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El fantasma de la ópera COP21: bioenergía con captura y almacenamiento de carbono

Ayer fui a una conferencia en la cumbre COP21 que trataba sobre qué tan realista es la consecución del objetivo de 1.5 grados en el marco del acuerdo climático de París, a diferencia de la meta de 2 grados que fue propuesto inicialmente. Al final de la sesión informativa, hablé con el científico del clima que había estado delineando el caso de que los 1.5 grados son alcanzables, y le entregué una copia de nuestro nuevo informe, que cuestiona todos los supuestos subyacentes de Bioenergía con Captura y Almacenamiento de Carbono (BECCS).

Él me miró y dijo: “Te das cuenta de que los 1.5 grados no funcionarán sin BECCS, verdad?”

A lo cual le respondí: “Si, pero BECCS tampoco funcionará.”

“Sin BECCS, es imposible.” Él replicó nuevamente.

Aquí estaba un científico del clima muy respetado, muy publicado, y socialmente consciente, participando en una reunión de una ONG, y abogando por la puesta en marcha de la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono a una escala sin precedentes. A pesar de que en realidad no lo dijo, esta corta pero extraña conversación destaca nítidamente el punto crucial del problema con cualquier objetivo de reducción de emisiones que vaya a salir de París. El logro de estos objetivos se basa en una tecnología fantasma, que no se puede ampliar, y que tiene las mismas probabilidades de salvar al planeta del caos climático, como que lleguen a la Tierra milagrosos extraterrestres que absorban el carbono.

La mayor parte de los escenarios del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) que limitan el incremento de la temperatura global a 2 grados, incluyen alguna forma de “emisiones negativas”. Se trata de una idea de que el carbono puede ser aspirado fuera de la atmósfera y almacenado en una forma sólida, no en la atmósfera. Exactamente igual que como lo hace un árbol. Pero de acuerdo con el IPCC, la tecnología más adecuada que será capaz de hacer esto es BECCS, en donde se captura el carbono de la infraestructura de bioenergía, como las centrales energéticas de biomasa o las refinerías de biocombustible, y se bombea bajo tierra.

Esto es realmente importante – significa que el IPCC y la mayoría de sus modelos no creen que es posible limitar el incremento de la temperatura global a 2 grados solamente por medio de la reducción de emisiones (logrado a través de, por ejemplo, almacenar los combustibles fósiles en la tierra y detener la deforestación), y sin una tecnología que, para todos los intentos y propuestas, no existe todavía. Y es por esta razón que el acuerdo climático de París utilizará el lenguaje de la «reducción de emisiones netas», en lugar de simplemente «reducción de emisiones».

El debate sobre los 1.5, 2 o 3 grados es simplemente acerca de la semántica, si por debajo de todos estos objetivos está la creencia de que los gobiernos y la industria pueden continuar contaminando, porque las tecnologías de emisiones negativas permitirán que se compense este tipo de contaminación. También es semántico porque nadie sabe a ciencia cierta qué tan sensible es el clima en realidad a los gases de efecto invernadero. La única posibilidad de evitar el calentamiento de 1.5 grados sería que la sensibilidad climática esté en el extremo más bajo de lo que sugieren los modelos. Lo cual es algo que difícilmente puede ser negociado en París.

Los niveles peligrosamente altos de CO2 en la atmósfera requieren que nosotros trabajemos en pro de respuestas significativas y aplicables. Y estas sí existen – manteniendo los combustibles fósiles bajo la tierra, poniendo fin a la destrucción de los ecosistemas y de los suelos, y enfrentando las emisiones desde la agricultura, son formas reales y comprobadas de poner fin a las emisiones de gases de efecto invernadero. Y nosotros realmente necesitamos encontrar formas comprobadas de eliminar las emisiones pasadas de la atmósfera. Sustituir la agricultura industrial con la agroecología, y permitir que los ecosistemas degradados y destruidos se regeneren o ayudarlos a recuperarse, son formas comprobadas de hacerlo. Pero proponer “soluciones” de ciencia ficción como BECCS a la crisis climática es totalmente irresponsable.

La organización Biofuelwatch acaba de publicar el primer estudio crítico y profundo sobre BECCS. El informe examina las diferentes tecnologías propuestas por BECCS, y el papel del IPCC en este debate. Hasta el momento, sólo se ha intentado llevar a cabo proyectos muy pequeños de BECCS, y todos implican la captura de un poco de CO2 de la refinación de etanol. Sin embargo, las emisiones de carbono de los combustibles fósiles quemados para alimentar las refinerías son mayores que la cantidad de carbono capturado, y ni siquiera las empresas involucradas dicen que estos proyectos son de carbono-negativo. En relación con la captura de carbono de las centrales de energía, el informe también examina cuidadosamente la experiencia con proyectos a carbón de Captura y Almacenamiento de Carbono (CCS). Este examina en detalle la viabilidad técnica y económica de las tecnologías involucradas, la credibilidad de la idea de que BECCS a gran escala podría ser de carbono-negativo, la evidencia con respecto a la veracidad del almacenamiento de carbono, y los impactos de los gases de efecto invernadero al combinar Captura y Almacenamiento de Carbono con la Recuperación Mejorada del Petróleo.

El informe se puede descargar aquí, y para mayor información sobre el tema de BECCS en el contexto de las negociaciones sobre el clima en París, por favor lea este artículo del co-Director de Biofuelwatch Almuth Ernsting.

8 dic, 2015
Posted in Blog, Forests, trees and climate change