Editorial: Impactos de la bioenergía en mujeres y selvas de África Occidental
Por Juana Vera Delgado (GFC, Perú) y Kwami Kpondzo (GFC y Amigos de la Tierra, Togo)
En esta edición de Cobertura Forestal exploramos desde una perspectiva de género el amplio espectro de los desarrollos y usos de la bioenergía en África Occidental. Cubrimos desde las instancias a gran escala, las cuales requieren enormes extensiones de tierras para producir materia prima, hasta hogares extendidos y milenarios a escala comunitaria, donde la madera es recolectada principalmente por mujeres para suplir las necesidades energéticas domésticas. La bioenergía es un término amplio y se refiere a cualquier fuente energética que explota la energía solar almacenada en toda materia biológica. Normalmente, está divida en dos categorías amplias: bioenergía tradicional y moderna. Los artículos contenidos en esta edición reflejan dicha amplitud, ya que incluyen información sobre el uso de biomasa forestal tradicional, estaciones eléctricas de biomasa para generación de electricidad en las que se quema madera (de árboles de eucalipto y caucho), estaciones eléctricas de biocombustible en la que se quema etanol derivado de cultivos de alimentos como yuca y biogas producido por medio de fermentación de residuos agrícolas. Todas estas experiencias operan a diferentes escalas y tienen impactos variados, pero pertenecen a la amplia categoría de bioenergía. Los artículos presentados en este número derivan de experiencias in situ en seis países de África Occidental y presentan una perspectiva crítica sobre el subsidio internacional que reciben los desarrollos bioenergéticos en la región. De manera muy importante, se enfatizan los diferentes impactos desde la perspectiva de género, una dimensión poco representada en el debate sobre bioenergía. La bioenergía ha sido la huella terrestre de cualquier forma de generación energética y frecuentemente es uno de los principales promotores de la apropiación de tierras, lo que produce conflictos en comunidades y abusos contra los derechos humanos, así como impactos en los bosques, la biodiversidad y las fuentes de aguas frescas. La disminución de la soberanía alimentaria también está fuertemente asociada a la generación de bioenergía moderna. Al otro extremo de la escala, los arraigados roles de género obligan a mujeres y niñas a buscar y acumular fuentes tradicionales de bioenergía, lo que suma actividades al ya sobrecargado peso laboral de las mujeres, especialmente en comunidades donde su trabajo es subvalorado y no remunerado (recolección de madera y agua, cocina, cuidado de niños, niñas, personas mayores, entre otras tareas).Bioenergía: cualquier fuente energética que explote la energía solar almacenada en materia biológica. Biomasa moderna: materia orgánica en la cual se quema madera u otros cultivos energéticos en centrales eléctricas para producir calor y/o electricidad. Biomasa tradicional: leña, carbón vegetal o residuos agrícolas utilizados en estufas para cocinar y calentar. Biocombustibles: combustibles líquidos derivados de la biomasa que pueden ser utilizados para transporte o calefacción. Bioetanol: producido como combustible para vehículos a partir de cultivos como la yuca, el sorgo y la caña de azúcar. Biodiesel: biocombustible producido a partir de semillas de palma, jatropha, colza, girasol y soja. Biogas: digestión anaeróbica de materia orgánica para producir gas para cocina, calefacción y luz.Otro aspecto importante sobre la bioenergía en África Occidental y, ciertamente, en el mundo, es la forma como estos desarrollos están estrechamente relacionados con el "manejo forestal sustentable", actualmente un eufemismo para las plantaciones industriales de árboles. Con la pérdida cada vez mayor de bosques valiosos en la región producto de la extracción de madera, leña, producción de carbón vegetal, así como limpieza para cultivos, incluyendo plantaciones para la producción de aceite de palma y cosecha de caña de azúcar, la industria de plantación de árboles se vale de esta oportunidad para presentar a los monocultivos como la alternativa "sustentable". Los proyectos de cocinas limpias están siendo vinculados cada vez más a plantaciones de árboles comerciales que producen "carbón vegetal limpio" y, como muestra el ejemplo en Gana, los árboles de eucalipto están siendo sembrados a gran escala simplemente para alimentar las estaciones de las centrales eléctricas. Una gestión forestal genuinamente sustentable debería ser