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Las cumbres de los Destructores en Jefe: Debemos resistir la toma de control empresarial de la agenda de la ONU sobre alimentos, biodiversidad y clima

climate crime scene

por Simone Lovera

Estados Unidos está de vuelta. Regresa al Acuerdo de París y retoma su papel de fiel promotor de los intereses de las industrias destructivas y sus aliados a nivel global, bajo la fachada del ambientalismo. Durante el Día de la Tierra, conmemoración utilizada por corporaciones de manera cada vez más oportunista, el presidente Joe Biden realizará una «Cumbre de líderes sobre el clima». Pero, ¿quiénes son estos «líderes»? La cuestionable definición del gobierno estadounidense queda en evidencia con una iniciativa clave que será anunciada en la cumbre: un acuerdo bilateral entre Biden y el presidente brasileño Jair Bolsonaro. El acuerdo incluiría un apoyo financiero significativo por los «esfuerzos» de Brasil en la reducción de la deforestación ilegal.

Si existiera un premio para el presidente más destructivo del medio ambiente en la historia, Bolsonaro tendría buenas posibilidades de ganar. En solo dos años, ha logrado aumentar las tasas de deforestación en Brasil un 47%, lo que desencadenó la destrucción de 11.088 km2 de bosques brasileños solo en 2020, principalmente al permitir e incluso incentivar a sus amigos y aliados del sector ganadero industrial y otras industrias a talar indiscriminadamente los bosques. Por supuesto, Bolsonaro y su gobierno son los responsables de decidir qué deforestación es legal o ilegal, sin importar el acuerdo al que llegaron los Jefes de Estado en 2015, en el marco de la agenda para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para que toda deforestación fuese detenida y, por lo tanto, declarada ilegal para 2020.

No es de extrañar, entonces, que los pueblos indígenas brasileños, organizaciones de la sociedad civil, grupos feministas y movimientos sociales se muestren cínicos sobre el acuerdo propuesto entre Estados Unidos y Brasil. En una carta ampliamente respaldada publicada el 6 de abril, estos actores denunciaron el acuerdo propuesto, alegando que es inaceptable brindar apoyo financiero a un «líder» que no solo está destruyendo a su propio país, sino que también ha sido demandado por los pueblos indígenas de Brasil ante la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad.

Bolsonaro no es el único aliado de las industrias destructivas que Estados Unidos promociona como «líder ambiental». El gobierno de Biden ha demostrado su compromiso de proteger la política climática como de costumbre, mediante la promoción activa de mecanismos de compensación de carbono que permitirían a algunas de las industrias más sucias del país comprar compensaciones de carbono baratas por sus emisiones bajo el término eufemístico «soluciones basadas en la naturaleza». Estas «soluciones» a menudo se reducen a la plantación destructiva de monocultivos de árboles, lo cual que ha sido adoptado por empresas como Shell y Texaco para beneficiarse de las ventas de celulosa o bioenergía mientras pretenden «plantar árboles» para los clientes que deseen lavar de verde sus emisiones de gasolina.

Estos mecanismos de compensación de carbono permitirían que algunas de las industrias más sucias ganen dinero vendiendo créditos de compensación basados en el uso de organismos genéticamente modificados (OGM) y herbicidas que evitan la labranza (eufemísticamente llamado secuestro de carbono del suelo o incluso “agricultura regenerativa”) o, por ejemplo, el uso de biogás producido por la ganadería intensiva. En estos espacios se olvidan convenientemente de las emisiones provocadas por la producción de materia prima de soja para la industria ganadera intensiva, causa importante de la deforestación en países como Brasil. También se olvidan de los impactos devastadores que producen a mujeres, pueblos indígenas y campesinos de la ganadería industrial y otras formas de agroindustria, asociados a problemas severos en la salud debido a los agroquímicos, la apropiación de tierras y despoblación rural.

Otro «líder» que sin duda aparecerá en la Cumbre de Líderes de Biden es Bill Gates, un apasionado promotor de los transgénicos y otras soluciones tecnológicas para abordar los impactos de la agroindustria en el clima. A través de una serie de inversiones estratégicas en diferentes instituciones de la ONU y procesos respaldados por este organismo, el ex CEO de Microsoft y su fundación se ha posicionado como el principal benefactor y, por lo tanto, pieza influyente de una amplia variedad de procesos globales entrelazados. La Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de las Naciones Unidas es probablemente el más controversial de estos procesos. La idea de la cumbre surgió del Foro Económico Mundial, dominado por las empresas, y su agenda pro-empresarial recibió un rostro humano con el nombramiento de Agnes Kalibata, la presidenta de la Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA), como enviada especial para la conferencia. AGRA es una iniciativa respaldada por la Fundación Gates para promover los OGM, la digitalización y otras soluciones tecnológicas para los desafíos agrícolas en África. El propio Gates ha invertido considerablemente en empresas, como Monsanto / Bayer, que pueden beneficiarse de estas «soluciones basadas en la naturaleza».

Con la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de la ONU prevista para septiembre de 2021, la Conferencia de las Partes al Convenio sobre la Biodiversidad prevista para octubre de 2021 y la Conferencia de las Partes del Convenio sobre el Clima (que incluiría una discusión sobre los resultados del Programa de Trabajo de Koronivia sobre agricultura y negociaciones cruciales sobre mercados de carbono) en noviembre de 2021, ya se ha sentado las bases para que una agenda dominada por las empresas impulse las «soluciones basadas en la naturaleza», favorables a las corporaciones, entre los «líderes» reunidos en estas cumbres de la ONU. Los ganadores en este esquema serían los Destructores en Jefe como Bolsonaro y Gates, quienes esperan obtener ganancias a expensas de algunos de los bosques más preciosos del planeta.

Afortunadamente, movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil se están movilizando para combatir esta agenda empresarial. El Mecanismo de la Sociedad Civil ante el Comité de Seguridad Alimentaria ha rechazado formalmente a la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de la ONU, catalogándolo como un espectáculo dominado por empresas y está organizando una serie de iniciativas para contrarrestar estas iniciativas viciadas y denunciar la toma de control empresarial de la política alimentaria de la ONU. Igualmente, la CBD Alliance se está movilizando para objetar las “soluciones basadas en la naturaleza” y otras estafas corporativas en la Cumbre de Biodiversidad. Asimismo, un grupo cada vez mayor de ONG, movimientos sociales y académicos involucrados en la Cumbre sobre el Clima están alertando sobre los riesgos de los mercados defectuosos de compensación de carbono y los llamados «enfoques netos cero». Se espera que una mayor colaboración entre estos diferentes actores pueda constituir un frente lo suficientemente fuerte como para resistir la toma de control empresarial de la agenda de la ONU sobre los alimentos, la biodiversidad y el clima.

22 abr, 2021
Posted in Blog, Unsustainable Livestock Production, Forests, trees and climate change