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Cobertura Forestal 54 – Las venas continúan abiertas

Cobertura Forestal 54

Bienvenidos a la edición No. 54 de Cobertura Forestal, el boletín de la Coalición Mundial por los Bosques. Este boletín proporciona un espacio para que activistas de justicia ambiental de todo el mundo expongan sus puntos de vista sobre políticas internacionales relacionadas con los bosques.

Esta 54ª edición de Cobertura Forestal, con el título de “Las venas continúan abiertas”, inspirado en el libro del escritor uruguayo Eduardo Galeano, pone especial énfasis en América Latina. Expone el saqueo de América Latina por parte del comercio neoliberal y el modelo de desarrollo. Analiza de forma especifica los impactos de la producción de productos básicos y del libre comercio corporativo en los bosques, territorios indígenas y comunidades locales de esta región. Mientras Argentina se prepara para la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio en diciembre, y las negociaciones del Mercosur y la UE concluyen al mismo tiempo, los peligros de este modelo comercial para los bosques y las comunidades se vuelven aún más evidentes y es necesario exponerlos. La producción pecuaria insostenible, la deforestación, las plantaciones de monocultivos de árboles, el uso excesivo de pesticidas, la expansión de franjas de soja genéticamente modificada para la alimentación animal y las comunidades desplazadas son solo algunos de los impactos destructivos que tales acuerdos comerciales agravarán. Esta edición contiene historias de Chile, Paraguay, Argentina y Brasil. También analiza los dos principales acuerdos comerciales – OMC y UE -Mercosur, y muestra las consecuencias de los mismos sobre los bosques y las comunidades.

Puedes descargar la versión para imprimir (alta resolución / baja resolución) o leer los artículos individuales abajo. Para subscribirse al boletín, por favor envíe un email a gfc@globalforestcoalition.org.

Contenidos
Expoliación a nombre del comercio: América Latina y demás sur Global
Carne y etanol destructores de los bosques: ¿Ingredientes secretos para cocinar el acuerdo de la OMC en Buenos Aires?
Cómo el modelo neoliberal protege a la ganadería industrial y perjudica a las comunidades
Una victoria ante el avance de la industria forestal
La lucha de la Gente de la Tierra (Mapuche)
Agronegocios en Paraguay: “Ellos ponen en riesgo nuestras posibilidades de sobrevivencia”
La expansión del complejo soja-carne sobre el Cerrado: una amenaza sobre los territorios


Expoliación a nombre del comercio: América Latina y demás sur Global

Por Diego Cardona, Coalición Mundial por los Bosques, Colombia

La generación de materias primas, ampliamente denominadas como ‘commodities’, produce alrededor del mundo impactos severos sobre bienes naturales, territorios y los pueblos que los habitan. América Latina no es ajena a esta realidad y antes que ir en busca de una solución pareciera que cada día los impactos se profundizan.

Detrás de los conflictos provocados por la producción o extracción y comercialización de dichos productos se encuentra una lógica de dominación, desde lo simbólico, pasando por lo semántico, lo político hasta llegar al plano económico. Un ejemplo a la mano es la redacción de esta editorial en castellano, cuyo objetivo es analizar los impactos de las “commodities”, término para el cual hay que ubicar su equivalencia en este idioma, pues a pesar de contar con palabras correspondientes en los diversos idiomas y lenguas, se impone un término ajeno en inglés. Así pues, pueblos y territorios sufren la imposición de un modelo económico que habla permanentemente de incrementar los rendimientos y la producción, sin permitir que se cuestione para beneficio de quién, a costa de qué, ni mucho menos en dónde se realiza.

De forma predominante, la historia ha desconocido las relaciones entre las adaptaciones culturales a los medios naturales y las formas de organización social requeridas para mantenerlas. Esta escisión se ha reproducido por representaciones de la naturaleza donde ésta existe apenas como materia o energía para la producción y reproducción del capital y cuyas funciones se valoran en torno a los “servicios” que puedan prestar para los seres humanos. Esto implica una concepción despolitizada de la cuestión ambiental, permitiendo reducir a tecnocracias decisiones profundamente políticas que afectan todas las formas de vida.

Cortando caña de azúcar en Colombia. GFC

 

Esta edición de Cobertura Forestal ofrece un análisis, desde diversas miradas, de los impactos de la producción y comercio de materias primas o ‘commodities’ para el comercio internacional, y las reglas e instituciones que facilitan este comercio. Especialmente en América Latina, las economías atraviesan por una reprimarización, es decir que en el marco de las reglas del neoliberalismo y el libre comercio se les ha asignado el papel de proveer materias primas, sin transformación o valor agregado, provenientes en mayor medida, de las industrias extractivas.

En el contexto político actual de la región, cobra aún más vigencia cuestionar los fines de la economía y trabajar por transformar la misma, teniendo como prioridad los territorios y sus pueblos. A pesar que varios países de la región presentan economías en crecimiento o recuperación, hay que ser cuidadosos con lo que esto significa, pues no es necesariamente benéfico para toda la población y en muchos casos conlleva aumento de la inequidad, mala distribución y acumulación de riqueza monetaria por parte de unos pocos.

