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Desde Bali a Buenos Aires: Una Economia para la vida

5 Dec, 2017
Posted in Blog, Life as Commerce, Rights, Trade and Investment

“Fuera OMC – Construyendo Alternativas”

El presente documento surgió durante la Semana de Acción #EndWTO paralela a la 9ª Ministerial de la Organización Mundial de Comercio en Bali, Indonesia, diciembre de 2013. Este proceso de construcción colectiva fue liderado por los Movimientos Sociales para una Asia Alternativa (SMAA), Gerak Lawan, la Vía Campesina y los partidarios de la Campaña #EndWTO.

Muchas propuestas resumidas en este documento de Economía para la Vida se basan en alternativas y experiencias concretas que a diferentes niveles y en diferentes regiones se plantean como el Buen Vivir, la defensa de los bienes comunes, la Transición Justa, los derechos de la Madre Tierra/los derechos de la Naturaleza, la soberanía alimentaria, la prosperidad sin crecimiento, la desglobalización, el índice de felicidad, los deberes y los derechos de las generaciones futuras, el Acuerdo de los Pueblos de Cochabamba y otros.

El borrador de este documento fue circulado previamente y luego presentado, discutido y debatido extensamente por 700 representantes de movimientos sociales de todo el mundo en la Asamblea de Justicia Económica en la Semana de Acción #EndWTO en diciembre de 2013. En la construcción de esta propuesta participaron jóvenes, campesinos, trabajadores, pescadores, migrantes, guerreros del agua, activistas por la justicia climática, activistas de justicia económica, mujeres y muchos otros de todo el mundo. Este es un documento “vivo” que está abierto a las discusiones, cuestionamientos y aportes de todos.

El documento original en ingles lo encuentran en https://systemicalternatives.org/2014/04/23/economy-for-life-in-our-earth-community/

Economía para la vida en nuestra comunidad de la Tierra

LA PESADILLA

El sistema capitalista está ahogando a la humanidad y la naturaleza en el caos y la desesperación. En el siglo pasado, este sistema basado en el crecimiento sin fin y la acumulación de capital para unos pocos ha sobrepasado la capacidad de regeneración del sistema de la Tierra. Hoy la humanidad usa el equivalente a 1.5 planetas cada año, pero en realidad solo el 0.7% de la población adulta mundial controla el 41% de la riqueza mundial, mientras que el 68.7% tiene sólo el 3%.

La extrema desigualdad a todos los niveles y la destrucción de nuestro hogar son los dos principales impactos de este sistema impulsado por la lógica del capital. Los capitalistas buscan maximizar sus ganancias sobreexplotando a otros humanos y a la naturaleza. Permanentemente buscan lugares y formas de obtener más ganancias tratando de mercantilizar y privatizar todo, inventando nuevas áreas para negocios especulativos, promoviendo la financiarización de la naturaleza, manipulando los tipos de cambio, especulando con los alimentos, promoviendo más acuerdos de libre comercio que puedan incrementar sus ganancias. La concentración de la riqueza no es sólo un problema de la codicia de los ricos sino un resultado de la lógica del capital.

Las reglas del “libre comercio” que determinan que cada país debe especializarse en lo que mejor pueden hacer según sus “ventajas comparativas” es la expresión de la lógica del capital y solo ha creado economías atrofiadas: economías orientadas a la exportación que terminan siendo monopolizadas por muy pocas corporaciones transnacionales y que lleva a la incubación de todo tipo de crisis. Los exportadores buscan reducir costos, deprimir los salarios, socavar los beneficios sociales, apoderarse de los recursos naturales y cuando no pueden continuar con esto, se mudan a otro país y dejan sólo desolación y destrucción. Este es el objetivo del libre comercio: liberar a las transnacionales de toda regulación para permitirles moverse libremente a través de las fronteras y aumentar sus ganancias.

