Por Simone Lovera. Publicado originalmente en www.boell.de
Unas pocas semanas después del fracaso de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en Egipto, los estados miembros de la ONU se reunirán nuevamente en ocasión de la Conferencia sobre la Biodiversidad, del 7 al 19 de diciembre, en Montreal. Sin embargo, en la víspera de esta 15º Conferencia de las Partes en el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD COP15), que tiene por objetivo plasmar un nuevo marco orientador para la conservación de la biodiversidad a nivel mundial, ya hay señales de malos augurios. A pesar de que existen algunos puntos positivos, incluyendo un potencial reconocimiento de la necesidad de abordar el financiamiento de las industrias dañinas por parte de los gobiernos y la incorporación de un enfoque basado en los derechos para la conservación de la biodiversidad, hay fuertes preocupaciones de que las negociaciones nuevamente sean frustradas por el lobby poderoso de las corporaciones y por la reticencia de muchos estados a comprometerse a tomar los pasos necesarios para asegurar el futuro de la vida en el planeta.
No debemos subestimar la importancia de la COP15. Nuestro planeta está en crisis, con más de un millón de especies en peligro de extinción. Si no tomamos acción efectiva para abordar las causas fundamentales de la pérdida de la biodiversidad, el declive puede acelerarse, lo que impactará nuestra calidad de vida, bienestar y la continuación de la vida misma. Estas causas subyacentes incluyen, sobre todo, la constante expansión de la conversión de ecosistemas y sobreexplotación de los recursos naturales para alimentar un modelo de negocios patriarcal, neocolonialista e impulsado por las empresas. Este modelo, basado en el crecimiento constante del consumo y la producción, a menudo cuenta con el apoyo de subsidios generosos de los gobiernos.
La COP15 originalmente había sido planeada como una gran cumbre en Kunming, China, a finales de 2020, pero los anfitriones tuvieron que postergar la convocatoria cuatro veces debido al Covid-19, antes de tomar la decisión de reprogramar el encuentro para este diciembre en Montreal, Canadá. Entretanto, China ya había celebrado su propia cumbre sobre la diversidad biológica en octubre de 2021, evento que contó con la participación del presidente chino Xi Jinping, así como de miles de funcionarios y partes interesadas de ese país, con pocos invitados internacionales. Para empeorar el panorama, la reunión de este mes ha sido degradada de categoría y ahora es clasificada como una conferencia ordinaria ya que el anfitrión, el presidente Xi, decidió no asistir y por ende no invitar a otros jefes de Estado.
Sin embargo, el verdadero mal augurio para la COP15 está relacionado al resultado que se supone tiene que dar: un nuevo plan estratégico que consiste en un Marco Mundial para la Diversidad Biológica para alinear la humanidad con la visión de “vivir en armonía con la naturaleza” para 2050. Este marco ha sido considerado como el Acuerdo de París de la biodiversidad, un nuevo compromiso político que generará acción política y apoyo financiero durante muchos años. Pero a solo 14 días del inicio de la conferencia, y con profundos desacuerdos entre las partes, existe el temor de que, en vez de ser el París de la biodiversidad, la COP15 se convierta en un desastre diplomático parecido a la COP de Copenhague en 2009. Lo que suceda en Montreal este diciembre tendrá fuertes implicaciones para todo el mundo.