América Latina y otros países en el sur Global, producen una enorme cantidad de ‘commodities’ asociados a la explotación de su patrimonio natural: petróleo, carbón, oro, café, soya, carne, aceite de palma, pulpa de papel y celulosa, entre otros. La mayoría de las industrias generadoras de estos productos se cuentan entre las causas directas y subyacentes de la deforestación y, por ende, de violación de los derechos, individuales y colectivos, de los pueblos y comunidades locales que viven en los territorios explotados.

La destrucción, degradación o desaparición de cualquier tipo de ecosistema debe ser dimensionada en todos sus aspectos, puesto que no existen ecosistemas estratégicos respecto de otros de menor valor o importancia; todos estos tienen una serie de funciones indispensables y contienen bienes naturales con igual relevancia para la pervivencia. Al mismo tiempo, todo bioma o ecosistema hace parte de un territorio en el que generalmente existe un pueblo o comunidad local asociado, cuyos derechos deben prevalecer replanteándose así la finalidad, cantidad y formas de producción y consumo de bienes que ocasionan los impactos a los cuales se hace referencia.

Los monocultivos de árboles para explotación maderera, por ejemplo, requieren inmensas extensiones de tierra donde se extraen nutrientes de sus suelos, y se afectan las fuentes agua de los ecosistemas circundantes, como lo muestran ejemplos en Chile, Brasil, Uruguay, además de otros países del continente africano y asiático. Los monocultivos de palma aceitera crecen a un ritmo acelerado en México, Honduras, Ecuador, Colombia y Perú a expensas de selvas y otros ecosistemas que van desapareciendo en la mayoría de los casos acompañadas de denuncias por desplazamiento de comunidades locales o violación de derechos humanos; el triste caso de Indonesia no ha servido como ejemplo para los gobernantes de la región.

La ganadería intensiva, además de ser responsable por la deforestación y degradación de ecosistemas, provoca e incluso incrementa la desigualdad en la tenencia de la tierra alcanzando niveles críticos en países como Paraguay, donde el 2,6% del total de propietarios posee el 85,5% del territorio, siendo así el 4to exportador de soya del mundo, mucha de la cual va para la alimentación de ganado en la UE, EEUU y Rusia. Los efectos de esta agro-industria también son visibles en Argentina, Bolivia y Brasil. Biomas únicos como el Chaco y la Pampa sufren drásticas reducciones en su extensión, desapareciendo por completo en miles de hectáreas.

Violencia en Bagua, Perú. Powless/Flickr

 

En el caso de la minería, múltiples ejemplos traen a la memoria las pésimas referencias de esa industria. Los impactos tienen diversas manifestaciones, ya sea por la violencia ejercida para entrar y usurpar los territorios, como sucedió en 2009 en Bagua, Amazonía peruana, donde el uso de la fuerza por parte del Estado para reprimir la manifestación de los pueblos indígenas que se verían afectados por la minería, resultó en la muerte de 33 personas. En otros casos, las explotaciones ya instaladas generan destrucción de ecosistemas, contaminación, pérdida de medios productivos y de las condiciones para la permanencia de las comunidades en sus territorios.

Así las cosas, es apenas lógico que la movilización y resistencia social crezca en cada rincón de Abya Yala pero infortunadamente, ésta está cobrando la vida de cientos de defensoras y defensores de derechos humanos y ambientales, con situaciones críticas en Honduras, Colombia y Brasil, sin que la condición de otros países de la región deje de ser alarmante. A lo anterior hay que añadir la creciente criminalización de la protesta y movilización en toda la región.

Los resultados de las próximas negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC), a realizarse en Argentina, y las negociaciones UE-Mercosur podrían agudizar la situación, especialmente debido a que los países del Mercosur probablemente se centren en utilizar las negociaciones para aumentar las exportaciones de carne a Europa. Los efectos nocivos del aumento de la producción industrial de productos básicos como la carne y la soja en los bosques y los pueblos no se haran esperar.

Esta situación empeora por el hecho de que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) utiliza una definición simplista de los bosques en donde incluye erróneamente a las plantaciones, lo que ha derivado, entre otros, en la tala de bosques nativos y ocupación de inmensas áreas con monocultivos de árboles, destinados a la producción de pulpa para la elaboración de papel, cartón y empaques que terminan siendo desechados rápidamente. Millones de esas hectáreas, cubiertas temporalmente con monocultivos que periódicamente son talados dejando el suelo desnudo, eran el hogar de pueblos indígenas y comunidades locales que fueron desplazadas, despojadas de sus medios de vida y reproducción social o en el mejor, o peor de los casos, presos de trabajos temporales y mal pagos.

Por lo tanto, durante la reciente sesión (44) del Comité de Seguridad Alimentaria de la ONU (CFS por sus siglas en inglés) que se ocupó de las negociaciones en torno a la silvicultura sostenible para la seguridad alimentaria y la nutrición, movimientos sociales y representantes de la sociedad civil consiguieron incidir en la elaboración de un documento oficial con recomendaciones para los Estados. En éste se incluye la apertura de un espacio dentro del CFS para discutir los impactos de las plantaciones industriales de árboles sobre la seguridad alimentaria y la nutrición, socavadas mediante el acaparamiento de tierras, la destrucción de las prácticas productivas tradicionales y/o la privatización del acceso a las fuentes de agua, caza o recolección para millones de personas. De igual forma el documento reconoce las dimensiones y relaciones espirituales, culturales, sociales, políticas y económicas entre los bosques y los pueblos que de ellos dependen, así como la contribución de estos pueblos a la alimentación de la humanidad. Y no menos importante, la necesidad de seguir avanzando en el reconocimiento de los derechos de las mujeres y el control de los territorios por parte de sus legítimos habitantes.

