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Cobertura Forestal 49: La carne como un motor de la deforestación

Bienvenidos a la edición cuarenta y nueve de Cobertura Forestal, el boletín infromativo de la Coalición Mundial por los Bosques (GFC).

En esta edición nos centramos en la carne como un impulsor de la deforestación, incluyendo la forma en que la producción de ganado conduce a la destrucción de los bosques, y cómo la agricultura campesina puede ayudar a resolver la crisis climática. Asimismo, se analizan los resultados relacionados con la agricultura de las negociaciones sobre cambio climático de la CMNUCC que se llevó a cabo en París el Diciembre pasado.

Puede descargar la versión para imprimir o leer los artículos de forma individual que se encuentran debajo y en nuestra página web.

Para suscribirse a Cobertura Forestal envíe un correo a GFC@globalforestcoalition.org.

 

La agricultura es acerca de la vida, no sólo es mercancía y sumideros de carbono: Se alimenta a la agroindustria mientras que se niega a los campesinos el derecho a la alimentación

La Intensificación de la Producción Agrícola y Ganadera: ¿Es Climáticamente Inteligente?

Lo omitido en el Acuerdo Climático de París: Cualquier mención de la agricultura industrial animal

El Trágico Triángulo del Consumismo de Carne y la Esperanza para el Futuro

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los bosques en Bolivia

El consumo en Rusia de productos ganaderos producidos de forma insostenible contribuye al cambio climático

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La agricultura es acerca de la vida, no sólo es mercancía y sumideros de carbono: Se alimenta a la agroindustria mientras que se niega a los campesinos el derecho a la alimentación

Por: Mary Louise Malig, Coordinadora de Campañas y Comunicaciones e Investigadora Asociada, Coalición Mundial por los Bosques

La agricultura, incluyendo la ganadería, se está convirtiendo en un campo de batalla, ya que la tierra, los cultivos y la producción de alimentos están siendo arrebatados a los campesinos por los exportadores agroindustriales y sus patrocinadores financieros. Esta tendencia está siendo tolerada e inclusive impulsada por las negociaciones intergubernamentales en varios foros diferentes, y ahora domina las negociaciones sobre el cambio climático, así como los tratados de libre comercio.

Dos reuniones Ministeriales significativas que afectan a la ganadería y la agricultura (de un modo u otro) se llevaron a cabo en las últimas semanas de 2015. En primer lugar, la 21ª sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC COP 21) en París, y en segundo lugar, la 10ª Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Nairobi.

La COP de París atrajo a miles de personas a las calles de Francia, con millones de personas alrededor del mundo observando a través de diversos medios de comunicación. Ha sido considerado por muchos como un momento ‘histórico’ que podría salvar al planeta. La reunión Ministerial de la OMC, por otro lado, aunque fue cuestionada por las movilizaciones de los agricultores en las calles de Kenia, escasamente registró un incidente en los medios convencionales o con el público en general.

Aparentemente, no parece haber ninguna vinculación significativa entre los dos foros. Uno de ellos se encarga de diseñar e implementar políticas que limiten el aumento de la temperatura promedio mundial a 1.5-2oC por encima de los niveles pre-industriales, con el fin de evitar un cambio climático fuera de control. La otra es una organización que se ocupa de las normas de libre comercio multilateral. Sin embargo, si uno se adentra más a fondo, existen muchas similitudes y vínculos, especialmente porque los cambios en la CMNUCC significan que ahora ambas instituciones se están basando en la lógica de los mercados. Este artículo se centra en los impactos que la OMC y la CMNUCC tienen en la alimentación y la agricultura en particular.

La Agricultura como vida
Tanto en las negociaciones comerciales como en las climáticas, la raíz del actual problema de la mercantilización es que el sector agrícola está siendo tratado como una fuente de lucro y no una fuente de alimentos (y como un campo de pruebas para nuevas tecnologías riesgosas y contaminantes, tales como los cultivos modificados genéticamente[1]). Ambas, las negociaciones comerciales y las de cambio climático, están siendo utilizadas para obtener el control de los sectores de agricultura y alimentación. Se trata de una mercantilización de la naturaleza que está ocasionando el desplazamiento de campesinos, mujeres y comunidades de sus tierras y territorios.

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Tierras deforestadas en Ecuador. Tomas Munita para
el Centro de Investigaciones Forestales Internacionales/Flickr

El Artículo 6 del Acuerdo de París promueve esta tendencia pero de una forma sutil, sin utilizar las palabras ‘mercados de carbono’:

«Un mecanismo para contribuir a la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero y apoyar el desarrollo sostenible se establece en el presente documento….

  1. Promover la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero y fomentar el desarrollo sostenible;
  2. Incentivar y facilitar la participación en la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero de entidades públicas y privadas autorizadas por una de las Partes;
  3. Contribuir a la reducción de los niveles de emisión en la Parte anfitriona que se beneficiará de las actividades de mitigación que resulten en la reducción de emisiones, que también pueden ser utilizadas por otra de las Partes para cumplir con su contribución nacional determinada; y
  4. “Suministrar una mitigación general de las emisiones globales.” (Énfasis añadido)

El texto suena insulso y técnico pero en realidad establece un mecanismo que permite a los países comercializar sus reducciones de emisiones (ver el texto resaltado en (c)), lo que significa que pueden evitar hacer reducciones en su país.

Lo que el texto no dice también es importante: Esto puede claramente incluir la reducción de las emisiones relacionadas con los nuevos sectores como el uso de la tierra, la agricultura y el agua. Algunos negociadores en los pasillos de París se refirieron a esto como el “Mecanismo de Desarrollo Limpio plus”—en otras palabras, una ampliación del antiguo flexible mecanismo del Protocolo de Kyoto.

La agricultura como mercancía
Este concepto de la agricultura como una mercancía y no una fuente de alimento que da vida inicialmente se consolidó en los tratados de comercio global, con el deseo de la agroindustria por tener más acceso a los mercados de otros países.

Cuando el comercio mundial se llevó a cabo bajo los auspicios del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), la agricultura fue tratada como una excepción, y el sector se mantuvo en gran medida fuera del ‘GATT de 1947’. Fue sólo cuando la Ronda de negociaciones del GATT de Uruguay finalmente estableció la OMC en 1995, que la agricultura se incluyó en su totalidad. Por primera vez en la historia, los alimentos y la agricultura iban a ser tratados principalmente como una mercancía.

Con respecto a la ganadería, específicamente, los cambios en el comercio mundial son generalmente conducidos, o son intencionalmente conducidos, por los cambios en las cuotas de importación, los recortes en los aranceles, y las reducciones en los subsidios para la exportación.[2] Sin embargo, la situación se ha complicado por las restricciones impuestas para controlar la transferencia de enfermedades tales como la enfermedad de las vacas locas, y otros controles comerciales relacionados con la salud.[3]

En términos más generales, está claro que la OMC ha adquirido el poder de regular lo que los países pueden y no pueden hacer en relación con sus alimentos y sus políticas agrícolas, y los gobiernos han utilizado esto para facilitar una toma corporativa a través del sector agrícola. Las negociaciones agrícolas son especialmente complejas pero los gobiernos de los países desarrollados en general, especialmente la UE y los EE.UU., todavía están canalizando miles de millones de dólares de ayuda interna para sus grandes empresas agrícolas [4] mientras que los pequeños agricultores, especialmente en los países en desarrollo, tienen que competir con estas gigantes empresas y se están haciendo cada vez más vulnerables a la volatilidad del mercado libre. A pesar de que se prometió inicialmente que el Acuerdo sobre la Agricultura (AA) incluiría un incremento aún más grande en el acceso al mercado de las exportaciones agrícolas de los países en desarrollo, ha ocurrido lo contrario, con las grandes empresas agrícolas creciendo cada vez más y los pequeños agricultores en vía de desaparición.[5] El ejemplo más emblemático de esto es el del Sr. Lee Kyung Hae, que se suicidó en la valla que rodeaba la reunión Ministerial de la OMC en Cancún en 2003. Tenía en la mano un letrero que decía ‘la OMC mata a los agricultores’.