liderada por la comunidad, construida con base a las prácticas y conocimientos tradicionales de las comunidades locales, así como enfocada en la protección y recuperación de bosques existentes, lo cual es esencialmente opuesto al modelo forestal comercial. Diariamente todos dependemos de alguna forma de energía, pero las mujeres tienen diferentes aspiraciones, necesidades y roles cuando se trata de acceso, producción, gestión y control de esa energía que utilizamos. Tal como se discute en los artículos publicados en este número, estas diferencias pueden empeorar las desigualdades y generar impactos para las mujeres, los cuales se incrementan significativamente a causa de la pobreza energética que sufre la mayoría de las comunidades de África Occidental. Los impactos diferenciados según el género incluyen la carga que las mujeres padecen debido a las largas jornadas de trabajo y esfuerzo físico por la recolección de leña, exacerbado por la deforestación y cosecha intensificada, así como consecuencias para la salud de mujeres, niños y niñas debido principalmente a la exposición al humo en los hogares. El acceso y control de la tierra es otra huella clave que produce una diferencia significativa entre hombres y mujeres; estas últimas tienen menos voz con relación a lo que sucede en ese ámbito, a pesar de que con frecuencia son las principales productoras de comida. Esto resulta particularmente preocupante en los casos de compañías que compran tierras para explotar cultivos o contratar terratenientes vinculados a la producción de energía en lugar de alimentos. La generación de bioenergía y los impactos que ésta ocasiona no ocurren de manera aislada, sino que se rigen por innumerables políticas, muchas veces contradictorias. Cuando las políticas energéticas no son desarrolladas, planificadas e implementadas con perspectiva de género, ni tampoco se incluye este enfoque en la toma de decisiones, inevitablemente las mujeres se ven impactadas, de manera especial en zonas de bajos recursos donde la pobreza energética es una realidad diaria y donde las comunidades ya son marginalizadas. El hecho de que las mujeres son frecuentemente excluidas o se les impide participar en procesos de toma de decisiones y carecen de derechos legales y seguros en materia de propiedad de tierras significa que no se le da la importancia debida al tema de la promoción y valoración de derechos y necesidades cuando se toman las decisiones con respecto a sus vidas y medios de subsistencia. Por lo tanto, la planificación de todos los desarrollos energéticos deben ser realizados en consulta cercana con las comunidades, para garantizar que exista espacio para que las mujeres y otros sujetos de derechos participen y contribuyan con el proceso, que sus puntos de vista, aspiraciones y necesidades estén reflejados en los resultados. A pesar de que no hay una "solución única que se ajuste a todos" y que las alternativas a la bioenergía deberían ser cuidadosamente consideradas, según los contextos nacionales, locales y comunitarios, África Occidental sí tiene un enorme potencial para la generación de energía de fuentes verdaderamente renovables, especialmente la solar, lo cual puede desarrollarse a escala pequeña y comunitaria, para contribuir con el incremento de la soberanía y seguridad energética local, así como el desarrollo de perspectivas de género y justicia. El apoyo público y financiamiento internacional sería mucho mejor empleado en electrificación rural a través de energía solar e hidroeléctrica a baja escala, biogas para cocinar, calentar e iluminar. En cambio, se destinan grandes cantidades de recursos financieros a centrales eléctricas de biomasa, muchas veces para suministrar electricidad a la industria pesada en lugar de hacerlo a los hogares, así como a las centrales de biocombustible para producir combustible para vehículos, iniciativas que no ofrecen a las mujeres ni a las comunidades acceso a una energía más limpia y segura. La reasignación de los recursos económicos ya disponibles, con la implementación de políticas adecuadas y garantía de participación plena de los sujetos de derechos, puede contribuir de manera significativa a reducir la brecha financiera necesaria para dar a las comunidades acceso a energía limpia y verde. Puede parecer caro, pero el costo actual para la sociedad, en la cual las mujeres tienen que sacrificar su educación, ingresos y salud (y la de sus hijas e hijos), para proveer el sustento a sus familiares, es seguramente mucho mayor.