La apertura de esta puerta significa reconocer impactos que históricamente han sido ignorados; y mantenerla abierta y atravesarla es parte de la tarea que nos sigue convocando y brinda esperanzas, mientras enfrentamos la próxima reunion de la OMC en Buenos Aires y las negociaciones del Mercosur con la UE, que amenazan nuestros bosques y pueblos.


Carne y etanol destructores de los bosques: ¿Ingredientes secretos para cocinar el acuerdo de la OMC en Buenos Aires?

Por Ronnie Hall, Coalición Mundial por los Bosques, Inglaterra

Si alguien le dice que la carne, los biocombustibles y los bosques no tienen nada que ver con la décimo primera Conferencia Ministerial de la OMC (CM11), la cual tiene lugar en Argentina en diciembre, no le crea. Aunque no sea evidente al leer la agenda de la OMC, es muy posible que el resultado final esté vinculado a otro asalto comercial a los bosques de América Latina, a pesar del compromiso global de los gobiernos de frenar la deforestación para el año 2020 (Objetivo Sostenible de Desarrollo 15, Vida de Ecosistemas Terrestres).

¿Por qué? Porque se avecinan dos rondas de negociaciones comerciales, la OMC y las negociaciones UE-Mercosur (entre la UE y Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), que tendrán lugar casi simultáneamente y prácticamente en los mismos países, y parece como si las estuvieran vinculando, particularmente Brasil y la Unión Europea, para maximizar los resultados en ambas rondas de negociaciones.

Al momento de escribir este artículo, las negociaciones UE-Mercosur parecen estar llegando rápidamente a su conclusión. Tras años de retrasos y estancamientos, los actuales negociadores ven una ventana de oportunidad que pronto se cerrará por causa de la incertidumbre generada por las próximas elecciones generales en Brasil y Paraguay en 2018, y Uruguay en 2019. Se habla de completar las negociaciones para finales de 2017 pero ¿cómo se puede llegar a un acuerdo en apenas semanas cuando ambas partes no han podido llegar a un acuerdo en dos décadas?

Un punto de desacuerdo en el pasado ha sido el hecho de que los países del Mercosur, liderados por Brasil, se han negado a continuar a menos que la UE ofrezca acceso preferencial a sus exportaciones de carne y etanol. [1] Se suman a este desacuerdo, el fracaso de los países latinoamericanos de abrir ciertos mercados a las exportaciones de la UE y la negativa de ésta a eliminar los subsidios a sus agricultores. [2]

Ganado en Brasil. Eduardo Amorim/Flickr

 

Cómo la producción de carne y de etanol impacta a los bosques

La ganadería ya es responsable del 60% de la deforestación de Brasil. En la actualidad las tierras de pastoreo abandonadas y degradadas ya exceden a un cuarto del territorio de Brasil. [3] Los ciclos recientes de expansión son la causa principal de la destrucción del Amazonas y aún más en el Cerrado. La conversión de los territorios de Paraguay para la producción de carne y soja es igualmente dramática. Aunque es un país relativamente pequeño, conforma junto a Brasil, Chile, y Nicaragua el grupo de cuatro países responsables por el 97% de conversión de bosques para la actividad ganadera en América Latina. [4]

El etanol, el cual puede ser usado como combustible para el transporte, puede ser producido a partir de la caña de azúcar. Sin embargo, cuantificar el grado de deforestación que se produce por la caña de azúcar es difícil por diversas razones, incluyendo la falta de datos disponibles. Aun así, muchos científicos afirman que la producción de azúcar tiene impactos indirectos en los bosques como el Amazonas al sustituir otros cultivos que se sembrarían en las áreas deforestadas (a menudo como resultado de la tala ilegal). [5]

Los agricultores europeos, especialmente los irlandeses y los franceses cuyos medios de vida se ven amenazados, habían logrado excluir la carne y el etanol de las negociaciones. Pero a principios de 2017, la Comisión Europea (CE) repentinamente se retractó al optar por ignorarlos así como los riesgos de la deforestación en América Latina y los escándalos que recientemente han salpicado al sector cárnico brasileño, más específicamente de carne y pollo. [6] De manera que la CE ofreció a Mercosur acceso preferencial a ciertas cuotas de carne y etanol (así como otras propuestas similares para el pollo, la carne de cerdo y el maíz). [7] Repentinamente, se hablaba de números (no de sectores) y en términos de semanas (en lugar de años).

Pero ¿por qué la CE cambió sorpresivamente su posición? Quizás la respuesta yace en lo que podrían ofrecerle los países del Mercosur en otro escenario – quizás la OMC.