La expansión del capital crea nuevos procesos y nuevas formas de colonización en diferentes niveles: a través de intervenciones militares, violencia, exterminio de grupos sociales y culturales, reglas de libre comercio, préstamos condicionales, apropiación de recursos, medios de comunicación manipuladores, alienación cultural y otros. Hoy el mundo está siendo remodelado por las potencias imperialistas y sub-imperialistas emergentes que usan su fuerza militar y/o su economía para dominar a otros países y regiones.

No hay posibilidad de arreglar el sistema capitalista para servir a la humanidad y la naturaleza. Un “capitalismo sostenible” o un “desarrollo sostenible” bajo la lógica del capital es un espejismo. Cuanto más tarde podamos lograr la transformación de este sistema será más doloroso. Un paso clave en este proceso de movilizaciones y organización social es profundizar nuestra comprensión de las alternativas al sistema capitalista. Con este objetivo, los representantes de los movimientos sociales de Asia y diferentes partes del mundo celebramos una Asamblea por la Justicia Económica en Bali, Indonesia, en diciembre de 2013, durante la semana de acción #EndWTO, y adoptamos este documento “vivo” que refleja nuestros debates y representa una contribución a la construcción de alternativas que nos pueden sacar de esta pesadilla.

LA VISIÓN

Nuestra visión es construir una eco-sociedad donde exista justicia y equidad entre los humanos y armonía con la naturaleza. Visualizamos una economía que se base en el reconocimiento de que los humanos somos parte y no estamos por encima de la naturaleza. El futuro depende de nuestra capacidad para recuperar nuestra humanidad y preservar los ciclos vitales del sistema de la Tierra.

Para lograr este objetivo, la humanidad necesita un nuevo tipo de sistema y economía que tenga en su corazón los derechos humanos y los derechos de la naturaleza. Una economía para la vida en nuestra comunidad de la Tierra que supere el sistema capitalista, patriarcal, productivista y extractivista que trata a la naturaleza y a los humanos como objetos para la explotación.

Los seres humanos somos custodios y no dueños de la Madre Tierra. Los ríos, los glaciares, las montañas, el mar, los bosques, la biodiversidad tienen derecho a vivir, a existir, a regenerarse, a estar libres de contaminación, a interactuar y preservar su integridad. Para nuestra subsistencia, los humanos necesitamos y podemos servirnos de la naturaleza pero esto tiene que hacerse respetando sus ciclos vitales. Podemos cortar un árbol pero no destruir un bosque entero; podemos alimentarnos con plantas y animales sin exterminar las diferentes especies; podemos usar tecnologías para facilitar nuestra vida sin afectar la integridad de la naturaleza. En otras palabras, la actividad económica humana nunca debe ir más allá de los límites, la capacidad de regeneración y los ciclos vitales de la naturaleza. Esta es la esencia de los derechos de la naturaleza.

La humanidad solo puede florecer con la plena implementación de los derechos humanos para todos: los derechos económicos, sociales y culturales; los derechos civiles y políticos; los derechos de las mujeres, niños y ancianos; y los derechos de los pueblos indígenas, campesinos, trabajadores, migrantes, pescadores, artistas y de todas las comunidades.

La Economía para la Vida es una economía donde las necesidades fundamentales de cada ser y de la Madre Tierra están garantizadas para promover la creatividad, la humanidad y la felicidad de vivir. Donde la solidaridad, la complementariedad, la diversidad, la paz y el bienestar de la comunidad de la Tierra han reemplazado la codicia, la ambición, la competencia, el individualismo, la discriminación, la violencia y la destrucción de nuestra Madre Tierra generadas por la lógica del capital.

LA TRANSICIÓN

Para lograr una Economía para la Vida, necesitamos tomar varias medidas a diferentes niveles:

Redistribución y complementariedad

Reemplazar el paradigma del desarrollo por el paradigma de la redistribución y la equidad. Para abordar las necesidades básicas de más de la mitad de la población mundial y poner fin a la interrupción de los ciclos vitales del sistema de la Tierra, las economías mundiales y nacionales tienen que redistribuir la riqueza para reducir las asimetrías respetando los límites de la naturaleza. Algunos sectores y países aún necesitan mejorar su bienestar, mientras que otros deben reducir su consumo excesivo y su derroche. El bienestar para todos solo será sostenible cuando compartamos lo que es posible y disponible. El verdadero desafío no es solo eliminar la pobreza sino, lo que es aun más importante, eliminar la concentración de la riqueza y el poder en pocas manos y lograr una justicia económica y social basada en los derechos de todos.

