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Secuelas del Acuerdo de París: la naturaleza y la humanidad salen perdiendo

Mary Louise Malig[1]
El Acuerdo de París se firmó en Nueva York con bombos y platillos, muchos apretones de manos y elogios mutuos, afirmando que “lo logramos” – es decir, logramos un acuerdo histórico sobre el clima que salvará al planeta del caos climático.

Esta semana, los delegados de los gobiernos y la sociedad civil regresan a trabajar en Bonn, en las reuniones del Órgano Subsidiario de Ejecución (SBI 44), del Órgano de Asesoramiento Científico y Tecnológico (SBSTA 44), y del nuevo Grupo de Trabajo Especial sobre el Acuerdo de París (APA 1). Deberán trabajar duro para definir los pasos prácticos a seguir, incluyendo cómo interpretar el significado real del Acuerdo de París y cómo aplicarlo luego.

Pero después de París, al volver a la normalidad, ¿cuál es el motivo para aplaudir y qué significa realmente el Acuerdo?

Sin duda el Acuerdo de París fue un gran éxito de la diplomacia. Las cifras, por sí solas, impresionan bastante, con 194 países que adoptaron el acuerdo en diciembre de 2015 y 155 que ya habían firmado el texto el 23 de marzo de este año. Da la impresión de que finalmente habrá una acción importante contra el cambio climático.

Pero fue en realidad una gran derrota en cuanto a lo que ofrece para el futuro de la humanidad y los ecosistemas del planeta.

Por ejemplo, el texto puede sonar impresionante, especialmente cuando uno lee que el objetivo del Acuerdo de París es mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2ºC con respecto a los niveles preindustriales y de proseguir los esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5ºC con respecto a esos niveles…” Pero esto es solo una aspiración. Lo que cuenta es qué acordaron hacer los países que se reunieron en París, y esa es una cuestión totalmente distinta.

De hecho, los compromisos de la mayoría de los gobiernos en cuanto a reducir las emisiones (conocido como INDC por su nombre en inglés o Contribuciones previstas determinadas a nivel nacional) son tan débiles que se estima resultarán en un calentamiento global de 3-4ºC, con graves consecuencias.

El propio texto, acerca de la aprobación del Acuerdo de París,Observa con preocupación que los niveles estimados de las emisiones agregadas de gases de efecto invernadero en 2025 y 2030 resultantes de las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional no son compatibles con los escenarios de 2ºC de menor costo sino que conducen a un nivel proyectado de 55  gigatoneladas en 2030”[2] (en lugar de las 40 gigatoneladas que deberían ser el objetivo según dice la resolución).

Esta disparidad de las emisiones es muy grave y tiene reales consecuencias para todos nosotros – especies que desaparecerán, un clima extremo que devastará cultivos y medios de vida, islas enteras que desaparecerán y refugiados climáticos que no tendrán a dónde ir.

Para colmo de males, los compromisos o INDC que los países asumieron no son siquiera legalmente vinculantes. Esto significa que si un país no realiza su “contribución”, nada sucede. No hay ningún mecanismo que lo obligue a cumplir ni instrumentos para sancionar a dicho Estado miembro. Se supone que los grandes contaminadores van a reducir sus emisiones por pura bondad, pero la experiencia nos muestra que es poco probable que esto suceda, especialmente si se lo ve como un impedimento para el crecimiento económico.

Por otra parte, además de no crear un mecanismo eficaz para asegurar que los países reduzcan sus emisiones lo suficiente y con la rapidez necesaria para eliminar a tiempo la brecha entre las emisiones, el Acuerdo de París ha abierto la puerta a nuevos mecanismos de comercialización de carbono (en el Artículo 6).  Hasta ahora, los mecanismos del mercado de carbono no han logrado reducir las emisiones. Por el contrario, han aportado tecnicismos y vías de escape para que los contaminadores puedan eludir sus responsabilidades históricas.

Sin embargo, la forma en que el texto logra esto es bastante sutil. No utiliza los términos “mercados de carbono” o “compensaciones de carbono”. En su lugar habla de “mecanismos para contribuir a la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero y apoyar el desarrollo sostenible” que contribuirán “a la reducción de los niveles de emisión en las Partes de acogida, que se beneficiarán de actividades de mitigación por las que se generarán reducciones de las emisiones que podrá utilizar también otra Parte para cumplir con su contribución determinada a nivel nacional”. En otras palabras, un país puede comprar créditos de carbono a otro país para minimizar su obligación de reducir las emisiones. Digámoslo claramente: ¿Hace falta deletrearlo? esto se llama comercio de carbono.

Cómo funcionará este mecanismo y cuáles serán los nuevos mercados de carbono que se crearán, aún está por decidirse. Pero la puerta está de hecho abierta y resulta muy claro que las grandes empresas y los inversores financieros quieren incluir en los mercados de carbono el trabajo de absorción de carbono que realizan los bosques. Las empresas transnacionales que se han apropiado de las negociaciones sobre el cambio climático quieren tener también un mercado de carbono relacionado con el “cambio en el uso de la tierra”, un término muy vago que podría incluir cualquier cosa, desde la agricultura hasta la ganadería. Esto podría ser particularmente peligroso, ya que permitiría que la contabilidad y los mercados de carbono determinaran las políticas alimentarias y agrícolas.