Por ejemplo, a pesar de que la agenda formal de la OMC tiene un “nuevo” enfoque abierto respecto al comercio digital (mediante el cual los países industrializados buscan promover los intereses de gigantes como Google y Amazon), el ‘meollo del asunto’ en este debate sigue siendo el intenso conflicto Norte-Sur sobre si los países industrializados reducirían el apoyo interno a sus agricultores y aceptarían la necesidad de los países en vía de desarrollo para mantener programas públicos de acopio (Public Stockholdings, o PSH) para promover la seguridad alimentaria.

En el epicentro de la disputa encontramos una propuesta conjunta sobre ambos temas (los subsidios internos y los PSH) provenientes de nada más y nada menos que de la UE y Brasil, trabajando en conjunto. [8] Si la UE se observa aliándose con Brasil en un tema tan sensible, independientemente de su éxito, potencialmente podría abrir el camino hacia otras victorias europeas en áreas clave como el comercio digital y temas emergentes relacionados como las inversiones (ambos temas muy problemáticos en términos sociales y de medio ambiente). [9] También podría permitirle a la Comisión Europea convencer a miembros escépticos de la UE a mirar el acuerdo EU-Mercosur de manera más
favorable. [10]

Cosechando caña de azúcar. Sweeter Alternative/Flickr

 

¿Acaso Brasil está llegando a un acuerdo con la UE a cambio de obtener lo que quiere respecto a la carne y los biocombustibles en las negociaciones UE-Mercosur? Debe estar esperando algo a cambio. Uno pudiese sospechar aún más cuando encuentra que la propuesta UE-Brasil no hace siquiera referencia a los subsidios exentos del “compartimiento verde” que constituyen alrededor del 90% de los subsidios agrícolas de la UE. [11, 12] Brasil incluso ha declarado que le gustaría anunciar un acuerdo UE-Mercosur en la CM11 de la
OMC. [13]

En segundo lugar, los países del Mercosur han hecho una propuesta sobre “micro, pequeñas y medianas” empresas (MiPyMEs) [14] que promueve una propuesta de empleo que incluye el comercio digital. [15] Crucialmente, el tono progresista del enfoque de las MiPyMEs ha sido descrito como un caballo de Troya que introduciría nuevos temas de la altamente polémica agenda [16] de la UE, nuevos temas tales como la Facilitación de Inversión, parte de la agenda altamente divisiva de ‘Temas Emergentes’, la cual ya fue rechazada por países en vía de desarrollo en la CM5 de la OMC en Cancún, 2003. [17] Si se adoptaran las las actuales propuestas sobre el comercio digital, ello impediría el desarrollo de industrias digitales propias en los países en desarrollo, permitiendo, en su lugar, el libre flujo de oportunidades comerciales para los gigantes
digitales. [18]

En tercer lugar, Argentina preside la ronda de Buenos Aires. Este rol inevitablemente le confiere un alto grado de influencia a Argentina, incluyendo en la posibilidad de moldear el proceso, poder del cual a menudo se hace un uso abusivo por parte de las presidencias de la OMC que buscan resultados sustantivos particulares. [19] Argentina tiene el don de poder inclinar la balanza de las negociaciones a favor de la UE en las ultimas horas de negociación, y Argentina busca también esas cuotas de exportación de carne.

Argentina a su vez comparte el deseo de Brasil de anunciar el logro de un acuerdo UE-Mercosur durante la CM11. [20] Uno sólo se puede preguntar si esta es otra señal de que la UE y los países del Mercosur tienen intereses convergentes en la OMC. O ¿es esta la vuelca de tuerca final de los esfuerzos de los países del Mercosur de obtener hasta el más mínimo elemento de ventaja de las negociaciones UE-Mercosur en Buenos Aires?

Esperemos que no. En nombre de los bosques de América Latina y los pueblos y comunidades dependientes de los bosques, los acuerdos de la OMC y UE-Mercosur deben ser frenados. Debemos rechazar el actual modelo de libre comercio corporativo que protege a la ganadería. Hay muchas alternativas posibles capaces de producir más y mejores calidades de alimentos sin destruir los bosques del mundo.

[1] Euractive.com, 11.9.2017, https://www.euractiv.com/section/economy-jobs/news/brazil-tells-the-eu-it-wont-move-without-ethanol-and-beef/

[2] Bilaterals.org, http://bilaterals.org/?-EU-Mercosur-

[3] Mongabay, 20.11.2016, http://data.mongabay.com/brazil.html

[4] FAO, 2013, www.fao.org/docrep/018/i3437e/i3437e.pdf

[5] CIFOR, 2011, https://www.cifor.org/publications/pdf_files/WPapers/WP68Pacheco.pdf

[6] BBC, 20.3.2017, http://www.bbc.co.uk/news/world-latin-america-39334648 and Reuters, 23.3.2017, https://www.reuters.com/article/us-brazil-corruption-meat-eu/eu-asks-brazil-to-suspend-meat-shipments-amid-scandal-sources-idUSKBN16U2Z5