Tomar el control, de manera democrática y consciente, de los principales medios de producción, finanzas y comercio y establecer mecanismos de complementariedad, solidaridad y redistribución que penalicen la sobreacumulación de la riqueza y la destrucción de los ecosistemas.

Promover una relación cada vez mas cercana entre los productores de bienes, los proveedores de servicios y todas las personas, impulsando la autogestión, la auto-emancipación, la solidaridad y la interacción social en armonía con la naturaleza. Cuanto más estrecha sea la relación entre producción y consumo, más posible será desarrollar el control democrático y la participación de las personas en la economía. Por lo tanto, necesitamos promover la producción local y el consumo local de bienes duraderos para satisfacer las necesidades fundamentales de las personas y evitar el transporte de bienes que pueden producirse localmente.

Terminar el sistema de consumo excesivo, lujo y derroche que es promovido por las grandes corporaciones y transnacionales. La Economía para la Vida no busca vender más para crear consumidores adictos sino satisfacer las necesidades fundamentales y de calidad de todas las personas con bienes duraderos que usen menos recursos naturales y sean reutilizados o reciclados, adoptando enfoques de cero desechos. La publicidad tiene que estar bajo el control de la sociedad para detener el consumo excesivo.

Transformar el comercio en un vehículo para la complementariedad y no para la competencia y la ganancia. El comercio debe guiarse por la necesidad de las personas y no por la codicia de las transnacionales, intercambiando en el mercado lo que produce una comunidad, región o país en exceso, después de satisfacer sus necesidades locales o adquiriendo aquello que no pueden producir localmente. Esto implica dar prioridad al valor de usode todos los bienes producidos sobre su valor de cambio. Para lograr esto, las reglas comerciales deben ser asimétricas: más beneficiosas para los más débiles y más exigentes para los más fuertes. El mundo de hoy es extremadamente desigual. Aplicar reglas uniformes en esta realidad solo beneficia a aquellos que tienen más poder. El “trato especial y diferenciado” no es suficiente en absoluto. Los acuerdos comerciales deben ser asimétricos, permitiendo a las economías más pequeñas y desfavorecidas utilizar diferentes medidas comerciales para atender las necesidades de su población más marginada. Para ello se deben poder aplicar varias medidas como ser:

  • reintroducir aranceles e impuestos sobre importaciones de bienes de lujo y otros bienes que ya se producen localmente para apoyar la producción domestica, aumentar los ingresos fiscales del Estado y reducir el agotamiento de la naturaleza.
  • restringir las exportaciones e importaciones, imponer impuestos a la exportación, aumentar los aranceles y otorgar subsidios e incentivos para la producción de bienes locales, duraderos y de bajo consumo de recursos.
  • estimular a las pequeñas y medianas empresas locales, las cooperativas y las empresas sociales de diferentes sectores a través de programas y políticas de compras gubernamentales.
  • eliminar los capítulos de agricultura, agua, educación, salud, comunicación, financiamiento, propiedad intelectual, compras gubernamentales, inversión, mecanismos de resolución de controversias entre inversores y Estados y otros de todos los acuerdos comerciales para que los Estados y las sociedades tengan la libertad y el espacio necesario para definir las políticas más adecuadas para su población y la naturaleza.
    Los mercados deben servir para intercambiar lo que se necesita para el beneficio común de la comunidad de la Tierra.