Planes africanos para la energía de biomasa
Por Wolfgang Kuhlmann, ARA, Alemania
La madera todavía proporciona aproximadamente la mitad de la energía primaria de África. En la mayoría de las zonas rurales existen apenas alternativas, y en las ciudades el carbón suele ser el combustible disponible más barato, lo cual lleva a niveles insostenibles de cosecha en los alrededores de áreas densamente pobladas. A medida que aumenta la demanda energética en África, se necesitan urgentemente más fuentes renovables. Dicha necesidad ha llevado a un conjunto de mecanismos financieros internacionales, tales como el Fondo para la Energía Sostenible en África (SEFA, por sus siglas en inglés), un controvertido [1] fondo de inversiones de múltiples donantes administrado por el Banco de Desarrollo Africano. Dinamarca, los Estados Unidos y Noruega han aportado 95 millones de dólares para apoyar el desarrollo de proyectos sobre energías renovables y eficiencia energética a pequeña y mediana escala en África. Inicialmente, patrocinaba conjuntamente el Fondo de Energía Renovable de África (AREF), un fondo de inversiones privado de 200 millones de dólares, el cual es administrado actualmente por Berkeley Energy. Esto no debe ser confundido con AREI, la Iniciativa de Energía Renovable de África, la cual fue fundada en 2015 y funciona bajo el mandato de la Unión Africana. La Comisión Europea y los donantes bilaterales han aportado 10 mil millones de dólares para lograr al menos 10 GV de capacidad de generación nueva y adicional para el 2020. Luego de un lento inicio, 128 proyectos [2] han sido adoptados por AREI hasta el momento, pero en general se carece de la información sobre su estatus. Aunque parece haber un enfoque en proyectos de energía solar, eólica y pequeños proyectos hidroeléctricos, la “biomasa moderna” [3] también se considera una opción viable. Desafortunadamente, los criterios [4] de AREI para el financiamiento de proyectos carece de distinción alguna de la materia prima que puede ser utilizada en esas centrales térmicas. En lugar de limitarse a los desechos o a verdaderos residuos agrícolas y agroindustriales, también se pueden incluir árboles completos o cultivos alimentarios. Ejemplos en Ghana (p. 5) y Nigeria (p. 11) ayudan a ilustrar los problemas que pueden surgir cuando se depende en esas materias primas para la producción de energía. [1] https://globalforestcoalition.org/sustainable-energy-for-all-initiative-energy-expansion-at-any-cost-%E2%88%92reflections-on-the-un-sustainable-energy-for-all-day-20th-june-2/ [2] http://www.arei.info/projects.php?langue=an&varc2=adopt [3] Aquí el término “biomasa moderna” se utiliza como un término técnico, en contraposición a la biomasa tradicional. [4] http://www.arei.org/wp-content/uploads/2018/09/Approved-AREI-Criteria.pdfPlantaciones de eucalipto en Ghana
Una parte remota de Ghana fue seleccionada por la compañía noruega African Plantations for Sustainable Development (APSD) para la siembra de árboles de eucalipto con el propósito único de ser quemados para la producción de electricidad. Desde 2009, la compañía pudo asegurarse el acceso a cerca de 42 mil hectáreas de tierra en la provincia de Brong Ahafo, en el lado occidental del lago Volta. Nueve mil hectáreas han sido ya sembradas y se necesitarán unas 22 mil hectáreas para garantizar un suministro anual de 600 mil toneladas métricas de troncos. Esta cantidad de madera se necesita para alimentar una central eléctrica de 60 MV que se espera que comience a operar en 2021. Aparte de AREF [1], el proyecto está patrocinado por Erling Lorentzen, fundador de la compañía brasileña de pulpa y papel Aracruz Cellulose (la cual se convirtió en Fibra y desde entonces se fusionó con Suzano, otra compañía brasileña de pulpa y papel). “Habiendo sido testigos de los beneficios para el empleo y el desarrollo a gran escala de las plantaciones administradas sustentablemente en Brasil, el sr. Lorentzen desea transferir los beneficios de su conocimiento a África”, se dice en una presentación. [2] Según información de la