Ejemplos

Veinte años más tarde, en la 10ª reunión Ministerial en Nairobi en 2015, el plazo original de 2013 para terminar con los subsidios a la exportación de los países industrializados se extendió a 2018. La promesa de una solución permanente para modificar el Acuerdo sobre la Agricultura para apoyar a países como India, Indonesia y otros pequeños países productores, sigue siendo nada más que eso, una promesa vacía. Sin embargo—debido a un acuerdo en el Paquete de Bali de 2013 sobre una ‘cláusula de paz’ para la Agricultura—los países no están autorizados a brindar apoyo a sus pequeños agricultores y a sus ciudadanos en situación de pobreza a través de programas de seguridad alimentaria.

Veinte años después de su creación, las normas de la OMC sobre la agricultura todavía siguen favoreciendo a las corporaciones transnacionales y perjudican a los pequeños agricultores.

La agricultura como sumidero de carbono
Hoy en día el cambio climático ofrece un nuevo punto de entrada para que las corporaciones transnacionales mercantilicen y controlen la agricultura. Aunque la agricultura no se aborda explícitamente en el Acuerdo de París sobre el cambio climático de la CMNUCC, el texto abre el camino a nuevos mecanismos de mercado que se despliegan alrededor de la agricultura y los suelos, como se explicó anteriormente.

La Alianza Global para la Agricultura Climáticamente Inteligente, una alianza integrada por gobiernos, corporaciones transnacionales, el Banco Mundial y otros, está presionando agresivamente para promover la llamada Agricultura Climáticamente Inteligente como el método para abordar el hambre en el mundo, adaptar los cultivos a condiciones climáticas extremas y reducir la contribución de la agricultura al cambio climático, mediante el uso de los suelos como sumideros de carbono. Esto se basa en lo que ahora se está promoviendo como ‘intensificación sostenible’—produciendo más alimentos en menos tierra, siendo resistentes al clima y absorbiendo carbono. La nueva tendencia de las súper granjas y la producción de ganado en corrales de engorde podrían fomentarse mediante el concepto de ‘intensificación sostenible’.

Sin embargo, este enfoque también favorece a la agroindustria por encima de los pequeños agricultores, y la creación de mercados de carbono para los suelos está siendo referida como la ‘economía parda’. La Agricultura Climáticamente Inteligente en este contexto amenaza con impulsar una nueva apropiación de tierras de carbono, enfocada en los territorios y las tierras de las comunidades campesinas y rurales de todo el mundo, con un impacto particular sobre las mujeres que a menudo son las responsables de la agricultura de subsistencia.

Esto parece que va a desencadenar un mayor uso de cultivos genéticamente modificados (GM), diseñados, en teoría, para resistir cualquier cosa, desde la sequía hasta la inundación. El uso de la agricultura como sumidero de carbono, más que como una fuente de alimentación y de vida para las personas significa que la contabilidad del carbono podría convertirse en un factor determinante a la hora de diseñar las políticas agrícolas.
CropDesign - Auf der Suche nach neuen Genen / Crop Design - The fine art of gene discovery

Plantas de arroz modificadas genéticamente en
un invernadero de pruebas de cultivo. BASF/Flickr

La Agricultura Climáticamente Inteligente podría tener un impacto significativo en nuestros alimentos afectando las decisiones de cómo y dónde se producen y para quién. El hecho de que ésta conduce a una mayor mercantilización también significa que nos estamos dirigiendo hacia un futuro en el que las grandes empresas agrícolas transnacionales podrían poseer casi toda la tierra y la agricultura, sin importar si se trata de ganadería o de agricultura vegetal.

Cuando las aguas vuelvan a su cauce después de París, la atención de los medios puede que ya no esté en la CMNUCC y menos en la OMC, pero la batalla está lejos de terminar. La alimentación y la agricultura—teniendo en cuenta todos los aspectos, desde el cultivo del suelo, la protección de la biodiversidad, la prevención de la deforestación, la ganadería, los cultivos y la preservación de las semillas—es fundamental no sólo para la vida de los campesinos, las mujeres, los pequeños agricultores y las comunidades, sino también para todos nosotros.

Tenemos derecho a la alimentación y derecho a un clima saludable—y debemos detener a las corporaciones transnacionales y a los mercados que interfieren con ambos a través de normativas de comercio o del régimen climático. Hay que apoyar la lucha por la soberanía alimentaria en todo el mundo y renovar nuestra manera de relacionarnos con la Madre Naturaleza, apoyando a la agroecología campesina y manteniendo y promoviendo la ganadería pequeña y sostenible.

“Los pequeños agricultores todavía alimentan el mundo con menos de una cuarta parte de todas las tierras agrícolas.”[7]

Y con esa inspiración, vamos a seguir luchando.

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Mujer ganadera en El Salvador. Jason Taylor
para Amigos de la Tierra Internacional/CIC
1. Para mayor información vea: www.foeeurope.org/gmos
2. Cattle and Beef International Commodity Profile, Food and Agriculture Organization, undated, http://siteresources.worldbank.org/INTAFRICA/Resources/257994-1215457178567/Cattle_and_beef_profile.pdf pp11/12
3. Cattle and Beef International Commodity Profile, Food and Agriculture Organization, undated, http://siteresources.worldbank.org/INTAFRICA/Resources/257994-1215457178567/Cattle_and_beef_profile.pdf pp14/15
4. Global Economic Prospects 2004: Realizing the Development Promise of the Doha Agenda, World Bank, http://siteresources.worldbank.org/INTRGEP2004/Resources/gep2004fulltext.pdf
5. Hungry for Land: Small farmers feed the world with less than a quarter of all farmland, GRAIN, 28 de Mayo de 2014, https://www.grain.org/article/entries/4929-hungry-for-land-small-farmers-feed-the-world-with-less-than-a-quarter-of-all-farmland
6. Food Rebellions: Crisis and the hunger for justice, Eric Himenez-Holt, Raj Patel and Annie Shattuck, www.academia.edu/5726958/Food_Rebellions_Crisis_and_the_Hunger_for_Justice
7. Hungry for Land: Small farmers feed the world with less than a quarter of all farmland, GRAIN, 28 de Mayo de 2014, https://www.grain.org/article/entries/4929-hungry-for-land-small-farmers-feed-the-world-with-less-than-a-quarter-of-all-farmland

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La Intensificación de la Producción Agrícola y Ganadera: ¿Es Climáticamente Inteligente?

Por Miguel Lovera, Centro de Estudios Rurales y Reforma Agraria, Universidad Católica de Paraguay

Aunque la comunidad internacional elogia el Acuerdo de París como un hito en la lucha de la humanidad para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, la realidad es que el acuerdo contiene poco más que un reconocimiento de que el cambio climático es real (casi dos décadas y media después de que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio climático fuera firmada por primera vez). Aparte de esto, refuerza firmemente un escenario habitual que todavía se basa en patrones de producción y consumo insostenibles y es improbable que desafíe nuestro uso cada vez mayor de combustibles fósiles.[1]

Por otra parte, el Acuerdo de París presenta ‘falsas soluciones’ no probadas, molestas e inclusive peligrosas—tales como la geo-ingeniería,[2] REDD+[3] y la llamada ‘agricultura climáticamente inteligente’ (CSA)[4] —como nuestras únicas opciones en la lucha contra el cambio climático.

