tradición son practicantes del animismo, se están convirtiendo en una comunidad más alienada de la naturaleza. Las prácticas conservacionistas habituales de los Chepang tampoco están reconocidas por el gobierno actualmente, por lo que son escépticos de leyes formales y normativas que gobiernen su control, acceso y utilización de los recursos naturales.

Los Chepang conservan la biodiversidad al proteger sus bosques. Las comunidades Chepang se han sumado al Manejo Comunitario de Bosques (CBFM, por sus siglas en inglés) y están involucradas en prácticas de manejo forestal de manera voluntaria, en coordinación con las oficinas forestales locales. La silvicultura comunitaria protege y restablece el hábitat vital para la supervivencia de las aves y otros animales, así como incrementa la captura de carbono y cobertura forestal. Asimismo, gestiona el uso de los bosques por medio de prohibiciones de caza a solicitud de la población local. Varios estudios [2] han demostrado que se ha producido un incremento significativo en la salud forestal por medio de la silvicultura comunitaria, lo que demuestra que es un modelo probado de control de la deforestación y degradación forestal, así como para el sustento de vidas al proporcionar los recursos forestales necesarios.

El National Forum for Advocacy, Nepal (Foro Nacional para la Defensa o NAFAN, por sus siglas en inglés) apoya a más de 100 grupos forestales de Chepang en la Municipalidad Rural de Raksirang proporcionando plántulas a comunidades locales para la generación de ingresos y capacitaciones en manejo forestal y estableciendo plantaciones de especies indígenas mixtas y agrosilvicultura.

La agrosilvicultura ofrece un hábitat a especies que pueden tolerar un cierto nivel de perturbación y permite reducir los niveles de conversión del hábitat natural, proporcionando una alternativa más productiva y sostenible ante los sistemas agrícolas intensivos. Ofrece conectividad creando corredores entre los hábitats, conserva la biodiversidad y proporciona otros servicios derivados del ecosistema, como el control de la erosión y la recarga hídrica. A pesar de que los Chepang han desarrollado la agricultura solo durante algunas décadas, sus prácticas agrícolas complementan su conocimiento tradicional y funcionan conjuntamente para mantener sus medios de subsistencia y preservar la biodiversidad de la zona.

A pesar del arduo trabajo, muchas familias Chepang aún no tienen suficientes alimentos para todo el año. Las amenazas a su forma de vida, tal como la falta de derechos de tierras legalmente reconocidos, también les impide proteger los bosques y la biodiversidad. Para apoyar a las comunidades Chepang y mejorar el rol vital que desempeñan en la preservación de los bosques, se debería otorgar mayor capacidad a los grupos forestales a través del financiamiento y la capacitación para fortalecer a estas organizaciones y que puedan ser capaces de resolver los problemas que enfrentan.

[1] Manandhar, N.P. 1997. Role of ethnobotany in the context of Nepal. Trabajo presentado en taller “Aplicación de etnobotánica al desarrollo comunitario”. Del 6 al 13 de enero de 1997, Sauraha, Chitwan, Nepal.

[2] Los estudios incluyen las siguientes referencias: Bhattarai, B. (2018). Shifting power from state to community control in forestry; an ethnographic study. Participation a Nepalese journal of participatory development. Kathmandu: Nepal Participatory Action Network; Flores, S., Evans, K., Larson, A. M., Pikotle, A., & Marchena, R. (2016). Participation of rural indigenous women in community governance. Bogor, Indonesia: Center for International Forestry Research (CIFOR); Pokharel, B.K., Carter, J., Parajuli, R.R., Byrne, S., & Gurung, B.D. (s.f). Community forestry in Nepal as a means of empowering people living in poverty: An assessment of its social, economic and environmental sustainability. Disponible en: https://www.eda.admin.ch/dam/countries/countries-content/nepal/en/resource_en_206126.pdf


Compensación forestal para viajes aéreos: la nueva frontera de soluciones basadas en la naturaleza

Por Souparna Lahiri, GFC, India

La industria de la aviación, transporte oficial del COVID-19, aún está probando suerte en el mercado de compensación de carbono. Esta maniobra está orientada a restituir la confianza en las compensaciones como estrategias de mitigación de emisiones, reviviendo los bajos precios del carbono y evitando negociaciones controversiales y irresolutas del mercado de carbono en el ámbito del artículo 6 del Acuerdo de París. Las compensaciones de carbono rápidamente se han convertido en una de las “soluciones basadas en la naturaleza” favoritas para el cambio climático, la cual está siendo promovida por sectores altamente contaminantes que no tienen la voluntad de reducir sus emisiones fuente.