La sociedad debe poseer y controlar democráticamente el sistema financiero. Establecer mecanismos de control internacionales, permanentes y vinculantes sobre los flujos de capital. Implementar un sistema monetario internacional basado en un nuevo sistema de reservas, que incluya la creación de monedas regionales para poner fin a la supremacía actual del dólar y garantizar la estabilidad financiera internacional. Socializar el dinero que actualmente está bajo el control de los Bancos Centrales que responden a los intereses privados y no a las demandas sociales. Implementar un mecanismo mundial de control por parte de los estados y los ciudadanos sobre los bancos y las instituciones financieras. Prohibir los “hedge funds” (fondos de inversión libre), fondos de productos derivados y otros productos tóxicos financieros. Crear instituciones bancarias basadas y controladas por la gente. Fortalecer las formas populares existentes de préstamos basados en la mutualidad, las cooperativas y la solidaridad. Institucionalizar la transparencia total dentro del sistema financiero mediante la apertura de los libros al público. Priorizar préstamos a tasas bajas de interés que sean definidas a través de procesos democráticos para satisfacer las necesidades sociales y ambientales.

Establecer impuestos progresivos a la ganancia como medio de redistribución y para terminar con la concentración de la riqueza en pocas manos. Estas medidas deberían incluir la eliminación de los paraísos fiscales y el establecimiento de impuestos a los movimientos de capital, a los altos ingresos, a los bienes de lujo, a las transacciones financieras, a los combustibles fósiles y a otras actividades contaminantes.

Promover procesos de construcción participativa de presupuestosen todos los niveles y sectores para distribuir los impuestos y los ingresos del estado y la sociedad garantizando la satisfacción de las necesidades de todas las personas.

Anular la deuda externa de los países que fue impuesta a los pueblos para beneficio de intereses corporativos y privados. Establecer sistemas de préstamos justos, responsables, democráticos y soberanos que beneficien a la gente y a la naturaleza. Abolir las condicionalidades que imponen los prestamos y la “ayuda” y garantizar el derecho soberano de las personas a decidir. Los gobiernos y los Estados no deben asumir la responsabilidad de las deudas de las grandes corporaciones y bancos.

Equidad

Desmantelar el poder de las Corporaciones Transnacionales para lograr equidad y justicia en el mundo. Para forjar un mundo sin transnacionales debemos poner en marcha varias medidas para limitar su poder, detener su colusión con los gobiernos y poner fin a su impunidad. Estas medidas deben incluir:

  • reducir y eliminar su poder: limitar su tamaño, aumentar sus impuestos, establecer medidas contra la manipulación de los precios, controlar sus actividades especulativas y oligopólicas, nacionalizar y socializar las corporaciones para colocarlas bajo el control democrático de la población y permitir el surgimiento de pequeños y medianos actores económicos.
  • poner fin a su colusión con los gobiernos: establecer mecanismos fuertes e independientes de regulación, transparencia y rendición de cuentas de los funcionarios estatales y representantes corporativos; promover la participación social en los procesos de regulación; transformar el Estado y la democracia para que este en función de los pueblos.
  • poner fin a su impunidad: incluir los crímenes de las corporaciones en nuestro sistemas judiciales; aprobar códigos y tratados vinculantes a nivel internacional; establecer tribunales internacionales y regionales para juzgar y castigar las violaciones ambientales y de derechos humanos de las corporaciones.

Devolver a la sociedad la propiedad privada que ha sido apropiada por élites, transnacionales, grandes bancos y corporaciones nacionales y sub-nacionales. Re-direccionar el gasto público para garantizar ingresos básicos, seguridad social y financiar proyectos para los pueblos y la naturaleza. Detener los rescates y subsidios gubernamentales a los bancos y grandes empresas, y por el contrario apoyar a quienes están perdiendo sus casas, terrenos, talleres y pequeñas empresas.

Democratizar la gestión de las empresas públicas. Promover la colaboración entre los administradores, los trabajadores, los sindicatos y las organizaciones sociales y de consumidores para un gestión participativa y sancionar las prácticas de corrupción y nepotismo.