USAID [3], arrendamientos de tierras por 50 años fueron adquiridos de autoridades locales que pudiesen demostrar la propiedad de la tierra. Debido a los riesgos de incendios en las plantaciones, las tierras agrícolas de 84 hogares que practicaban la agricultura dentro de los confines de la concesión, pero que vivían fuera de ella, fueron reubicados a zonas fuera de la concesión. La mayoría de los agricultores estuvieron de acuerdo porque se les ofreció la arada gratuita de sus nuevos terrenos. Pero ¿significa ello que no habrá conflictos por la tierra que no estará disponible para la agricultura de subsistencia en los próximos 50 años? Muchas de las afirmaciones de la empresa suenan demasiado buenas para ser verdad. Ayudaría mucho si una ONG local pudiese realizar encuestas en el terreno que tome en cuenta los puntos de vista de todas las personas afectadas, y particularmente las mujeres, ya que son ellas las que son desproporcionadamente afectadas por dichos esquemas. [1] https://www.berkeley-energy.com/project/apsd-2/ [2] http://newforestsforafrica.org/wp-content/uploads/2016/03/Session-D-APSD.pdf [3] https://www.land-links.org/wp-content/uploads/2018/05/Investor-Survey-on-Land-Rights_Report-2018.pdfLas mujeres y los bosques bajo presión en Benín por la dependencia en combustible de madera y carbón
Por Fataï Aina, Association AMAF-Bénin
Benín solía estar cubierto con bosques y era reconocido en el África Occidental por la riqueza de su diversidad biológica gracias a la disponibilidad anual de agua de buena calidad. En la actualidad, solo fragmentos y reliquias quedan en los mejores casos, meros recuerdos de los bosques que alguna vez existieron. Las pocas áreas boscosas que todavía existen son distribuidas uniformemente a lo largo del país. Están constituidas de bosques privados y bosques en reservas o parques de animales. Pero la perdida de la cubierta forestal como resultado de las presiones humanas, particularmente para la producción de madera y carbón, es una amenaza grave para el balance ecológico de Benín. El 80% de la población de nacional depende de la madera y el carbón para cocinar [1], y el consumo total de madera para propósitos energéticos está cerca de los 4.8 millones de toneladas por año [2]. En las áreas rurales de Benín, solo las principales poblaciones están conectadas a redes eléctricas, lo cual representa de un 10 al 15% de la población. Entre los hogares que técnicamente pueden conectarse, muchos son pobres y no pueden permitírselo [3]. Este contexto refleja el alto nivel de inseguridad energética para las comunidades, lo cual empeora debido a los crecientes precios de los combustibles fósiles. Dada la ausencia de alternativas para el suministro energético doméstico, los bosques se ven cada vez más amenazados por la creciente demanda de combustible de madera. En atención a este problema, iniciativas como las plantaciones de árboles para el suministro de madera se desarrollan para cubrir las necesidades de los consumidores. Sin embargo, la deforestación todavía se está acelerando como resultado de la cosecha descontrolada de madera para su uso como combustible, el desarrollo de las plantaciones de árboles de monocultura para fines comerciales y la creciente demanda de tierra cultivable como resultado de las presiones demográficas. La importante biodiversidad está desapareciendo en dicho proceso. La falta de acceso a la energía para la iluminación, la calefacción y la cocina reduce la productividad de los hombres y las mujeres de Benín y de la sociedad en general. Pero las mujeres tienen la carga más pesada. Las mujeres y las jóvenes se ven forzadas a caminar grandes distancias para recolectar agua y madera, y son ellas las que cargan el peso de la quema de la madera cuando cocinan. También están en desventaja en términos generales en el acceso y la propiedad de la tierra, los recursos naturales, el crédito, la información y la educación, y tienen menos posibilidades de participar en la toma de decisiones. La pobreza energética, por lo tanto, no afecta a los hombres y