[7] Los informes de prensa mencionan la carne, el etanol, el pollo, el cerdo y el maiz. Parlamento Europeo, 3.10.2017, http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?type=WQ&reference=P-2017-006181&format=XML&language=EN Sin embargo la unica propuesta formal solo menciona la carne y el etanol Comision Europea, Octubre 2017, http://trade.ec.europa.eu/doclib/docs/2017/october/tradoc_156336.pdf

[8] El documento tambien esta apoyado por Uruguay, Peru y Colombia. Comision Europea, 17.7.2017, http://europa.eu/rapid/press-release_IP-17-2031_en.htm

[9] Para más información sobre la agenda de ‘temas emergentes’ de la UE, véase: Woolcock S, London School of Economics, sin fecha: http://www.lse.ac.uk/internationalRelations/centresandunits/ITPU/docs/woolcocksingaporeissues.pdf

[10] Farming Independent, 17.10.2017, https://www.pressreader.com/ireland/irish-independent-farming/20171017/281505046449387

[11] “The EU-Brazil proposal on domestic support as a percentage of OTDS is flawed because the OTDS does not include the allegedly decoupled subsidies notified in the green box which to day account for about 90% of the EU agricultural subsidies.” E-mail from Jacques Berthelot to wto-intl listserv, 6.11.2017. (OTDS stands for Overall Trade Distorting Subsidies, and ‘green box’ refers to subsidies that are exempted from WTO disciplines because they are considered to be non-trade or minimally trade distorting.).

[12] European Parliament, June 2017, http://www.europarl.europa.eu/atyourservice/en/displayFtu.html?ftuId=FTU_5.2.7.html

[13] IATB, 2017, http://conexionintal.iadb.org/2017/09/01/brasil-aspira-a-anunciar-acuerdo-mercosur-ue-a-finales-de-2017/?lang=en

[14] WTO, 9.6.2017, JOB/GC/127

[15] South Centre, 3.10.2017, https://www.southcentre.int/wp-content/uploads/2017/10/IN_High-Stakes-in-MC11-30-Oct-2017_EN-1.pdf

[16] South Centre, 30.10.2017, https://www.southcentre.int/wp-content/uploads/2017/10/IN_High-Stakes-in-MC11-30-Oct-2017_EN-1.pdf (p8)

[17] Woolcock S, London School of Economics, undated, http://www.lse.ac.uk/internationalRelations/centresandunits/ITPU/docs/woolcocksingaporeissues.pdf

[18] South Centre, 30.10.2017, https://www.southcentre.int/wp-content/uploads/2017/10/IN_High-Stakes-in-MC11-30-Oct-2017_EN-1.pdf (p6)

[19] Third World Network, 21.12.2005, http://www.twn.my/title2/twninfo336.htm

[20] Farming Independent, 17.10.2017, https://www.pressreader.com/ireland/irish-independent-farming/20171017/281505046449387


Cómo el modelo neoliberal protege a la ganadería industrial y perjudica a las comunidades

Por Ronnie Hall, Coalición Mundial por los Bosques, Inglaterra, y Mary Louise Malig, Coalición Mundial por los Bosques, Filipinas

Los agricultores familiares y las comunidades rurales alrededor del mundo, incluido en Latinoamérica, están luchando por mantener sus practicas agrícolas sostenibles, sus medios de sustento y culturas tradicionales frente a la rápida industrialización y concentración corporativa de la agricultura, especialmente en los sectores de la ganadería y los piensos para ganado.

La expansión e industrialización de la agricultura también viene a un alto costo para la salud y el bienestar de las comunidades y los animales. La producción de ganadería en ‘centros operativos de alimentación animal’ (CAFOs) tales como las mega-lecherías significa que millones de animales se están criando en condiciones industriales que son inhumanas, insalubres y contaminantes. El uso innecesario de antibióticos también esta generando bacterias resistentes a los fármacos y promoviendo la propagación de infecciones bacteriales no tratables. Los productos alimenticios finales pueden contener un coctel de pesticidas, hormonas, parásitos y/o bacterias. Adicionalmente, la producción industrial de piensos, tal como la soja tratada con pesticidas en Paraguay, está contaminando las fuentes de agua de las comunidades.

Jaulas en batería en una instalación en la India. Brighter Green/CIC

 

También hay impactos importantes en los bosques (ver recuadro en pagina 6), así como el cambio climático. La ganadería es responsable para del 14,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, y la producción de carne de res y leche son consideradas las peores infractoras. [1] Sin medidas correctivas, se espera que estos problemas se van a intensificar, ya que se calcula que la demanda mundial de carne puede aumentarse en un 70% para el 2050.

El sector avícola de la India ejemplifica el problema de la concentración corporativa. Un modelo ‘verticalmente integrado’ significa que las grandes empresas exportadoras controlan todos los aspectos de la producción, siendo dueños de los pollos desde antes de que eclosionen hasta el día en que son sacrificados llevando a los trabajadores contratados a hacer la mayor parte del trabajo. Lamentablemente, esto ha reemplazado casi por completo la producción familiar de aves de corral, sobre todo por parte de mujeres para el consumo de sus familias y para obtener ingresos adicionales.