Justicia social

Defender y garantizar los derechos de las personas más marginadas por el sistema capitalista y neocolonial: mujeres, indígenas, campesinos, migrantes, trabajadoras domésticas, ancianos, comunidad LGBT, minorías culturales o incluso mayorías que han sido desplazadas por los más poderosos. Garantizar los derechos de los pueblos indígenas, incluyendo el derecho sobre su tierra, sus territorios y la consulta libre, previa e informada. Terminar con la criminalización, exclusión y expulsión de migrantes. Todos somos seres humanos con los mismos derechos humanos universales. En la mayoría de los casos, las fronteras entre los países responden a los intereses de los antiguos colonizadores y las élites emergentes. Todos compartimos un destino común en la comunidad de la Tierra y el establecimiento de murallas degrada la condición humana. El principal patrimonio de la humanidad es su diversidad cultural.

Rechazar la mercantilización, explotación y cosificación sexual de las mujeres. Respetar los derechos de las mujeres, la autonomía de los cuerpos de las mujeres y abolir todas las formas de violencia contra las mujeres: acoso sexual, violación, prostitución, violencia en las relaciones íntimas, homofobia, infanticidio femenino, asesinatos por dotes insuficientes, pornografía y tráfico sexual. Desmantelar la división del trabajo según géneros. Igualdad de oportunidades para las mujeres en relación a los hombres. Igual salario por igual trabajo. Los hombres tienen que compartir la responsabilidad del cuidado de los niños, las tareas domésticas y el cuidado de los enfermos y las personas adultas mayores. Las mujeres tienen derecho a la copropiedad y la cogestión de la tierra y la producción. La ecología y el feminismo son componentes claves de la nueva sociedad por la cual luchamos.

Tratar la comida y el agua como necesidades esenciales para nuestra supervivencia y no como simples productos básicos. No se debe permitir el acaparamiento de tierras ni la privatización de los recursos naturales a través de leyes, contratos de inversión y regímenes de propiedad intelectual. Debe prohibirse el uso de agro tóxicos, semillas genéticamente modificadas y el uso de alimentos como combustibles para automóviles. Promover la agricultura comunitaria y a pequeña escala en lugar de las grandes agroindustrias para la exportación. Rechazar la agricultura por contrato porque fomenta la integración vertical de la agricultura y deja a los pequeños agricultores locales dependientes de las corporaciones agrícolas para la obtención de semillas y la comercialización de sus productos agrícolas. Fomentar y expandir la agroecología que ya se está haciendo en muchos países para contrarrestar el uso de fertilizantes químicos y el poder corporativo. Los derechos de pesca de los pequeños pescadores deben protegerse y los lugares de pesca no deben privatizarse. El fortalecimiento de las economías campesinas e indígenas es clave para garantizar la producción de alimentos, satisfacer las necesidades nutricionales y culturales de las comunidades locales, reducir la contaminación y enfriar nuestro planeta. Todas las formas de especulación sobre los alimentos y el agua deben ser prohibidas y castigadas. Hay que poner un alto a la presencia de compañías mineras y centrales hidroeléctricas que desplazan a personas y comunidades, privan del acceso a la tierra a las poblaciones locales y afectan a la producción de alimentos.

Promover la soberanía alimentaria para garantizar el derecho humano a la alimentación y al agua. La soberanía alimentaria promueve la producción de alimentos por campesinos, pueblos indígenas y pequeños productores agrícolas; garantiza el acceso a la tierra, al agua, las semillas, al crédito y a otros recursos para la producción familiar y comunitaria; desarrolla empresas sociales y públicas para la producción y distribución de alimentos, evitando el acaparamiento de los mismos y contribuyendo a la estabilidad de los precios de los alimentos en los mercados nacionales; garantiza el derecho de los ciudadanos a definir y saber qué consumen, cómo se producen sus alimentos y de donde vienen; asegura el derecho a una alimentación sana, variada y nutritiva; destaca el derecho de consumir lo que es necesario y prioriza la producción local; promueve prácticas que contribuyen a restablecer la armonía con la naturaleza, evitando una mayor desertificación, deforestación y destrucción de la diversidad biológica, y apoya el uso de semillas indígenas y el conocimiento tradicional.