a las mujeres de la misma manera, lo cual produce resultados sociales y económicos diferentes para cada grupo. El cómo se administran los recursos forestales es el factor determinante para cubrir las necesidades energéticas de madera en Benín, y el manejo de los bosques es, por lo tanto, de la mayor importancia para las mujeres. Aunque las políticas y los planes de manejo hacen énfasis en el enfoque participativo para el manejo de los recursos forestales y estipulan la participación de comunidades indígenas y locales en todos los niveles, no se indica específicamente como se debe hacer esto. Esto significa que las mujeres y los pueblos marginados a menudo quedan por fuera de los procesos de toma de decisiones que gobiernan el manejo de estos recursos vitales. Resulta crucial tomar en cuenta las realidades de los diferentes derechos, papeles y necesidades de las mujeres y los hombres en relación con la bioenergía para definir mejor como se pueden reconocer, respetar y encarar en el manejo de los recursos forestales. La implementación de dichos enfoques basados en los derechos será beneficioso para la promoción del uso sustentable y equitativo de los recursos forestales y la seguridad alimentaria, y podría también contribuir significativamente a la conservación y la mejora de los suelos, controlar la erosión y restaurar los microclimas. [1] Fonds Africain de Développement – FAD, 2006 [2] Programme d’Action National d’Adaptation – PANA Energie, 2018 [3] Synergie Solaire, 2013Uso de la biomasa en Togo: ¿Cuáles son los riesgos para las mujeres?
Por Fida Bagbo, Amigos de la Tierra Togo
'No hay justicia ambiental sin justicia de género’ y ‘Destruya el patriarcado, no el planeta’. Amigos de la Tierra Togo
¿Las estufas de biomasa mejoradas deberían recibir subsidio climático?
Por Almuth Ernsting, Biofuelwatch, Escocia
Los proyectos de estufas de biomasa mejoradas o limpias que se encuentran en el sur global, particularmente en áreas rurales, han sido una opción popular para otorgar subsidio climático, desde compensaciones de emisiones de carbono por medio del Mecanismo de Desarrollo Limpio hasta financiamientos bilaterales y del Fondo Verde del Clima Limpio. Según un estudio de modelización realizado en 2016, la eliminación de cocinas tradicionales de biomasa podría reducir el calentamiento global en 0,1 ºC y evitar más de 10 millones de muertes prematuras para 2050. [1] El acceso universal a cocinas no contaminantes sin duda mejoraría la vida de cientos de millones de mujeres, niños y niñas, y salvaría a 3,8 millones de personas de muertes prematuras anualmente. [2] Asimismo, reduciría el impacto ambiental que recae en los bosques en muchas áreas del sur global, a pesar de que existen otros causantes de deforestación y degradación forestal, más allá del uso de la biomasa tradicional. Las cocinas de biomasa mejoradas han sido promovidas desde la década de 1950, [3] inicialmente para el acceso a la energía y mejorar la salud, y en los últimos años para efectos de mitigación del cambio climático también. La propuesta es que dichas estufas minimicen la contaminación del aire en espacios interiores, protegiendo de esta manera la salud de las mujeres, niños y niñas, así como contribuyendo para la reducir la cantidad de madera y otros tipos de biomasa quemada. Los proyectos de financiación climática que promueven el uso de estufas de biomasa mejorada implican una diseminación a gran escala o ventas a bajo costo de estufas "eficientes" en las comunidades, lo cual también involucra la promoción del uso de madera de plantaciones de árboles como materia prima "sustentable". Se asume que a mayor eficiencia menor uso de madera y menor contaminación de aire es espacios interiores, aunque en algunos de esos proyectos se deben realizar pruebas de emisiones. Sin embargo, estudios de los proyectos de estufas que están siendo promovidos por medio del financiamiento climático muestran que la salud de los niños no ha mejorado, [4] y la de las mujeres no ha tenido mejoras significativas, sino solo por un período de tiempo