Por supuesto, existe una razón para esto: estas complejas soluciones favorables se centran en la creación de oportunidades de lucro para el negocio, lo que permite tanto a los gobiernos como a las corporaciones ser vistos haciendo ‘algo’, sin alterar el carro de la manzana económica. Pero—además de dar luz verde a tecnologías no probadas y potencialmente peligrosas—esto abre la puerta de las ‘ganancias excesivas’ a personas y organizaciones que tienen poco o ningún interés en la lucha contra el cambio climático y no tienen interés en el bienestar de los que podrían verse afectados negativamente por proyectos basados en el mercado (incluyendo a todos aquellos que son expulsados de sus tierras tradicionales y que pierden sus medios de supervivencia).

El modelo de la ‘agricultura climáticamente inteligente’ está a la vanguardia de muchas negociaciones intergubernamentales. Este es otro enfoque engañoso que realmente va a trabajar para mantener la actividad como hasta ahora, en este caso agricultura industrial.[5] Aunque el Acuerdo de París no respalda efectivamente la CSA, la mayoría de los gobiernos que participan en las negociaciones sobre el cambio climático se han centrado en la CSA como una de sus opciones preferidas. Sin embargo, la agricultura industrial ya ha transformado millones de hectáreas de frondosa vegetación, bosques, sabanas, humedales y los mosaicos ricos en biodiversidad de la agricultura a pequeña escala, en interminables monocultivos de materias primas, incluyendo soja, maíz, arroz, trigo, caña de azúcar, colza y aceite de palma. Este proceso está destruyendo los paisajes agrícolas que antes rebosaban de diversidad de plantas y animales—los pilares de la soberanía alimentaria de los pueblos del mundo.

Esto es tan obvio en mi país, Paraguay, donde casi el 50% de los agricultores han perdido sus tierras en menos de dos décadas dando paso (o siendo obligados a dar paso), de forma reacia, a los intereses de la agroindustria agresiva que busca tierras para plantaciones. Estos cubren al menos el 92% de la tierra bajo producción agrícola en Paraguay. Esto a su vez ha dado lugar a un aumento impresionante en las aplicaciones de agroquímicos— ¡casi 1,000% en los últimos 20 años![6]

soybeans - kopieCosecha de soja. United Soybean Board/Flickr

La agricultura industrial también ha transformado a Argentina, que era hasta hace poco, famoso por producir la mejor carne del mundo, y que se producía en pastos casi completamente naturales. Este país—que defendió apasionadamente una referencia del Acuerdo de París acerca de la necesidad de evitar medidas de mitigación climática que tuvieran impactos negativos sobre la «producción de alimentos» (sic)—está ahora al borde de la importación de carne de res ya que un 56% de la tierra agrícola ha sido destinada a la producción de soja.[7] Otra consecuencia de esto, es que la mayor parte de la carne que todavía se está produciendo está siendo criada en corrales de engorde en condiciones de hacinamiento[8], donde el objetivo es simplemente engordar a los animales tanto como sea posible en un corto periodo de tiempo.

Todo esto llega con altos costos. Los animales sufren tormentos indescriptibles, torturas y maltratos. Los impactos ambientales también son deplorables que van desde la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas con residuos de productos químicos, incluyendo antibióticos, hasta la infestación del aire con polvo contaminado y moscas, ¡haciendo que la vida de las comunidades vecinas sea intolerable![9]

Estos cambios se suman de manera significativa a las transformaciones socioeconómicas existentes que ya están poniendo la vida de la población rural al revés. Quizás el aspecto más crítico es el impacto en la salud pública. La cría intensiva de varias especies diferentes sobre todo en las llamadas Operaciones Concentradas de Alimentación de Animales (CAFO), está causando que la población local ingiera inadvertidamente dosis extremas de pesticidas, y que los consumidores en general ingieran aún más productos químicos, incluyendo hormonas esteroides y antibióticos.[10] Este sistema de producción intensiva también ha creado nuevas cepas de bacterias que son resistentes a los antibióticos lo que hace ineficaces los tratamientos con antibióticos (inclusive para la salud humana). ¡Esto está creando una de las amenazas más peligrosas para la salud pública de la humanidad hasta la fecha!

Por otra parte, el Acuerdo de París no es un ejemplo aislado de la cooptación empresarial de las Naciones Unidas. Existe una presión para promover soluciones favorables para las empresas a través de la junta. Las corporaciones, con el apoyo de los gobiernos del Norte, en particular, tienen una agenda clara enfocada en dominar y mantener un férreo control sobre el ‘negocio’ de los alimentos, sobre todo ahora que los alimentos se están convirtiendo en un producto tan estratégico ante las amenazas del cambio climático.

Por ejemplo, en la versión del Informe de Expertos de Alto Nivel sobre la producción ganadera preparado para el Comité de la ONU sobre la Seguridad Alimentaria[11], el elogio se dirigió hacia el modelo de producción intensiva de obtención de alimentos como una forma de alimentar el mundo ignorando el hecho de que los sistemas alimentarios tradicionales, combinados con agroecología, ofrecen una manera más eficaz, equitativa y respetuosa con el medio ambiente de satisfacer esa meta ambiciosa.[12] Demás está decir que la mayoría de los ‘expertos’ que escribieron el informe representaban a Big Meat o a sus aliados.

¿Alarmado? ¡Ciertamente lo estoy!

 

1. Global consumption of fossil fuels continues to increase, Institute for Energy Research, 18 de Junio de 2015, http://instituteforenergyresearch.org/analysis/global-consumption-of-fossil-fuels-continues-to-increase/
2. Geopiracy: the case against geoengineering, ETC Group, Octubre de 2010, http://www.criticalcollective.org/?publication=geopiracy-the-case-against-geoengineering
3. REDD Alert! How REDD+ projects undermine peasant farming and real solutions to climate change, GRAIN and World Rainforest Movement, Octubre de 2015, http://www.criticalcollective.org/?publication=redd-alert-how-redd-projects-undermine-peasant-farming-and-real-solutions-to-climate-change
4. Agroecology and Climate Justice: a People’s Guide to Paris and Beyond, Friends of the Earth International, Noviembre de 2015, http://www.criticalcollective.org/?publication=agroecology-and-climate-justice
5. Agroecology and Climate Justice: a People’s Guide to Paris and Beyond, Friends of the Earth International, Noviembre de 2015, http://www.criticalcollective.org/?publication=agroecology-and-climate-justice
6. Con la soja hasta el cuello: informe sobre agronegocios 2013-2015, BASE-IS, Asuncion, 2015. http://www.biodiversidadla.org/Portada_Principal/Documentos/Con_la_soja_al_cuello_Informe_sobre_agronegocios_en_Paraguay_2013-2015
7. Calculado en base a los datos de la Bolsa de Comercio de Rosario: https://www.bcr.com.ar/Pages/gea/estimaProd.aspx
8. Argentine beef: changing all the time but with new production and market opportunities, Liz Bonsall, Promar International, 7 de Septiembre de 2012, http://www.globalmeatnews.com/Analysis/Argentine-beef-changing-all-the-time-but-with-new-production-and-market-opportunities
9. Pollution from giant livestock farms threatens public health, National Resources Defense Council, página web consultada el 17 de Febrero de 2016, http://www.nrdc.org/water/pollution/nspills.asp
10. Risk assessment of growth hormones and antimicrobial residues in meat, Sang-Hee Jeong, Daejin Kang, Myung-Woon Lim, Chang Soo Kang and Ha Jung Sung, Toxicol Res. Diciembre de 2010; 26(4): 301–313.
doi: 10.5487/TR.2010.26.4.301, http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3834504/
11. Sustainable agriculture development for food security and nutrition, including the role of livestock, (V0 draft for public consultation), Committee on World Food Security, 2 de Octubre de 2015, http://www.fao.org/fileadmin/user_upload/hlpe/hlpe_documents/PT_SustAgrDevLiv/Docs/HLPE_Sust-Agr-Dev-Livestock_2-October-2015_Draft-V0.pdf
12. Agroecology and the Right to Food, report to UN General Assembly, submitted by Olivier De Schutter, 20 de Diciembre de 2010, http://www.srfood.org/en/report-agroecology-and-the-right-to-food