Promover el pleno empleo, la seguridad en el empleo y condiciones de trabajo dignas rompiendo con la lógica del capital y la ganancia. Trabajo digno donde no exista discriminación contra las mujeres y la comunidad LGBT. En la sociedad hay necesidad de trabajo y existen los recursos suficientes para pagar salarios decentes si terminamos la concentración de la riqueza en pocas manos. La ideología de que el empleo solo es posible a través del crecimiento y el “desarrollo” es una mentira para mantener a los trabajadores atados al sistema. La introducción de nuevas tecnologías y máquinas puede beneficiar a los trabajadores reduciendo sus horas de trabajo si la economía produce bienes para las personas y no para la competencia y la ganancia. La seguridad social y los beneficios sociales se pueden fortalecer si el objetivo no es reducir los costos de producción para obtener nuevos mercados. Es necesario fortalecer las cooperativas y las pequeñas y medianas empresas de las comunidades. Una forma de promover el pleno empleo es alentar la compra de productos locales de los productores y mercados locales.

Detener y revertir el vaciado de las zonas rurales y el desplazamiento de campesinos y pequeños pescadores a las metrópolis ingobernables. Implementar una mejor planificación del uso de la tierra para que las tierras agrícolas no se conviertan fácilmente en propiedades comerciales o inmobiliarias. Asegurar el acceso a la tierra, especialmente para las mujeres. El capitalismo promueve el desplazamiento de campesinos y pequeños agricultores para crear mano de obra más barata, se apropia de sus recursos naturales y los transforma en consumidores adictos. Las sociedades que tienen un mayor equilibrio entre las áreas urbanas y las áreas rurales son más resilientes y sostenibles. Para proteger a las personas sin tierra y a los campesinos indígenas, es fundamental garantizar medios de vida sostenibles en las áreas rurales, promover la soberanía alimentaria, y expandir los servicios básicos a las áreas rurales bajo control público y comunitario.

Preservar y recuperar como servicios públicos esenciales a la salud, la educación, el agua potable, el saneamiento, el transporte y la comunicación frenando y revirtiendo los procesos de privatización a través de modalidades como las llamadas asociaciones público-privada (PPP) y las disposiciones del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) de la OMC. Estos bienes comunes deben estar bajo el control de la sociedad para garantizar servicios de buena calidad, accesibles y asequibles. No debe haber patentes de medicamentos. El transporte público debe dominar sobre el transporte privado no sostenible. Los monopolios de los medios de comunicación deben ser desmantelados para promover el acceso y la participación de los sectores más marginados. La democratización y el control social de los medios de comunicación es esencial para revertir el consumismo, fortalecer la democracia y promover la diversidad cultural y la creatividad.

Justicia para la Tierra

Alejarse de la economía contaminante de los combustibles fósiles y del modelo extractivista de producción. ¡Dejar el petróleo en el suelo, el carbón en el hoyo, y las arenas bituminosas en la tierra! Para evitar niveles catastróficos de cambio climático más de dos tercios de las reservas de combustibles fósiles conocidas deben dejarse bajo la tierra así como debajo del fondo del océano. Debe prohibirse toda nueva exploración y explotación de petróleo, arenas bituminosas, pizarra bituminosa, carbón, uranio y gas natural. La energía nuclear es una opción peligrosa y las plantas existentes deben desmantelarse.

Nacionalización y control por parte de la sociedad del sector energético para desmantelar su componente sucio a la vez que se promueven formas renovables de energía limpia gestionadas por las comunidades. Descentralización de la generación y distribución de energía bajo el control de las comunidades locales para reducir el desperdicio de energía, promover fuentes de energía renovables y terminar megaproyectos que dañan los ecosistemas. Todos deben tener acceso a energía limpia sostenible y participar de su gestión democrática. La nacionalización de industrias debe conducir a la diversificación de la producción y no a perpetuar el círculo vicioso de la extracción para la exportación que destruye a la Madre Tierra.