Mercado de ganado en Argentina Christopher Gollmar/Flickr

 

El sector ganadero de Brasil es otro buen ejemplo. Brasil ha introducido una política llamada ‘campeones nacionales’, la cual favorece a las grandes empresas que se espera que promuevan los intereses del país a medida que prosperan. Esto ha dejado a muchos de los pequeños mataderos fuera del negocio, y ha hecho la vida mucho más difícil para los pequeños criadores de ganado, quienes se han convertido en presas de los grandes mataderos que les pagan precios más bajos y les arrebatan sus ganancias.

Impulsar las exportaciones de ganado mediante la apertura de nuevos mercados de exportación suele ser un objetivo clave en las negociaciones de libre comercio, independientemente de estos impactos. Además de las negociaciones entre la UE y Mercosur, entre otros ejemplos se incluyen el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA, por sus siglas en inglés), que esta muy centrado en el comercio de leche, queso y carne de res; [2] el acuerdo de libre comercio entre la UE y Japón se ha denominado ‘carros a cambio de queso’, ya que las exportaciones de carne y queso a Japón son una prioridad europea importante; [3] y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) entre los EEUU y la UE, cuyo destino depende en gran parte en si los negociadores comerciales pueden obligar a los consumidores europeos renuentes a tragarse las importaciones estadounidenses de pollo lavado con cloro. [4]

La Organización Mundial del Comercio (OMC), con su poderoso Mecanismo de Resolución de Disputas, también protege a la ganadería de manera que beneficia a las grandes corporaciones agrícolas a través de su Acuerdo sobre la Agricultura (AsA). Durante el proceso de negociación del AsA, se hizo una serie de promesas a los países en desarrollo para inducirlos a aceptar la inclusión de este sector tan delicado en la OMC. Entre estas promesas se incluyen la eliminación de los subsidios a las exportaciónes que distorsionan el comercio para la agricultura en los países desarrollados como los EEUU y la UE, así como mayor acceso al mercado en los sectores agrícolas del norte para los países en desarrollo. Pero en la práctica, el AsA ha permitido que EEUU y la UE aumenten sus subsidios. Un claro ejemplo de las consecuencias de esto es la disminución del sector avícola nacional en Ghana y otros países de África Occidental frente a la producción subvencionada y la exportación desde la UE. Esta disputa sobre la producción agrícola será clave en las negociaciones de la 11° Conferencia Ministerial (CM11) en Buenos Aires.

La OMC también es relevante para la industria a la industria ganadera a través de su participación en el establecimiento de normas. Sus reglas trabajan en contra del uso permanente del principio de precaución, un enfoque utilizado a menudo para tomar decisiones sobre cuestiones ambientales clave, incluso si faltara evidencia científica. Antes de la CM11, la Asociación Internacional de Carne de Vacuno llama a “la disminución de impedimentos no científicos e infundados” los cuales “imponen costos injustificados en las cadenas de valor” así como reducciones en subsidios
nacionales. [5]

Los tratados diseñados para promover la inversión transfronteriza también afectan gravemente a las comunidades rurales y su agricultura, con un extenso acaparamiento de tierras. Por ejemplo, en Bolivia, los nuevos inversionistas ganaderos brasileños han aprovechado el bajo costo de la tierra y las ‘preferencias arancelarias’ de libre comercio en el marco de la Comunidad Andina (CAN). Uruguay ha visto ranchos ganaderos comprados por inversionistas extranjeros y una afluencia de empresas extranjeras de empaquetamiento de de carne, especialmente la Marfrig de Brasil. [6] En Paraguay, el problema del acaparamiento de tierras de los pequeños agricultores y pueblos indígenas para la ganadería y la producción de soja sigue siendo una preocupación importante, incluso porque está socavando sistemáticamente la capacidad del país de producir alimentos para el consumo local. Argentina ha visto la transformación de su mundialmente famoso sector de carne de res desde una producción extensiva alimentada con pasto a centro operativos de alimentación animal, con la tierra dedicada a la producción de soja para alimentar al ganado de Europa. [7]

Este resumen viene de tres publicaciones de la Coalición Mundial por los Bosques sobre el sector de la ganadería escritos por Mary Lou Malig y Ronnie Hall:

– El verdadero costo de la carne: Los impactos de la ganadería industrial y la industria del forraje sobre los bosques, el cambio climático, los agricultores y las comunidades
– La OMC y la ganadería: Alimentando a la agroindustria, matando de hambre a los pequeños campesinos
– Nuestro alimento no es su negocio: Alternativas a la ganadería y cultura de piensos insostenibles, así como el actual modelo corporativo de libre comercio

[1] Food and Agriculture Organization, 2013, http://www.fao.org/docrep/018/i3437e/i3437e.pdf

[2] Financial Post, 20 de septiembre de 2017, http://business.financialpost.com/news/economy/canada-eu-launch-free-trade-agreement-while-britain-eyes-its-own-deal

[3] Financial Times, 6 de julio de 2017, https://www.ft.com/content/572fef42-6260-11e7-91a7-502f7ee26895

[4] Friends of the Earth Europe, 2015, http://www.foeeurope.org/rotten-deal-110315

[5] International Beef Alliance, 20 de octubre de 2017, http://internationalbeefalliance.com/pdf/2017/releases/IBA_Statement_-_Final_version_ESP.pdf

[6] GRAIN, 13 de octubre de 2010, https://www.grain.org/es/article/entries/4044-big-meat-is-growing-in-the-south

[7] Development & Cooperation Journal, 10 de septiembre de 2015, https://www.dandc.eu/en/article/cattle-industry-argentina-changing-rapidly-not-better


Una victoria ante el avance de la industria forestal

Por Darío Aranda, Periodista, Amigos de la Tierra Argentina

La compañía Alto Paraná (Arauco) es propietaria del diez por ciento de una provincia argentina. Políticas de Estado promotoras de monocultivos, y campesinos que lograron la expropiación de tierras a la multinacional.