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Lo omitido en el Acuerdo Climático de París: Cualquier mención sobre la agricultura industrial animal

Mia MacDonald, Directora Ejecutiva, Brighter Green y Tesorera, Green Belt Movement International-EE.UU

«Algo que todos deberían saber sobre el acuerdo climático COP21 es que: no aparecen las palabras ‘combustibles fósiles’. Tampoco las palabras ‘petróleo’ o ‘carbón’,» la escritora y activista Naomi Klein observó en un Tweet que fue reenviado muchas veces. Este es el caso, a pesar de que el enfoque de la reciente conferencia climática de París, al igual que del discurso del cambio climático global, fuera la reducción y eliminación rápida de los combustibles fósiles en favor de las fuentes de bajo- o cero- emisiones de energía renovable.

Los combustibles fósiles no son las únicas palabras importantes que faltan en el texto del Acuerdo de París, el cual, concertado por cerca de 200 países en la cumbre de la CMNUCC COP21, se compromete a mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 2°C sobre los niveles pre-industriales y a trabajar hacia un objetivo más ambicioso, el de limitar el aumento de la temperatura global a 1.5°C. Sin embargo, el acuerdo omite en gran medida un hecho crucial: lo que el mundo come y cómo produce sus alimentos son factores centrales en la lucha contra el cambio climático.

El sector ganadero mundial ya representa una parte significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a nivel global, el 14.5%, tanto como las emisiones de contaminantes procedentes del sector de transporte mundial. También es responsable de casi la mitad de las emisiones de metano del mundo (y el metano es al menos veinticinco veces más potente que el CO2 en términos de impacto en el calentamiento global). La ganadería y la producción de soja son, sin duda, las principales causas de deforestación en América del Sur, el continente con las tasas de deforestación más altas del mundo, y la producción de carne y de forraje son también factores clave en la pérdida de bosques y el cambio de uso del suelo en otras regiones.

Si continúan las tendencias actuales, se espera que el consumo mundial de carne aumente en un 76% para el año 2050. Será casi imposible alcanzar los objetivos acordados en París sin un cambio hacia el consumo y la producción, de menos carne, así como otros productos de origen animal.

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Cerdos siendo transportados en China, imágen capturada
de la película «¿Qué hay para cenar?». Brighter Green

Por tanto, es sorprendente encontrar que este problema no se aborda en el Acuerdo de París ¿Cómo podría un documento de 31 páginas sobre el destino del planeta y aprobado por 195 países no mencionar la contribución de la agricultura industrial de animales a las emisiones de gases de efecto invernadero ni una sola vez? Tampoco se hace mención de «carne», «ganado», «pescado» o «ganadería».

También es importante mencionar algunas de las otras palabras que no están incluidas en el acuerdo de París. No hay ninguna mención de «animales» u «otras especies», y la palabra «biodiversidad» sólo se nombra una vez. ¿Acaso los animales no humanos no tienen una participación en el cambio climático y el derecho a tener entornos habitables, aire respirable, suelos sanos, océanos estables y ecosistemas intactos?

En parte, estas omisiones reflejan la naturaleza de estos acuerdos y cómo se generan. Estos son tanto pretensiosos como prohibitivos, con el fin de permitir que los países sientan que tienen opciones en la forma como los aplican y—francamente, conseguir que los gobiernos se comprometan con estos y no sean disuadidos de hacerlo por intereses y grupos de presión nacionales (es decir, en los EE.UU., al igual que en muchos otros países que son grandes emisores, la industria de los combustibles fósiles y la agroindustria).

Ahora, el reto está en impulsar los compromisos que se han hecho, con miras a la creación de nuevas normas y, con el tiempo, un nuevo lenguaje más inclusivo.
Por ejemplo, el acuerdo «acoge los esfuerzos de todos los interesados que no son Partes al acuerdo para abordar y responder al cambio climático, incluyendo a la sociedad civil, el sector privado, las instituciones financieras, las ciudades y otras autoridades sub nacionales.»

chicks-draws - kopiePolluelos empollados en cajones de incubadora. Farm Sanctuary

Esto podría interpretarse como una insinuación de que las organizaciones implicadas en la protección de los animales (salvajes y domésticos), las empresas privadas que desarrollan alternativas a base de plantas para sustituir la carne y los productos lácteos (y los inversores ayudándoles a crecer), y otros están siendo invitados a presentar propuestas para abordar el cambio climático. ¿Es una invitación sólida? Bueno, es probablemente más sólida para las empresas que para la sociedad civil en general. Pero aun así es una forma de discurso. No debemos olvidar eso.

El acuerdo también reconoce la importancia de los «estilos de vida sostenibles y patrones de consumo y de producción sostenibles.» Este es un lenguaje repetitivo que es cada vez más común en los análisis y los acuerdos internacionales sobre medio ambiente. No obstante, este ofrece la oportunidad de argumentar a favor de las diversas formas prácticas y viables en que las dietas de bajo contenido o libres de productos de origen animal ayudan a reducir o eliminar los gases de efecto invernadero en el punto de consumo y producción—incluyendo los combustibles fósiles y las emisiones de dióxido de carbono resultantes, en los que se enfocaron la mayoría de los delegados en París.

La palabra «comida» sí aparece tres veces en el texto, incluyendo un llamado en el Artículo 2 para salvaguardar la «seguridad alimentaria» y acabar con el hambre, y para reconocer las «vulnerabilidades particulares de los sistemas de producción de alimentos a los impactos adversos del cambio climático.» Este marco hace alusión a, pero en realidad no captura, el drama, la urgencia, o los efectos enormemente desestabilizadores que el calentamiento global está teniendo en la agricultura en forma de escasez de agua, precipitaciones irregulares, temperaturas más altas y desertificación.
El texto también señala que las medidas de adaptación no deben poner en peligro la producción de alimentos. Me dijeron que esta frase fue introducida en el texto por Argentina, uno de los principales productores y exportadores de soja para la alimentación de ganado en el mundo, así como un productor significativo de carne. Otros líderes ‘poderosos’ del sector de la carne y de los piensos y grandes emisores de GEI, como los EE.UU., la Unión Europea, Canadá, Brasil y China no se opusieron.

Sin embargo, existe una cara opuesta. También se puede argumentar con datos fiables que la misma agricultura intensiva de animales pone en peligro la producción de alimentos, especialmente los sistemas alimentarios sostenibles, equitativos y resistentes al clima. Esto es debido a su enorme demanda de agua, tierra y fertilizantes químicos, los monocultivos prácticamente sin vida que crea, y la contaminación masiva de agua, la deforestación y la pérdida de biodiversidad que genera. Y la agricultura animal no puede realmente ser descrita como un camino que produce un «bajo nivel de GEI», dada su contribución a los GEI.