Uso de diversos métodos de producción y cosecha agroecológicos que preservan las funciones de los ecosistemas y mejoran la resiliencia y la adaptación frente al cambio climático. Rechazar los métodos de industrialización de uso intensivo de energía y otros recursos que dañan el medioambiente y contribuyen al calentamiento global.

Establecer regulaciones y sanciones contra las industrias que destruyen y contaminan el medio ambiente. Los recursos que los humanos toman de la Madre Tierra no pueden ser en una escala o mediante medios de producción, mercantilización o tecnologías que destruyen los ecosistema y eliminan especies enteras de la biodiversidad. En nuestra Madre Tierra hay suficiente para toda la humanidad si respetamos sus ciclos vitales y aprendemos a vivir en armonía con la naturaleza.

Rechazar la mercantilización, la financiarización y la privatización de las funciones de la naturaleza a través de la llamada “economía verde” que pone un precio a la naturaleza y crea nuevos mercados derivados que solo aumentarán la desigualdad y acelerarán la destrucción de la naturaleza. La iniciativa REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Forestal), la agricultura climáticamente inteligente, el carbono azul, las compensaciones por biodiversidad y otros mecanismos de servicios ambientales se promueven sólo con el objetivo de crear nuevos mercados para el capital financiero especulativo. Poner precio a las funciones vitales de la naturaleza y llevarlas al mercado solo acelerará la destrucción del planeta y la concentración de la riqueza.

Promover tecnologías que sean social, cultural y ambientalmente apropiadas. El conocimiento es universal y no debe estar sujeto a propiedad privada y uso privado para aplicaciones tecnológicas. Todas las restricciones de la propiedad intelectual deben eliminarse. Las nuevas tecnologías deben tratar de contribuir a equilibrar a la comunidad de la Tierra y no a continuar el camino suicida de intentar lograr un crecimiento económico sin fin. El conocimiento tradicional debe ser recuperado y preservado. La humanidad tiene que aprender de sus raíces. Las falsas soluciones tecnológicas deben detenerse porque están perturbando el sistema de la Tierra y afectando profundamente la salud de la naturaleza y de toda la vida. Por lo tanto, rechazamos las “soluciones” tecnológicas, como la geoingeniería, los organismos genéticamente modificados, los agro-combustibles, la bioenergía industrial, la biología sintética, la nanotecnología, la fracturación hidráulica (fracking), los proyectos nucleares, la generación de energía basada en incineración a gran escala, la captura y almacenamiento de carbono, y otros.

Fomentar la diversidad en todas sus formas: diversidad de alimentos, productos, conocimientos, tradiciones, identidad, creatividad y otros anteponiendo las necesidades locales de los pueblos y la salud de los ecosistemas.

Establecer nuevos indicadores para reflejar los diferentes aspectos de la vida basados en el cumplimiento de los derechos humanos y los derechos de la Madre Tierra, el desarrollo de la creatividad, la libertad y la felicidad. El indicador del Producto Interno Bruto (PIB) mide solamente los bienes que se mercantilizan porque eso es esencial para el capital, no toma en cuenta el trabajo de millones de campesinos, pueblos indígenas, trabajadoras domésticas y muchos otros porque no producen para el mercado. Los indicadores de la vida tienen que ser cualitativos y no solo cuantitativos, teniendo en cuenta la diversidad de las comunidades en la Tierra.