Plantación de pinos en Argentina. Productores Independientes de Piray (PIP)

 

La provincia de Misiones se ubica en el extremo norte de la Argentina. Conocida por sus bellos paisajes naturales y biodiversidad, es también el epicentro de la multinacional Alto Paraná (Arauco), que controla el diez por ciento de la tierra provincial (256 mil hectáreas) y avanza con el monocultivo forestal. Desalojos de pequeños productores e indígenas, deforestación de monte nativo y una organización campesina que dijo ¡basta! La Cooperativa de Productores Independientes de Piray (PIP) resistió en su tierra y logró presionar al gobierno para expropiarle 600 hectáreas a la multinacional.

La localidad de El Dorado está ubicada a 200 kilómetros de la capital provincial. A pocos kilómetros del centro de la ciudad, no más de diez minutos en auto, todo se vuelve monótono. Parecen un ejército: verdes, prolijos, en fila. Monocultivos de pinos. Largas hileras durante cientos de metros. Se pierde la vista en el horizonte con la misma imagen. En un camino vecinal, de tierra, aparecen humildes viviendas de familias rurales que resisten desde hace una década la avanzada empresarial. Alto Paraná los cercó con pinos y les dejó sólo 1,400 metros cuadrados (menos de una quinta parte de una hectárea por familia). Imposible vivir de la producción con esas mínimas parcelas.

En forma defensiva se organizaron y crearon Productores Independientes de Piray (PIP), medio centenar de familias con mucha angustia y algunas certezas: no dejar su tierra, mantener la vida campesina y no rendirse ante empresarios ni políticos.

La compañía Alto Paraná (de la multinacional Arauco) está en Misiones desde 1996. Siempre contó con el apoyo de los gobiernos provinciales y fue avanzando sobre los territorios llegando a dominar las 256 mil hectáreas que representan el diez por ciento de la provincia. Es el mayor propietario privado de Misiones y, en municipios como Piray, controla el 62 por ciento de la tierra.

En la zona donde avanzó el cultivo forestal desaparecieron parajes y pueblos. El éxodo rural fue una consecuencia. Productores Independientes de Piray (PIP) fue un caso atípico, que resistió de forma colectiva a los intentos de desalojos, y fue por más. Exigió que el Estado expropie tierras a Alto Paraná. En junio de 2013 lograron la Ley XXIV-11 para expropiar 600 hectáreas. La misma ley reconoce el impacto negativo del agronegocio forestal: “En los años 1997 y 1998 favorecido por políticas liberales en desmedro del agro misionero, se inicia el proceso de concentración de tierras por parte de la empresa Alto Paraná, se pierden innumerables puestos de trabajo que llevaron consigo el éxodo rural”. Y se puntualiza la desaparición masiva de pequeñas chacras.

La expropiación de tierras fue celebrada por los campesinos en 2013, pero alertaron que aún faltaba el cumplimiento. “Sembrando lucha cosechamos 600 hectáreas”, se leía en las banderas campesinas.

El gobierno de Misiones demoró cuatro años en entregar las primeras 166 hectáreas, y lo hizo porque PIP no dejó de movilizarse y reclamar el cumplimiento de la ley. Desde mediados de 2017, los campesinos trabajan la tierra arrasada que dejó la multinacional. Primero comenzaron limpiando los desechos de pinos (incluso sin la maquinaria prometida por el gobierno) y después comenzaron a sembrar.

Comunidades en Argentina manifestándose en contra de los monocultivos de pinos.Productores Independientes de Piray (PIP)

 

“Es todo a pulmón, con lucha, esfuerzo y organización. Durante nuestra primera siembra sufrimos muchos bichos, pero ya estamos trabajando con fungicidas naturales. Y cosechamos poroto, pepino, zapallos. Estamos felices”, resumió Miriam Samudio, de PIP.

El comunicado de la organización complementa: “Hemos logrado que se ‘amplíe el horizonte’, los pinos y eucaliptos ya no están en el patio de nuestra casa, se han alejado y ahora el viento que sopla es un poco más puro. Es un logro importante para toda la comunidad, ya no volveremos a ver que se fumigue detrás de nuestras casas”.

Piray no es el único conflicto que tiene Alto Paraná, así como otras empresas forestales. Resistencias similares se dan en las localidades de Puerto Libertad, Ruta 20, comunidad guaraní Ysyry (Colonia Delicia) y paraje Nueva Argentina, entre otros.