La respuesta de la industria de la aviación ante la crisis climática está encabezada por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y el esquema CORSIA, el cual comienza su fase piloto de dos años en el 2021. El Órgano de Asesoría Técnica de la OACI (TAB, por sus siglas en inglés) [1] fue establecido para evaluar los programas de compensación de carbono que CORSIA podría utilizar en contra de los ocho Criterios de elegibilidad de la unidad de emisiones (EUCs) [2]. Las recomendaciones del Órgano de Asesoría Técnica indican que los principales 14 programas de compensación [3], incluyendo el Registro de Carbono Estadounidense, el Mecanismo de Desarrollo Limpio (CDM, por sus siglas en inglés) y el Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques del Banco Mundial, no cumplen siquiera con los requerimientos básicos. Asegurar que los proyectos de compensación realmente produzcan beneficios tangibles, almacenar carbono de manera “permanente” (lo cual es casi imposible de asegurar) y no realizar prácticas dañinas son algunos de estos requerimientos.

No obstante, en una movida por operacionalizar CORSIA, el Órgano de Asesoría Técnica (que incluye representantes de Brasil, China, India y la vicepresidencia de las negociaciones del artículo 6 del Acuerdo de París) seleccionó al Registro de Carbono Estadounidense, el Programa de Reducción de Emisiones Voluntarias de GHG de China, el CDM, la Reserva de Acción Climática, Gold Standard y Verified Carbon Standard para la aprobación provisional de la fase piloto de CORSIA.

Estos programas de compensación fueron seleccionados porque habían mostrado un “progreso sustancial” hacia el abordaje de ciertos defectos o que habían permitido “mostrar voluntad de desarrollar medidas para asegurar consistencia con el EUCs” [4]. Básicamente se admite que todos estos programas no cumplen con los criterios de elegibilidad de CORSIA y cuestiona la integridad de todo el esquema.

Antes de la pandemia, la industria mundial de la aviación era responsable por el 12% de las emisiones [5] de carbono de todas las fuentes de transporte y era el sector con el crecimiento de emisiones más fuerte. En lugar de alinear a la industria con el objetivo del Acuerdo de París de limitar que la temperatura global llegue a 1,5°C, la OACI escogió el peligroso camino de compensar sus emisiones crecientes. El impacto que el COVID-19 ha tenido en el sector de la aviación debe ser tomado como una oportunidad para tratar el problema de las emisiones de manera genuina, por medio de la seria reducción de vuelos y la inversión en opciones de transporte más limpias y asequibles.

Sin embargo, los responsables de transportar el COVID-19 ahora reciben ofertas de miles de millones de dólares en paquetes de rescate financiero con la esperanza de poder volver a operar con normalidad después de la pandemia. En Estados Unidos, el rescate alcanzó los 67 mil millones de dólares [6] y la Unión Europea está ofreciendo 26 mil millones de euros [7] a las aerolíneas. En respuesta, más de 250 organizaciones de 25 países han exigido a los gobiernos que se resistan a otorgar auxilios financieros injustos para la industria, [8] especialmente cuando estos no incluyen condiciones estrictas que obligan a las aerolíneas a comprometerse a implementar reducciones de emisiones reales. Introducir compensaciones de carbono para el sector aviación como una solución basada en la naturaleza debilitaría seriamente las posibilidades de lograr una reducción.

[1] https://www.icao.int/environmental-protection/Pages/A39_CORSIA_FAQ2.aspx
[2] https://www.icao.int/environmental-protection/CORSIA/Documents/ICAO_Document_09.pdf
[3] https://www.icao.int/environmental-protection/CORSIA/Pages/TAB2019.aspx
[4] http://sdg.iisd.org/news/icao-identifies-six-eligible-carbon-offsetting-programmes-for-aviation-industry/
[5] https://www.atag.org/facts-figures.html
[6] https://redd-monitor.org/2020/04/16/coronavirus-notes-3-the-us-bailout-of-its-airline-companies-is-insane/
[7] https://carbonmarketwatch.org/2020/04/30/airline-bailouts-set-to-double-to-e26bn-as-countries-fail-to-impose-binding-green-conditions/
[8] https://globalforestcoalition.org/red-lines-for-aviation-bailouts/


Soluciones dirigidas por mujeres ante la degradación forestal en Ghana

By The Development Institute, Ghana

Granja orgánica de la Asociación de Mujeres Kpoeta. The Development Institute

El Instituto de Desarrollo (The Development Institute o TDI, en inglés), grupo miembro de la Coalición Mundial por los Bosques, ha venido trabajando con grupos de derechos de la mujer en el Weto Range del bosque alto guineano de África occidental, unas formaciones montañosas y colinas al este de Ghana, a través del programa Mujer2030.