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La directora ejecutiva de Brighter Green Mia MacDonald y el asociado
Wanqing Zhou participaron en la cumbre climática COP 21 que concluyó el 12 de Diciembre. Encuentra aquí más información sobre su trabajo en este evento y fotos.

Algunos se expresaron muchas veces en París, al menos fuera de las negociaciones formales. «Es totalmente inaceptable que la dieta y especialmente el asunto de la carne no aparezca en un lugar destacado de la agenda de la COP», según Jo Leinen, un miembro alemán del Parlamento Europeo, hablando en un evento paralelo oficial co-patrocinado por Brighter Green sobre la carne y las emisiones de gases de efecto invernadero en la cumbre climática, [1] junto con Chatham House, Humane Society International y la Iniciativa EAT. La mayoría de los que asistieron estuvieron de acuerdo en que: esto debería ser una cuestión de política pública, no un asunto marginal del pequeño pero creciente número de ‘veganos climáticos’ del mundo.

Mis colegas de Chatham House, quienes recientemente completaron un estudio global sobre las actitudes del público y la sensibilización sobre el papel de la carne en el cambio climático[2], señalaron que investigadores de la Universidad de Cambridge han descubierto que una transición global hacia una alimentación más saludable podría reducir las emisiones equivalentes de CO2 por un extra de 6 billones de toneladas en 2050, resultante en su mayor parte de la disminución del consumo de carne. Un enfoque en el cambio en la dieta también puede reducir los costos de mitigación del cambio climático hasta en un 50% para el año 2050. Claramente, tal cambio en la dieta debe ser incluido en la agenda para la acción futura en la lucha contra el cambio climático.

 

[1] COP21 webpage, Brighter Green, accessed 17 February 2016, http://brightergreen.org/cop21/
[2] Livestock ¬ climate change’s forgotten sector: Global public opinion on meat and dairy consumption, Chatham House, December 2014, https://www.chathamhouse.org/sites/files/chathamhouse/field/field_document/20141203LivestockClimateChangeBaileyFroggattWellesley.pdf

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El Trágico Triángulo del Consumismo de Carne y la Esperanza para el Futuro

Por Wanqing Zhou, Asociado, Brighter Green e Investigador Asociado, Worldwatch Institute

Para muchas personas, a pesar de que provienen de diferentes orígenes culturales, una ‘vida mejor’ es imposible sin la carne, los huevos, y los lácteos y otros productos de origen animal—una visión estrechamente relacionada con los estilos de vida en países occidentales industrializados.

Así que, a medida que el nivel de vida mejora en los países emergentes, el incremento en el consumo de productos animales es uno de los factores que sostienen la expansión del estilo occidental, la ganadería intensiva a gran escala (agricultura de fábrica) y la agricultura de monocultivo de alimentos. Estas prácticas presentan retos considerables para el cambio climático, los recursos naturales, la salud ambiental, la salud pública, los medios de supervivencia de los agricultores y el bienestar de los animales.

Los EE.UU., China y Brasil son tres jugadores grandes y representativos del sector de la carne y la alimentación a nivel mundial. Ellos forman tres vértices de un triángulo: un exportador importante del modelo industrializado de producción de carne y productos lácteos en el mundo en desarrollo (EE.UU.), una economía en rápido crecimiento con un enorme apetito por los productos de origen animal (China), y un país con conflictos entre los aparentes beneficios económicos de incrementar la producción agrícola relacionada con la ganadería y la necesidad de proteger algunos de los ecosistemas más bellos y ecológicamente importantes del planeta Tierra (Brasil).

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Familias Mbya desplazadas del bosque debido a
la expansión de agricultores de soja. Zhou Wanqing
Una hamburguesa China

Sin embargo, los impactos de la expansión de la agricultura industrial no están limitados a estos países. Por ejemplo, Paraguay, para responder a la creciente demanda mundial de productos de origen animal, y por tanto de alimentación animal, ha surgido recientemente como un importante productor y exportador de soja. Al igual que su vecino Brasil, Paraguay está experimentando los impactos negativos de los monocultivos de soja industrializada.

En Paraguay y muchos otros países de América Latina, donde los campos de soja están invadiendo el territorio, las comunidades indígenas han sido desplazadas de la selva, la cual está siendo quemada para dar espacio a la soja. Vidas jóvenes se han perdido debido a la fumigación con pesticidas en los campos de soja que son resistentes a los herbicidas (así como también las comunidades campesinas con sus cultivos ecológicos). Los puestos de trabajo en las granjas han desaparecido ya que las máquinas han sustituido la mano de obra. Las ganancias de estas plantaciones de soja han sido devengadas por las élites locales y las empresas multinacionales, lo que empeora aún más la desigualdad social.

Triangle

Al mismo tiempo, el consumo excesivo de carne, huevos y productos lácteos está fomentando una epidemia de ‘enfermedades de la prosperidad’, como la obesidad, la diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Actualmente esto está ocurriendo en los países desarrollados y en vía de desarrollo, y estas enfermedades están teniendo un impacto particularmente marcado en consumidores de bajos ingresos.[1] Esto se debe a las políticas que subvencionan la producción a gran escala de productos de origen animal de bajo costo, en vez de apoyar la producción de alimentos saludables.

No obstante, los impactos de la sobreproducción y el consumo excesivo de carne van más allá de los efectos fisiológicos. Varios agricultores de América Central y del Sur que perdieron sus medios de subsistencia debido a la agricultura industrial, terminaron trabajando en las granjas industriales o instalaciones de procesamiento de carne en los EE.UU. donde no se protegen sus derechos. Las largas horas de trabajo repetitivo, que a menudo implica mutilar, matar o cortar animales, están haciendo que estos trabajadores sean propensos a problemas psicológicos que incluso ha ocasionado que aumente la tasa de criminalidad en algunas comunidades cercanas a las granjas industriales y mataderos.[2, 3]

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Campo de soja en el este de Paraguay.
Oliver Munnion
Instalaciones de procesamiento de soja en el este de Paraguay. Ronnie Hall/CIC

 

En ‘El Triángulo: La Evolución y el Futuro de la Agricultura Industrial Animal de los EE.UU., China y Brasil’, un documento de trabajo publicado por el grupo de acción de política pública basado en Nueva York Brighter Green, el autor resume brevemente la historia de la cría industrial de animales en éstos tres países, y muestra que la expansión global de dicho sistema es una consecuencia natural del crecimiento capitalista y la globalización. Pero el futuro es más importante que el pasado. Entonces, ¿Cómo deberíamos responder ahora, para moldear ese futuro?

Desde un punto de vista puramente económico, en vista de una creciente demanda, la evolución hacia la producción industrializada de capital intensivo parece ser inevitable y deseable (con el fin de satisfacer la demanda). Sin embargo, es igualmente cierto, que desde el punto de vista ecológico y sociológico, tal evolución es insostenible, y lo más importante, evitable y ajustable. Como los profesores de sociología rural, William Heffernan y Mary Hendrickson, escribieron alguna vez: “Los sociólogos creen que el actual sistema [económico] [que favorece el fortalecimiento y la consolidación de los sistemas agrícolas] fue puesto en su lugar por los seres humanos y se puede cambiar.”