limitado. Ciertamente, la prueba más grande y prolongada realizada hasta el momento, la cual se llevó a cabo en Orissa, India, reveló que no ha habido beneficios para la salud. [5] Igualmente, no existe evidencia de que se produzca una reducción en el uso de la madera a largo plazo. Dicho fracaso se debe, entre otras, a las siguientes razones:- Las estufas distribuidas, de las cuales se dice han tenido un desempeño eficiente y con bajas emisiones cuando son utilizadas para hervir agua en una olla en las pruebas de laboratorio, resultan no ser nada limpias o eficientes cuando son utilizadas para cocinar alimentos para la familia; [6]
- Las estufas solo son eficientes y emiten menor contaminación si son operadas de forma poco prácticas para las mujeres, por ejemplo, si la madera tiene que ser cortada en pedazos bien pequeños;
- Falta de mantenimiento y reparación de las estufas porque no hay apoyo disponible y/o las mujeres tienen que dedicar más tiempo en el mantenimiento de la estufa que en el uso reducido de leña o en el tiempo de cocción;
Biodigestores gestionados por la comunidad incrementan la resiliencia climática de mujeres en Burkina Faso
Por Zénabou Segda, Women Environmental Programme, Burkina Faso
Alimentando a un biodigestor, que puede aceptar cualquier material orgánico y carbono degradable. SuSanA Secretariat/Flickr
Bioenergía en Nigeria: ¿Una solución o un problema para la gente y su ambiente?
Por John Baaki, Women Environmental Programme, y Nkiruka Okonkwo, Fresh & Young Brains Development Initiative (FBIN), Nigeria
Mujeres vendiendo yuca en un mercado en Nigeria. International Institute of Tropical Agriculture/Fickr
El impacto de desarrollos bioenergéticos, prácticas comunitarias y de mujeres en Liberia
Por Salome Gongloe-Gofan, Rural Integrated Center for Community Empowerment (RICCE), Liberia
Al igual que en otros países de África subsahariana, en Liberia las principales fuentes energéticas provienen de la leña y el carbón. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), 99,5% de la población de ese país depende de combustibles de biomasa como principal fuente de energía. El uso abrumador y persistente de bioenergía en Liberia no necesariamente implica que es una alternativa menos contaminante y verde ante el uso de combustibles fósiles o que es una solución climática viable. Por el contrario, es el resultado de un déficit de otras opciones energéticas renovables, por lo cual las comunidades no tienen otra opción más que suplir sus necesidades energéticas quemando madera. Las mujeres liberianas, particularmente las que viven en espacios rurales, son las que llevan la mayor carga humana de la crisis energética debido al tiempo y esfuerzo necesario para recolectar leña y agua, sembrar y vender alimentos. Además, las prolongadas distancias de viaje que toma recolectar la madera, debido a la desaparición de los bosques cercanos, empeora la situación. Este contexto impone retrocesos en la educación y el avance económico de mujeres y niñas. En 2015, el gobierno de Liberia tomó medidas ambiciosas para reconstruir la infraestructura eléctrica, luego de una guerra civil que destruyó gran parte del sector eléctrico del país. Liberia tiene uno de los índices de acceso a energía eléctrica más bajos del mundo, con aproximadamente 12% de cobertura energética. En la capital, Monrovia, menos de 20% de la población tiene acceso a electricidad. Para 2030, el gobierno de Liberia pretende conectar a 70% de la población en Monrovia y proveer acceso a 35% del resto de la población del país. En junio de 2015, el legislativo liberiano aprobó una ley por medio de la cual se creó la Agencia Rural de Energía Renovable (RREA), un objetivo de larga data apoyado por la USAID a través del programa Power Africa. La RREA ha proporcionado apoyo a nivel de políticas para el desarrollo de bioenergía como fuente de energía renovable. Desde entonces, con mayor apoyo de la USAID, Liberia ha completado tres proyectos pilotos de energía renovable para conectar a 564 hogares rurales por medio de paneles