Democracia de la comunidad de la Tierra

Impulsar una democracia participativa y activa a nivel comunitario, nacional, regional y mundial. El imperio del mercado y el capital tiene que ser reemplazado por la voz del pueblo. La Economía para la Vida solo puede florecer en una democracia revitalizada de la comunidad de la Tierra. La transparencia, el proceso permanente de consulta en la toma de decisiones, el mecanismo de rendición de cuentas, las sanciones a las autoridades que incumplen su mandato, y la elección de representantes en un entorno libre de prebendalismo y bombardeo de propaganda son esenciales para guiar la Economía para la Vida. Los ciudadanos deben saber cómo se producen sus alimentos, bienes y servicios, de dónde provienen y qué contienen. La participación y el control democrático de la sociedad es clave para lograr los mejores resultados en los lugares de trabajo, las comunidades, los servicios públicos y las instituciones gubernamentales. Las nuevas tecnologías de la comunicación combinadas con las formas tradicionales de consulta pueden facilitar la toma de decisiones. La democracia local necesita ser complementada con la democracia global. Tiene que haber un proceso de consulta a nivel local, nacional e internacional para asuntos como el cambio climático y otros.

Luchar y derrotar todas las formas de imperialismo, sub-imperialismo, poder corporativo, neocolonialismo e imposiciones militares o no militares. El destino de todos los países y regiones está vinculado al destino del resto de los países y regiones. La verdadera democracia no puede restringirse a los límites de una nación. Los Estados deben ser reconstruidos.

Reducir el gasto militar y desmantelar la industria de la guerra y la infraestructura militar. El complejo militar es un factor clave de la actual economía capitalista. Las guerras se promueven para acceder a los recursos naturales, crear demanda de nuevas armas, obtener fondos públicos y desarrollar una presencia militar para garantizar los intereses de las élites y las corporaciones transnacionales. El presupuesto mundial militar y de defensa (estimado en más 1.5 billones de dólares américanos) es más que suficiente para satisfacer las necesidades de agua potable, alimentos y energía renovable de todo el mundo.

Promover un proceso real de integración regional basado en las personas y no en el comercio de bienes o capital. Las naciones se han creado debido a intereses geopolíticos sin tener en cuenta, en muchos casos, la historia, la cultura y la integridad de los ecosistemas. Un proceso real de integración para las personas ayudará a complementar y gestionar nuestro hábitat en armonía con la naturaleza. El objetivo final de la integración es eliminar las barreras que dividen a las personas y tener una humanidad unida basada en una solidaridad que se preocupa por todos.

Desmantelar la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El dominio y el poder que pocos gobiernos y empresas transnacionales tienen en estas organizaciones deben ser erradicados. Nuevas organizaciones multilaterales deben ser establecidas para tratar los temas de las finanzas, el comercio y los prestamos bajo un nuevo esquema multilateral que toma en cuenta todos los aspectos de nuestra comunidad de la Tierra.

Reinventar las Naciones Unidas (ONU) sin un Consejo de Seguridad y 5 miembros permanentes con poder de veto. Aquellos países y regiones que han sido marginados deberían tener más presencia y las reglas deberían ser asimétricas para beneficiarlos y buscar una equidad genuina entre todos. Es necesaria una nueva ONU que no tenga influencia corporativa y que combine la representación de los gobiernos y los pueblos. Todos los organismos multilaterales especializados que se ocupan de aspectos de la economía y las finanzas tienen que estar bajo una ONU reinventada que se ocupe de la comunidad de la Tierra en su conjunto.

EL PUEBLO Y NUESTROS SUEÑOS AL PODER

Como dice nuestra Visión, la Economía para la Vida es una economía donde las necesidades fundamentales de cada ser y de la Madre Tierra están garantizadas para promover la creatividad, la humanidad y la felicidad de vivir. Donde la solidaridad, la complementariedad, la diversidad, la paz y el bienestar de la comunidad de la Tierra como un todo han reemplazado a la codicia, la ambición, la competencia, el individualismo, la discriminación, la violencia y la destrucción de nuestra Madre Tierra.

Esta visión sólo la podemos lograr respaldando las luchas de todos los sectores a nivel local, nacional, regional e internacional. Las soluciones están en nuestras manos, la esperanza está en nuestros corazones, y el poder está en nuestra solidaridad. Cambiemos la relación de fuerzas, reclamemos nuestro futuro, remplacemos este sistema y forjemos una Economía para la Vida en nuestra comunidad de la Tierra.

Diciembre 2013, Bali, Indonesia.