En las discusiones sobre el cambio climático y otros problemas ambientales, el uso de la carne (especialmente carne de res) como fuente de proteínas ha sido comparado con el uso de carbón como fuente de energía. Del mismo modo, el concepto de ‘deslegitimar’ los combustibles fósiles se ha discutido en el contexto de frenar el consumo de combustibles fósiles—y negar la legitimación del consumo excesivo de alimentos de origen animal tiene el potencial de cambiar el sistema dominante actual por otro más sostenible. Los grupos e individuos están reconsiderando la relación entre los seres humanos y los productos de origen animal, y están revelándose y haciendo cambios en todo el mundo.

Por ejemplo, desde la perspectiva de la salud, las organizaciones como el Comité de Médicos por una Medicina Responsable están deslegitimando el consumo excesivo de productos animales, mostrando su contribución a enfermedades crónicas y agudas. Varios grupos de defensa de los derechos de los animales y el bienestar animal también están deslegitimando el consumo excesivo de productos de origen animal dando a conocer la triste realidad del sufrimiento de los animales dentro de las granjas industriales para llamar la atención de los consumidores compasivos. Investigadores y activistas ambientales están deslegitimando al consumo excesivo de productos de origen animal, dejando en claro la conexión que existe entre la producción industrial de animales y la deforestación, la contaminación del agua, la erosión del suelo y el caos climático.

Estas fuerzas se están uniendo y están crecimiento rápidamente. Sin embargo, para que una ‘globalización desde abajo’ tenga éxito, también se necesita del apoyo político. Esto debe incluir niveles de consumo sugeridos, la reducción de subsidios para los sectores de la carne y el pienso, regulaciones ambientales más estrictas con una imposición más fuerte, y una educación pública convincente. Por ejemplo, aunque China es a menudo culpado por su creciente consumo de carne, el gobierno chino ha establecido un objetivo para el consumo de carne per cápita en su plan de desarrollo de la nutrición que es mucho más bajo que el nivel de consumo actual del país, y aproximadamente una cuarta parte del consumo per cápita en los EE.UU. y Brasil. Una política de este tipo es un paso hacia un futuro más brillante.

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Agricultor campesino en Paraguay condenando la fumigación de herbicidas por destruir
sus cultivos y la salud de las comunidades locales. Wanqing Zhou

En última instancia, una reflexión más profunda sobre la multifuncionalidad de la agricultura es necesaria para lograr que todos los agricultores, los consumidores y los encargados de formular políticas tomen decisiones sostenibles. Cuando los animales sean vistos como algo más que una fuente de proteínas, y sus múltiples funciones en un sistema de agricultura ecológica y saludable sean plenamente reconocidas y apreciadas, podremos hacer avances fundamentales para desmontar el triángulo de la carne y el pienso.

El Triángulo: La Evolución y el Futuro de la Agricultura Industrial Animal de los EE.UU., China y Brasil” es un documento de discusión que explora el ‘triángulo de la agricultura industrial’, vinculando a los tres jugadores más grandes del mundo en la industria de la carne (los EE.UU., China y Brasil). Este analiza la dinámica que configura este triángulo.

 

1. Beyond meatless, the health effects of vegan diets: findings from the Adventist cohorts, Lap-Tai Le and Joan Sabaté, 2014, Nutrients, 6:2131-2147. http://www.mdpi.com/2072-6643/6/6/2131
2. Slaughterhouses and Increased Crime Rates – An Empirical Analysis of the Spillover From “The Jungle” Into the Surrounding Community, Fitzgerald, A.J., L. Kalof, and T., Dietz. 2009, Organization & Environment, 22(2):158-184. http://oae.sagepub.com/content/22/2/158.abstract
3. Human Consequences of Animal Exploitation: Needs for Redefining Social Welfare, Matsuoka, A. and J. Sorenson, 2013, Journal of Sociology and Social Welfare, 40(4):7-32.

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Los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los bosques en Bolivia

Pablo Solon, Director Ejecutivo de la Fundación Solon

La perdida del Lago Poopó
De manera indignante, el segundo lago más grande de Bolivia se ha secado. Las causas de su desaparición son varias y complejas, pero entre ellas se destacan el incremento de la temperatura y el aumento en la frecuencia de desastres naturales como el fenómeno de El Niño, provocados por el cambio climático. El lago Poopó—que tenía una extensión de 2.337 km2 y una profundidad de 2.5 metros—es ahora un desierto con un par de charcos en el medio de máximo 30 centímetros de profundidad.

Lake Poopo

Imágenes satelitales del Lago Poopó tomadas en 2013 y 2015.
Observatorio de la Tierra en la NASA

Mientras que la temperatura global promedio subió 0.8ºC, en el lago Poopó ese incremento llegó a 2.5ºC. La desaparición del lago dejó atrás miles de peces y flamencos muertos. Algunos barcos pesqueros quedaron anclados en la tierra, y cientos de miembros de la comunidad que eran independientes y que por siglos se dedicaron a la pesca, hoy están enfrentando un futuro incierto y necesitan ayuda. Este es el verdadero rostro del cambio climático que se expande como un cáncer por todo el planeta.

¿Los bosques afrontarán el mismo destino?
Fue una gran alegría que el pasado 25 de Septiembre los gobiernos de 193 países en las Naciones Unidas aprobaran los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), incluyendo el ODS 15.2 que explícitamente plantea detener la deforestación en 2020.

Esto, finalmente, es una meta muy concreta y crucial. En 2014, 18 millones de hectáreas de bosques fueron destruidos a nivel mundial.[1] La pérdida de bosques, junto con la agricultura y los cambios en el uso del suelo, generan un 24% de las emisiones de gases de efecto invernadero que están calentando el planeta[2] y al parecer están agravando algunos fenómenos climáticos como El Niño.[3]

Sin embargo, tres meses más tarde, en la 21ava Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, los mismos gobiernos no incluyeron esta meta clave en el ‘Acuerdo de Paris’. Los países con altos índices de deforestación, como Brasil, Indonesia, Myanmar, Nigeria, Tanzania, Paraguay, Argentina y Bolivia, también fallaron en comprometerse a detener la deforestación en 2020 cuando enumeraron sus contribuciones nacionales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (Brasil y Bolivia solo plantearon la eliminación de la deforestación ilegal para el año 2020).

De hecho, en el caso de Bolivia, el documento de ‘contribución’ que fue oficialmente presentado en la COP 21 plantea la deforestación de tres millones de hectáreas de bosques nativos hasta el año 2030, lo cual viola totalmente el ODS 15.2 que fue aprobado unos meses atrás. No podemos dejar que lo que le pasó al Lago Poopó, ahora le pase a nuestros bosques.

De acuerdo con la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra de Bolivia (ABT), los incendios en matorrales, pastos y bosques se incrementaron en un 21% en el país en 2015, comparado con el año 2014: se presentaron 41,930 casos registrados en 2014, pero esta cifra se elevó a 51,419 en 2015. De acuerdo con la ABT, el 46% de estos incendios se produjeron en Santa Cruz y el 41% en Beni. Con respecto a las causas, la ABT afirma que el 41% de estos incendios fueron ocasionados por uso ganadero, un 38% ocurren en tierras forestales permanentes, áreas protegidas y reservas forestales, y un 15% en zonas agrícolas.[4]

Incendios de bosquesAún no tenemos un reporte de la cantidad total de hectáreas deforestadas en Bolivia durante 2015, sin embargo, no hay duda de que estas se han incrementado, ya que la deforestación promedio en 2013 fue de 163,000 hectáreas con un total de 41,347 incendios.

¿Reforestar? La verdadera alternativa es cero deforestación
La plantación de árboles es muy recomendable y todos tenemos que participar en la campaña boliviana ‘mi árbol’, pero es importante tener en cuenta que la deforestación en Bolivia está anulando estos esfuerzos.

