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REDD+ y el Fondo Verde para el Clima: Se confirman los peores miedos

20 Feb, 2019
Posted in Blog,

Por Simone Lovera-Bilderbeek, Directora, Coalición Mundial por los Bosques, Paraguay/Países Bajos

Foto: “Repoblación forestal” en Bahía en Brasil. El 29 de enero de 2019, la activista ambiental Rosane Santiago Silveira fue brutalmente asesinada al intentar detener la invasión de estas plantaciones de árboles en las tierras de su comunidad. Foto por Simone Lovera-Bilderbeek.

La próxima reunión de la Junta Directiva del Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés), a realizarse en Songdo, Corea del Sur, del 26 al 28 de febrero, será una reunión histórica para la política forestal internacional. Por primera vez, este fondo multimillonario considerará una propuesta de proyecto para la Reducción de Emisiones de la Deforestación y Degradación de los Bosques, o aumentar las reservas forestales de carbono (conocida como REDD+). REDD+ es, en esencia, un programa mundial para compensar a los países por los esfuerzos realizados en materia de conservación forestal, por lo tanto, a primera vista pareciera un avance lograr apoyo financiero para esta iniciativa por parte del fondo ambiental más grande.

Sin embargo, muchos movimientos sociales y ONG no están de acuerdo. De hecho, rara vez una política ambiental internacional ha desatado tanta controversia. A pesar de que el Banco Mundial, agencias de la ONU y muchas organizaciones conservacionistas han elogiado al programa REDD+, catalogándolo como una solución beneficiosa para todos ante el cambio climático y la deforestación, en reuniones masivas de movimientos sociales y ONG, como la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, realizada en Cochabamba en 2010, o la Cumbre de los Pueblos, encuentro paralelo a la Cumbre Río+20 en 2012, se ha rechazado firmemente esta propuesta. En ese sentido, ¿por qué REDD+ es tan controversial? ¿Y por qué ha logrado tanto apoyo de instituciones y gobiernos poderosos?

Un libro publicado a principios de mes titulado Agents, Assumptions and Motivations behind REDD+ (Agentes, suposiciones y motivaciones detrás de REDD+)[1] aborda algunos de estos temas. En este trabajo se describe cómo la idea original de pagar por el llamado “servicio ambiental” de secuestro de carbón fue desarrollada en la Columbia Business School en Nueva York. Posteriormente, se estableció una destacada coalición de países, conocida como la Coalición de Naciones con Bosques Lluviosos, liderada por Kevin Conrad, ex estudiante de la Universidad de Columbia. A través de contactos personales, Conrad logró un mandato para representar formalmente al gobierno de Papúa Nueva Guinea (la Secretaría de la coalición estaba radicada en Nueva York). Para este país, REDD+ era una forma atractiva de recibir financiamiento por el “esfuerzo” en no destruir los bosques. Otras de las naciones que acogió REDD+ es Costa Rica, que necesitó recursos para financiar el costoso esquema nacional de pago a terratenientes por el “servicio” de no destruir los bosques; y Noruega, que buscó contribuir positivamente en la mitigación del cambio climático sin comprometer sus intereses de combustibles fósiles. Este último país invirtió cerca de 3 mil millones de dólares en apoyo REDD+ en más de 40 países e instituciones influyentes, como el Banco Mundial, la FAO, el PNUD, grupos conservacionistas importantes y centros de investigación forestal, lo que permitió comprar el apoyo de estos actores para el programa. Después de ocho años de negociaciones tensas, fue el propio Conrad, para entonces represente del gobierno de Panamá, quien se aseguró de que se incluyera el programa REDD+ en el texto del Acuerdo de París de 2015.