solares, trozos de madera de árboles de caucho y aceite de palma crudo. [1] La USAID también ha otorgado apoyo para la contratación del Proyecto de Biomasa Kwendin, el cual produce electricidad a partir de un sistema de gasificación de biomasa que se alimenta de trozos de árboles de caucho. A pesar de que la inversión en cadenas de suministro de biomasa que incluyen carbón, madera y residuos agrícolas han ofrecido algunos beneficios socioeconómicos, a través de la conformación de esquemas de seguridad energética y generación de empleos temporales, los impactos negativos sobrepasan los beneficios económicos de generación de ingreso, los cuales llegan a pocas personas. Se necesita con urgencia una electrificación rural que utilice fuentes energéticas más seguras y confiables, como hidroelectricidad a pequeña escala y energía solar, para reemplazar el uso de biomasa como fuente de energía. Esto tendría el beneficio adicional de frenar la creciente degradación ambiental y los impactos sociales que impiden la seguridad y el desarrollo de las comunidades. Si bien la energía sigue siendo un importante motor del desarrollo en Liberia, la continuación de las actividades habituales con el uso de biomasa como fuente energética primaria, tanto a pequeña como a gran escala, exacerbará aún más el problema de la deforestación y la degradación del medio ambiente, los cuales ya afectan a las comunidades rurales. El uso continuado de biomasa para fines energéticos y la sustitución de bosques naturales por plantaciones de monocultivos, como árboles de caucho, palmas de aceite y otros cultivos energéticos, degradan aún más el medio ambiente. El resultado es la pérdida de biodiversidad, la erosión del suelo, la contaminación del aire interior y el aumento de la carga de trabajo que afecta principalmente a las comunidades rurales y, en particular, a las mujeres. Liberia alberga aproximadamente 42% del bosque restante de África Occidental, que incluye el bosque montañoso guineano, un punto importante de biodiversidad que se extiende por todo el país. Sin embargo, puede sufrir una degradación sustancial con la explotación y suministro de grandes cantidades de biomasa de madera. La Unión Europea admitió que los biocombustibles podrían ser hasta cuatro veces más perjudiciales para el clima que los combustibles convencionales debido a sus impactos indirectos. [2] Sin embargo, en las discusiones políticas se ignoran dichos efectos. La promoción de bioenergía basada en la explotación de madera descarta el hecho de que un incremento rápido de la demanda maderera tendrá impactos negativos inmensos en los bosques del mundo y las comunidades dependientes de estos que ya están sufriendo las consecuencias de las plantaciones de monocultivos que se están expandiendo en sus tierras. Debido a los impactos anteriormente mencionados, es necesario implementar con urgencia una política energética nacional sólida que vaya más allá de la bioenergía, especialmente considerando la necesidad energética cada vez mayor de Liberia. Esta política debe dar a la población acceso a formas de energía menos contaminantes y dañinas, sin vincular al país a una combustión obsoleta y peligrosa, ya sea por medio de la bioenergía o combustibles fósiles. [1] https://www.usaid.gov/powerafrica/liberia [2] https://globalforestcoalition.org/wp-content/uploads/2010/10/briefing-paper-bioenergy_final_1.pdfEquipo editorial: Coraina de la Plaza, Isis Alvarez, Jeanette Sequeira, Juana Vera Delgado, Kwami Kpondzo, Oliver Munnion, Simone Lovera and Rachel Smolker Editor: Oliver Munnion Traductores: Megan Morrissey y Danae Serinet Barrera Diseño gráfico: Oliver Munnion Esta edición de Cobertura Forestal fue posible gracias al apoyo de EU-DEVCO y la Sociedad Sueca para la Conservación de la Naturaleza. Está inspirado por un intercambio de conocimientos en África Occidental llevado a cabo en marzo del 2019 con el apoyo de SSNC y American Jewish World Service. Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores no son necesariamente las opiniones de los donantes.