Sobre los bosques, el ODS 15.2 y las plantaciones
El Artículo 5 del Acuerdo de París trata de los bosques. Habla de preservarlos “mediante los pagos basados en los resultados” y “los incentivos positivos para reducir las emisiones debidas a la deforestación y la degradación de los bosques”. También promueve “el aumento de las reservas forestales de carbono en los países en desarrollo”, lo cual implica el desarrollo de plantaciones industriales de árboles, nocivas para el medio ambiente y la sociedad, que bajo las reglas actuales pueden incluirse en los cálculos del carbono. Estas actividades se conocen normalmente como REDD+.

Este artículo es bastante menos ambicioso que el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 15.2, acordado recientemente por los gobiernos, el cual apunta a poner fin a la deforestación para 2020. Este objetivo no se menciona siquiera en el Artículo 5 del Acuerdo de París. Por el contrario, en las INDC presentadas por países con altos índices de deforestación, podemos ver que planean continuar deforestando, no solo después del 2020 sino más allá del 2030. Por ejemplo, algunas INDC como la de Brasil, hablan de detener la deforestación ilegal, pero se sigue permitiendo la deforestación legal.

Un estudio realizado por un grupo de centros de investigación, analizó los compromisos en las INDC de los países BRICS (es decir Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para descubrir como resultado general que la situación permanecerá incambiada hasta 2030. Recién entonces comenzarán a reducir las emisiones.[3]

Resumiendo, las INDC que se encuentran actualmente sobre la mesa violan el ODS 15.2. Pero esta extraordinaria falta de coherencia política no ha sido reconocida por la ONU.

El Acuerdo de París debería haber garantizado el ODS de deforestación cero para 2020, para ser coherente con estos objetivos globales ya acordados. La razón por la que no lo hace es que las grandes empresas, que tienen excesiva influencia en las negociaciones sobre el cambio climático, no quieren que se detenga la tala de bosques reales – quieren que se permita compensar esta deforestación con plantaciones comerciales de árboles de una misma especie. Este es el camino en el que nos encontramos ahora, gracias al Acuerdo de París.

Finalmente, el Acuerdo de París no habla explícitamente de la geoingeniería ni de la Bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS por su nombre en inglés), pero eso no significa que los gobiernos no estén discutiendo estos temas. Dado que la reducción de emisiones en las INDC no alcanzará el objetivo de mantener el aumento de la temperatura media mundial “por debajo de 2ºC”, las corporaciones se lanzaron sobre la oportunidad de proponer tecnologías peligrosas, no probadas y arriesgadas, que, según dicen, ayudarían a lograrlo.

Por ejemplo, el término “emisiones negativas” es un eufemismo que designa la captación de carbono y la eliminación de dióxido de carbono. Varios estudios, el más reciente realizado por Biofuelwatch, han descartado las promesas de la BECCS argumentando que no es viable y que, considerada a escala, contribuiría incluso a incrementar las emisiones debidas a cambios en el uso de la tierra.[4] Además, realizar cultivos de bioenergía o monocultivos de árboles a gran escala para secuestrar y almacenar carbono requeriría el doble de la superficie de tierra cultivable del mundo.[5]

Al aceptar el Acuerdo de París sin espíritu crítico nos arriesgamos a que se desperdicien otros 15 años vitales distrayendo a la opinión pública y creando la ilusión de que algo positivo está sucediendo cuando, en realidad, la humanidad y la naturaleza están perdiendo un tiempo precioso que nunca podrá recuperarse.

Luego de París, queda claro que las soluciones reales provendrán de los movimientos de base, las comunidades indígenas y las gentes del lugar, y para fomentar este proceso es necesario descubrir la horrible verdad acerca de lo que está realmente sucediendo en las negociaciones sobre el cambio climático.

Debemos llamar a tomar medidas urgentes y concretas, que aseguren que el aumento de la temperatura mundial se mantenga por debajo de los 1,5oC – sin utilizar tecnologías peligrosas y nocivas como BECCS, y sin tecnicismos como los relativos a la contabilidad del uso de la tierra y los mecanismos de mercado.

Debemos luchar por acciones concretas para alcanzar el objetivo de deforestación cero para 2020, y oponernos a la creación de nuevos mecanismos de mercado, especialmente en lo referente al uso de la tierra y la agricultura. Debemos defender los derechos de las mujeres, las comunidades indígenas, los campesinos y la naturaleza.

[1] Mary Louise Malig, investigadora y analista de comercio, es la Coordinadora de Campañas de la Coalición Mundial por los Bosques.
[2] Resolución CP21, párrafo 17, http://unfccc.int/resource/docs/2015/cop21/spa/10s.pdf
[3] Alice Amorim, Beatriz Mattos, Maureen Santos y Paula Morales, “INDCS of BRICS countries to the COP21” 2015>
[4] Almuth Ernsting y Oliver Munnion, “Last-ditch climate option or wishful thinking? Bioenergy with Carbon Capture and Storage” 2015
[5] http://www.redd-monitor.org/2016/01/26/what-does-the-paris-climate-agreement-mean-for-forests-and-forest-peoples-rights/ (artículo disponible en inglés)

17 may, 2016
Posted in Blog, Forests, trees and climate change