Según el Ministerio de Medio Ambiente y Agua de Bolivia, se han sembrado un millón de plántulas hasta finales de 2015 (la plantación de especies no autóctonas sería ecológicamente destructivo, y las especies exóticas invasoras como el Eucalipto son la segunda causa más importante de pérdida de biodiversidad global después del cambio del uso de la tierra).

MillonesLa meta es plantar cinco millones hasta finales de 2016 cubriendo una superficie de 7,731 hectáreas. Todo suena bien, pero en realidad esto es menos del 5% de la superficie de bosque destruido en 2013. También hay que añadir que estos millones de plántulas tendrán que ser cuidadosamente nutridas durante los próximos 10-20 años para que puedan sobrevivir y, aun cuando alcancen su madurez, estas nunca compensarán la exuberante biodiversidad perdida en los bosques que han sido destruidos.

La propuesta de reducción de emisiones de Bolivia indica que para compensar la deforestación de las 3 millones de hectáreas, se plantarán 4.5 millones de hectáreas de plántulas sólo con esfuerzos nacionales. Este documento señala que con el apoyo de la cooperación internacional, Bolivia podría tener reforestadas un total de 6 millones de hectáreas en 2030. Para la parte nacional del proyecto, más de 250 millones de plántulas deben ser sembradas cada año hasta 2030, a un costo total de US$ 4,500 millones de dólares, que son equivalentes a dos terceras partes de la actual deuda externa de Bolivia.

No podemos engañarnos a nosotros mismos. Incluso si se trata de una genuina restauración de los bosques, la reforestación de 4.5 millones de hectáreas hasta 2030 nunca será realidad en Bolivia. El gobierno simplemente está diciendo que va a reforestar 4.5 millones de hectáreas para distraernos del hecho de que la deforestación de 3 millones de hectáreas será catastrófico para los bosques restantes, las comunidades indígenas y las diversas áreas que se verán expuestas a fenómenos extremos como inundaciones y sequías como consecuencia.

También será muy perjudicial para el cambio climático a nivel mundial, ya que significa que alrededor de 1,500 millones de toneladas de dióxido de carbono se liberarían a la atmósfera. Es fundamentalmente importante tener en cuenta que incluso si ésta se diera, la restauración forestal es un proceso lento, que toma tiempo y es muy costoso, el cual no puede simplemente compensar la deforestación, y no compensaría de inmediato las emisiones de gases de efecto invernadero perdidas a través de la deforestación.

Podemos alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 15.2
Tenemos que cumplir con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 15.2 en Bolivia, así como en otros lugares. La deforestación debe detenerse para el año 2020.

Para lograr esto debemos:

  • dejar de promover la expansión de la frontera agrícola para grandes exportadores agroindustriales de materias primas transgénicas, carne y otros productos básicos
  • dejar de apoyar los proyectos extractivos en los parques nacionales de Bolivia y las áreas protegidas
  • aplicar multas y otras sanciones importantes por la deforestación ilegal
  • asegurar que los propietarios de las tierras respeten la ley de Bolivia sobre los derechos de la Madre Tierra (lo que implica cuidar la biodiversidad, el suelo y los bosques que se encuentran en sus tierras, así como explotarlos)
  • promover proyectos agroforestales, y
  • recuperar tierras desertificadas.

Finalmente, es importante anotar que podemos garantizar la soberanía alimentaria de todos los bolivianos sin perder más bosques—pero aun si quemáramos todos nuestros bosques, jamás podríamos satisfacer la agroindustria, porque está en la naturaleza de este tipo de empresas obtener beneficios y continuar creciendo sin descanso. Cada vez se exigirá más tierra si seguimos por este camino.

 

1. New global data finds tropical forests declining in overlooked hotspots, World Resources Institute, 2 de Septiembre de 2015, http://www.wri.org/news/2015/09/release-new-global-data-finds-tropical-forests-declining-overlooked-hotspots
2. Global greenhouse gas emissions data, US Environmental Protection Agency, webpage as at 17 de Febrero de 2016, http://www3.epa.gov/climatechange/ghgemissions/global.html
3. El Niño: why predictable climate event still has the scientists guessing, Tim Radford, The Guardian, 30 de Diciembre de 2015, http://www.theguardian.com/environment/2015/dec/30/el-nino-climate-change-scientists-pacific-ocean-weather
4. Reporte nacional de focos de calor gestión 2015, Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierras, Diciembre de 2015, http://abt.gob.bo/images/stories/FocosCalor/2015/12-2015/PresentacionFocosCalor%20_Diciembre_2015.pdf

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El consumo en Rusia de productos ganaderos producidos de forma insostenible contribuye al cambio climático

Por Svetlana Abramovich, Amigos de los Bosques Siberianos, Rusia

La demanda de productos de origen animal está aumentando rápidamente en todo el mundo. En 2050, se espera que el consumo de carne y productos lácteos aumente en un 76 por ciento y un 65 por ciento, respectivamente, en contraste con el punto de referencia de 2005-07, comparado con un 40 por ciento para cereales.[1] Este crecimiento constante del consumo de carne no puede ocurrir sin tener un impacto en la ecología y en nuestro clima.

En la Federación de Rusia, como resultado del incremento en los ingresos de los consumidores, el consumo de carne ha ido en aumento desde finales de 1990. Entre 2005 y 2010, el consumo per cápita de todas las carnes y productos cárnicos aumentó en un 22 por ciento hasta llegar a 64 kg por persona por año. El Gobierno de Rusia, en su ‘Estrategia de Desarrollo de Producción Ganadera en la Federación de Rusia hasta 2020’, pronostica que la producción total de todos los tipos de carne alcanzará 9.6 millones de toneladas y el consumo interno se incrementará en 9.9 millones de toneladas para el año 2020.[2]

Adicionalmente a que las personas en Rusia gastan más de sus ingresos en estos productos, la urbanización está creciendo y los patrones de consumo de alimentos están cambiando. La gente está comiendo afuera con más frecuencia, y está comprando grandes cantidades de comidas rápidas y comida preparada, que por lo general incorporan productos cárnicos.

Este aumento en el consumo de carne podría ser bueno para el país en términos económicos, si no fuera por las graves consecuencias que puede traer—tanto para el pueblo ruso como para la situación ecológica en todo el mundo. Existen problemas muy conocidos sobre los impactos negativos de la carne y los productos lácteos en la salud humana (por ejemplo, debido a la grasa y el colesterol, y porque las carnes producidas industrialmente también pueden contener drogas tales como hormonas, residuos de pesticidas y productos químicos, incluyendo fertilizantes y PCBs, y parásitos y bacterias). Pero aquí me gustaría llamar su atención sobre otro tema crítico: la influencia del ganado en el cambio climático.

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Mercado de carne en Rusia. Alexander Levin/Flickr

 

El consumo humano de carne y productos lácteos es actualmente un gran impulsor del cambio climático. Se estima que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) asociadas con su producción representan más del 14.5 por ciento del total mundial. El ganado representa alrededor del 65 por ciento de las emisiones del sector ganadero. En cuanto a las actividades, las principales fuentes de emisión son la producción y el procesamiento de forraje, incluyendo el cambio en el uso del suelo (45 por ciento del total del sector), la fermentación entérica de los rumiantes (39 por ciento), y el almacenamiento y procesamiento de estiércol (10 por ciento).[3] El estiércol y los fertilizantes utilizados en la producción de cultivos forrajeros se usan comúnmente en Rusia.