Un aspecto fundamental del trabajo es valorar el papel de las mujeres en la conservación de los bosques, así como mejorarlo por medio del liderazgo, empoderamiento, educación y socialización y proteger las formas de vida enraizadas en las prácticas agrícolas sostenibles.

El año pasado, la Asociación de Mujeres de Kpoeta recibió apoyo para desarrollar un vivero con árboles nativos, el cual está produciendo un suministro estable de plántulas que son utilizadas por mujeres de la comunidad para restituir los bosques degradados y sembrar en sus granjas de cacao. Las mujeres comparten la responsabilidad del vivero, gestionado junto a una granja orgánica que produce alimentos y genera ingresos para sus familias. Muestran con orgullo que no utilizan ningún tipo de fertilizantes o pesticidas sintéticos y han creado una plataforma de socialización de habilidades y aprendizaje transversal dentro de la comunidad para aprender las mejores prácticas en agricultura orgánica y la conservación comunitaria, así como a trabajar en el ámbito de la equidad de género. Recientemente, la granja fue expandida con ayuda del TDI para crear oportunidades de sustento para más mujeres. Hoy sirve de apoyo a 30 hogares proporcionado ingresos adicionales y alimentos saludables.

Además de la protección de la biodiversidad y la generación de ingresos, la Asociación de Mujeres de Kpoeta ha estado construyendo capacidad de liderazgo femenino, de manera particular en lo que se refiere a gobernanza de recursos naturales. Una de las experiencias que les ha permitido lograr esto es a través la radio comunitaria, conduciendo programas radiales sobre empoderamiento de las mujeres y asuntos ambientales, lo que ha permitido que se conviertan en una voz respetada en la comunidad. Ahora las mujeres de la asociación tienen la confianza para expresarse en las reuniones comunitarias y dirigirse a actores con poder de decisión para que aboguen por sus necesidades y derechos.

Asimismo, la asociación ha facilitado intercambios de conocimiento y habilidades entre otros grupos de derechos de la mujer en la región, como la Asociación de Desarrollo de las Mujeres de Elike y Mujeres para el Cambio Tosukpo. La construcción de capacidad mutua entre grupos de mujeres en la restitución de los bosques, la agricultura orgánica y las formas de sustento sostenibles son aspectos claves en su lucha para la equidad de género.

El TDI y la Asociación de Mujeres de Kpoeta también realizaron una durbar (reunión) comunitaria que contó con la presencia de 500 habitantes de la comunidad, quienes recibieron educación sobre la prevención de incendios incontrolados, una gran amenaza a las formas de sustento, salud comunitaria y conservación forestal. Por medio de la durbar, toda la comunidad compartió conocimientos sobre los efectos dañinos de los incendios forestales, los cuales afectan a cientos de personas anualmente, así como las formas de prevención y combate cuando estos se salen de control.

Las mujeres de Kpoeta están restituyendo de manera exitosa los bosques, protegiéndolos de los incendios forestales, al tiempo que alimentan a sus familias y producen ingresos por su trabajo en la tierra. Cada uno fortalece al otro. Este esquema es posible gracias a la auto organización y a pesar de los retos, como los bajos niveles de representación política y alfabetismo. Con el apoyo adecuado, se podría incrementar estos esfuerzos para que tengan un impacto positivo mayor tanto en los bosques de Ghana como las comunidades que viven en dichas áreas y en sus alrededores.


Equipo Editorial: Coraina de la Plaza, Isis Alvarez, Jeanette Sequeira, Oliver Munnion, Simone Lovera y Souparna Lahiri

Editores: Oliver Munnion y Megan Morrissey

Traductor: Megan Morrissey

Diseño gráfico: Oliver Munnion

Esta edición de Cobertura Forestal fue posible gracias al apoyo de EU-DEVCO, la Sociedad Sueca para la Conservación de la Naturaleza, Misereor y Patagonia. Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores no son necesariamente las opiniones de los donantes.

22 may, 2020
Posted in Forest Cover, recursos y publicaciones, Supporting Community Conservation, Women’s rights and empowerment, Forests, trees and climate change