¿Por qué resultó problemático? El primer proyecto REDD+ presentado por el gobierno de Brasil al Fondo Verde para el Clima ilustra claramente esta tensión. Una de las principales preocupaciones, por ejemplo, siempre ha sido la desigualdad de REDD+ porque es un esquema vertical sumamente complicado; los pueblos indígenas, comunidades locales y mujeres que realizan el trabajo real de conservación y reforestación de bosques sobre el terreno pocas veces pueden acceder al apoyo de REDD+ por si mismos. Por el contrario, se genera una dependencia en los intermediarios que tienden a retener la mayoría del financiamiento. Peor aún, muchas veces ni siquiera se reconocen los derechos de gobernanza de estos grupos forestales. La intención del nuevo gobierno de Brasil de desmantelar las reservas indígenas y tildar de “terroristas” a las mujeres y hombres que tratan de defender sus tierras y derechos ambientales causa preocupación.

 

Asimismo, la efectividad de REDD+ ha sido cuestionada porque no hay forma de garantizar la conservación de los bosques de manera permanente. El proyecto brasileño lo demuestra claramente, al haber solicitado financiamiento REDD+ para esfuerzos de conservación en 2014 y 2015, pero el nuevo gobierno ha declarado abiertamente su intención de flexibilizar la legislación y permitir más deforestación legal en el Amazonas de Brasil. Esto significa que el Fondo Verde para el Clima estaría pagando por bosques preservados hasta el 2015, pero que en realidad serán quemados mientras se realizan los pagos.

REDD+ también se ve comprometido por el fenómeno de “fuga”, eufemismo que explica que la deforestación simplemente cambia de un lugar a otro si no se toman medidas para subsanar los causantes subyacentes de la pérdida forestal: consumo exacerbado de carne, soja, madera y aceite de palma. Esto también ha ocurrido en Brasil, donde parte de la deforestación del Amazonas ha sido trasladada a otros valiosos biomas como el Cerrado brasileño y el Chaco paraguayo, región esta última que actualmente tiene uno de los índices más altos de deforestación del planeta.

Se ha sugerido que se puede atacar dicha fuga por medio de la participación universal en el esquema REDD+. Sin embargo, compensar a terratenientes del mundo por no producir cultivos rentables, como soja, es excesivamente costoso.

Quizás la mayor preocupación es que el régimen REDD+ asuma que los bosques solo deben ser conservados si se paga por dicha preservación. Eso es éticamente cuestionable, pero también causa un problema práctico porque el régimen REDD+ no ha podido identificar qué actor, de hecho, debería pagar por la conservación forestal. El Fondo Verde para el Clima podría asumir los costos, pero debe entender que la propuesta brasileña establece explícitamente que los resultados serán “revertidos” sin pagos continuos. Esto significa que el fondo debería estar preparado para establecer un compromiso financiero semestral indefinido de 96 millones de dólares con el gobierno brasilero para que mantenga sus bosques en pie. Por otra parte, cada dólar gastado en compensaciones a Brasil por la conservación de bosques en 2014 y 2015, que en realidad serán quemados en 2019 y 2020, son recursos destinados en vano, no en soluciones reales como es el caso de la energía solar o en construir resiliencia ante el cambio climático de los países, desencadenada -entre otros aspectos- por los 164.997 km2 de bosques amazónicos que el gobierno brasileño permitió fuesen destruidos entre 1994 y 2002, según su propia propuesta REDD+ del fondo. El hecho de que ahora reclame recompensas REDD+ por haber reducido escasamente las rampantes pérdidas forestales, mientras sigue siendo uno de los pocos países que aún permite que continúe la deforestación, es un acto de cinismo ante las más de 100 naciones que ya han logrado detener la conversión de los bosques, de acuerdo con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 15.2, abordando los factores que impulsan la pérdida de bosques y respetar los derechos de gobernanza forestal de los pueblos indígenas, las comunidades locales y las mujeres. Como concluye el mencionado libro, no existe ninguna relación estadística entre la conservación forestal y la financiación de los bosques, por el contrario, hay evidencias claras de la relación positiva que existe entre la conservación forestal y el respeto de los derechos de gobernanza forestales. Es ahí donde se deben enfocar los esfuerzos.

[1] https://globalforestcoalition.org/agents-assumptions-and-motivations-behind-redd/