Otro vínculo entre el consumo de carne y el cambio climático es el aumento de la demanda de alimentos para animales de alto valor proteico, lo que hace que Rusia sea cada vez más dependiente de las importaciones de soja de otros países, donde el cultivo es usualmente genéticamente modificado (GM).[4] Por ejemplo, los datos de FAOSTAT muestran que Rusia importó 1,145,155 toneladas de soja en 2013. De hecho, los datos muestran un importante ascenso. Entre 2000 y 2006 el mayor volumen de importación registrado fue tan sólo de 64,000 toneladas (en 2002). Las importaciones comenzaron a aumentar abruptamente en 2007.[5]

Rusia es ahora el principal importador mundial de soja transgénica, especialmente de América Latina, donde casi la totalidad de los extensos campos de cultivos son modificados genéticamente y son tratados con uno o más pesticidas químicos. Esto tiene implicaciones directas en términos de cambio climático. La agricultura industrial es un factor clave del cambio climático. Esta produce metano, dióxido de nitrógeno y dióxido de carbono;[6] y la agricultura, silvicultura y otros cambios en el uso de la tierra son responsables del 24% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero.[7]

Супермаркет Карусель

Estantería de un supermercado. Moscow-Live.ru/Flickr

Por otra parte, en los países latinoamericanos, como Paraguay, muchos bosques son talados con el fin de establecer nuevos ranchos de ganado o cultivos de soja transgénica.[8] Estas altas tasas de deforestación contribuyen al cambio climático mediante la eliminación de los bosques, que absorben dióxido de carbono de la atmósfera, y por la liberación de dióxido de carbono también (por ejemplo, de los suelos forestales). De este modo, mediante el apoyo a la producción de cultivos forrajeros para animales, especialmente transgénicos, Rusia contribuye indirectamente al cambio climático.

El problema de la reducción de emisiones derivadas de los productos ganaderos producidos de forma insostenible fue discutido durante la Conferencia del Clima de la COP 21 en París en Diciembre de 2015. En el marco de la cumbre, una empresa estadounidense propuso una solución en la forma de una ‘hamburguesa imposible’. Hecha totalmente de las plantas, que pretende lograr un aspecto y un sabor idéntico al de la carne de res y que produzca un olor similar cuando se cocine en la parrilla. Por otra parte, una delegación de la Fundación Budista Tzu Chi promovía el 11 de Enero de 2016 como el ‘Día Sin Carne’. Ellos piensan que un solo día sin carne puede ayudar a que la gente tome conciencia acerca de los problemas ambientales, de salud y éticos que giran en torno a la carne, y que tal vez esta tendencia puede crecer.[9]

Un informe sobre la problemática de la producción ganadera y sus impactos sobre el cambio climático ha sido publicado por miembros de la Coalición Mundial por los Bosques.[10] Este hace énfasis en la influencia negativa que el consumo de productos insostenibles tiene sobre el cambio climático y la necesidad urgente de resolver, o al menos prevenir, una nueva escalada de este problema.

Микояновский мясокомбинат

Planta procesadora de carne en Rusia. Moscow-Live.ru/Flickr

En cuanto a Rusia, hay que decir que este problema escasamente se discute en los medios o en los círculos gubernamentales. Por desgracia, como en muchos otros países, el gobierno ruso no da mucha importancia a la cuestión, centrándose más (pero tampoco lo suficiente) en la reducción de emisiones de dióxido de carbono en la industria, en lugar de centrarse en las dietas de las personas. Con suerte, después de la Conferencia del Clima de 2015 se le dará una mayor importancia a esta problemática y Rusia será más activa y vigorosa en las cuestiones relacionadas con el cambio climático.

En mi opinión, las intervenciones para reducir las emisiones deben provenir principalmente de las iniciativas del gobierno y deben estar basadas en tecnologías y prácticas que mejoren la eficiencia en la producción al nivel de los animales y su rebaño. Esto podría incluir el uso de alimentos de mejor calidad (en especial alimentación no OGM) y equilibrados para reducir las emisiones entéricas y del estiércol. El sector agrícola de Rusia también debería minimizar el uso de fertilizantes y reducir al mínimo las importaciones de cultivos forrajeros transgénicos y de carne proveniente de América Latina.

Sin embargo, estas acciones por sí solas no serán suficientes. También debe haber un cambio en el comportamiento humano hacia la carne y los productos lácteos. Una dieta equilibrada al reducir el consumo de carne y productos lácteos, y comer más legumbres, frutas y verduras es un paso importante hacia la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esta no es una posición vegetariana radical; es sólo un argumento acerca de comer carne en cantidades razonables como parte de una alimentación sana y equilibrada. Esto sería beneficioso para el clima y también reduciría la incidencia de enfermedades relacionadas con la carne, como la enfermedad cardíaca. Una mejora en la educación alimentaria es un paso importante para fomentar hábitos alimenticios saludables y la sostenibilidad ambiental, y debe ser considerada al nivel individual, social y gubernamental.

 

1. Livestock–Climate Change’s Forgotten Sector, Global Public Opinion on Meat and Dairy Consumption, Research Paper, Bailey R, Froggatt A, Wellesley L, Energy, Environment and Resources, 2013. https://www.chathamhouse.org/sites/files/chathamhouse/field/field_document/20141203LivestockClimateChangeBaileyFroggattWellesley.pdf
2. Russian Federation: Meat sector review. Prikhodko D, Davleyev A, Food and Agriculture Organization, 2014, http://www.fao.org/3/a-i3533e.pdf
3. Key facts and findings (GHG emissions by livestock), Food and Agriculture Organization, http://www.fao.org/news/story/en/item/197623/icode/
4. Crops—Russian Federation—Soybeans—2000-2013—Imports, FAOSTAT, Food and Agriculture Organization of the United Nations, 2011, http://faostat3.fao.org/browse/T/TP/E
5. Sources of greenhouse gas emissions, US Environmental Protection Agency, consultado el 17 de Febrero de 2016, http://www3.epa.gov/climatechange/ghgemissions/sources/agriculture.html
6. Global greenhouse gas emissions data, US Environmental Protection Agency, consultado el 17 de Febrero de 2016, http://www3.epa.gov/climatechange/ghgemissions/global.html
7. The Environmental and Social Impacts of Unsustainable Livestock Farming and Soybean Production in Paraguay: A Case Study, Lovera M, 2014, https://globalforestcoalition.org/wp-content/uploads/2014/05/paraguay_case_study_final-compressed-1.pdf
8. Russian Soybean Meal Demand Seen Rising on Poultry Growth, McFerron W, 2013, http://www.bloomberg.com/news/articles/2013-01-15/russian-soybean-meal-demand-seen-rising-on-poultry-growth
9. Paris climate change summit and the taboo of meat-eating, Euronews, Diciembre de 2015, http://www.euronews.com/2015/12/09/paris-climate-change-summit-and-the-taboo-of-meat-eating/
10. The Environmental and Social Impacts of Unsustainable Livestock Farming and Soybean Production in Paraguay, Global Forest Coalition (GFC), Mayo de 2014, https://globalforestcoalition.org/wp-content/uploads/2014/05/Impacts-Soy-Cattle-3-ML-11.pdf. También revisa la página web de la Coalición Mundial por los Bosques acerca de la ‘Producción ganadera insostenible’: https://globalforestcoalition.org/campaigns/unsustainable-livestock-production/

Bobby Morgan checking broiler hens in one of his chicken houses in Luling, Texas.

Granja de gallinas de engorde, Texas, EE.UU., Bob Nichols para USDA/Flickr