El entramado jurídico para el avance forestal en Argentina comenzó en la década del 90, con el gobierno neoliberal de Carlos Menem. Aprobó, en coordinación con las empresas nucleadas en la Asociación Forestal Argentina (AFOA), una legislación beneficiosa para las compañías (Ley número 25.080) con subsidios en todos los pasos productivos: desde la implantación y el mantenimiento, hasta el riego y la cosecha. No deben pagar impuesto inmobiliario por las tierras sembradas y están exentos del pago sobre ingresos brutos. Cuentan con devolución del IVA (Impuesto al Valor Agregado) y pueden amortizar el impuesto a las ganancias. Sin embargo, el artículo 17 de ley no utiliza la palabra subsidio, prefiere el eufemismo “apoyo económico no reintegrable” para explicar que el Estado cubre entre el 20 y 80 por ciento de los costos de implantación.

Pero no fue sólo Carlos Menem pues la ley vencía en 2009. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner la prorrogó (vía Congreso Nacional) por otros diez años. La norma finaliza el 1 de enero de 2018. Claudia Peirano, de la Asociación Forestal Argentina (AFOA –que reúne a las empresas–) pidió prorrogar la ley y trabajar luego en las modificaciones. La subsecretaria de Desarrollo Foresto Industrial (del Ministerio de Agroindustria), Lucrecia Santinoni, afirmó que el gobierno nacional tiene “la vocación de prorrogar la ley”. Pasaron seis presidentes (Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri) y la ley de impulso al monocultivo forestal se mantuvo. Es política de Estado.

Con la llegada de Mauricio Macri a la presidencia, se ampliaron los subsidios a las empresas: de 100 millones de pesos se pasó a 265 millones, y las promesas del Ministerio de Agroindustria es aumentarlo a 350 millones de pesos.

La superficie de monocultivo es elocuente. De 600 mil hectáreas (en 1998) creció a 1,3 millones de hectáreas en 2015. El actual gobierno quiere llegar a los dos millones de hectáreas, y propone avanzar en “la industria celulósica” (las cuestionadas “pasteras”[1]). Misiones es la provincia maderera por excelencia, con el 59 por ciento de la producción.

El máximo director de Arauco Argentina, Pablo Mainardi, afirmó que Argentina debe “tener dos o tres plantas de celulosa más, ya que tiene las tierras con más de 940.000 hectáreas implantadas entre las provincias de Misiones y Corrientes”; y llamó a derribar legislaciones nacionales y provinciales: pidió derogar la Constitución de Corrientes, la Ley de Tierras, la ley de Entre Ríos que prohíbe el transporte de rollizos y la Ley de Insalubridad en Misiones.

A pesar de la delicada situación, el 2 de noviembre pasado, Argentina y Chile firmaron un Tratado de Libre Comercio (TLC) siendo Chile un país de referencia en actividad forestal y en TLCs. En términos generales se destaca que los productos argentinos puedan ser distribuidos por todos los países con los que Chile mantiene tratados similares a tasa cero, [2] propone trabajar en “un marco jurídico más moderno y equilibrado para el desarrollo y la protección de las inversiones, mayor agilidad y certidumbre para el comercio entre ambos países”. La Embajada de Chile en Argentina recalcó que el tratado busca “establecer un marco de protección para los inversionistas, en el que no haya discriminación a los proveedores de ambos países, y se puedan realizar transferencias de capitales”.

Frente a esto, es posible que las empresas forestales existentes cobren más fuerza y que otras lleguen al país recrudeciendo los conflictos sociales al entrar en la puja por tierras campesinas.

[1] Argentina y Uruguay mantuvieron un conflicto diplomático entre 2006 y 2015 por la instalación de la planta de pasta de celulosa Botnia-UPM en Uruguay (de capitales finlandeses). La población de la provincia de Entre Ríos (Argentina) aún hoy exige el retiro de la planta de la costa del río compartido.

[2] El Embajador de Chile en Argentina, José Viera Gallo, explicó que las empresas argentinas que se asocien con empresas chilenas (y puedan procesar productos en Chile) podrán exportar con arancel cero a los 65 países con los cuales Chile tiene acuerdo comercial.


La lucha de la Gente de la Tierra (Mapuche)

Por Susana Huenul Colicoy y Claudio Donoso Hiriart, Colectivo Viento Sur, Chile

Entrando por el norte a este territorio llamado Chile, desde el Cerro Camaraca hacia el sur, los invasores europeos se encontraron con los paisajes más espectaculares y variados. Tres mil kilómetros extraordinarios en un recorrido por el gran valle central, que deriva desde el desierto a la selva, fragmentado por cordones transversales que serpentean entre las gigantescas cadenas montañosas de la Costa y de los Andes. El Océano Pacífico y su gran corriente fría, la presencia del Anticiclón del Pacífico y el Frente Polar, cierran el marco de este cuadro que asemeja una isla muy particular.

Cuánta riqueza quedó expuesta frente a la pobreza de los ojos que sólo buscaban oro y esclavos, además de imponer a fuego y espada el evangelio a los “salvajes”, para hacerlos “civilizados” y obedientes. El invasor llegó con apego a las cosas y desapego a la naturaleza. Sólo unos pocos valoraron y describieron la maravilla que presenciaron, los demás venían frenéticos de codicia.

Protestas contra el asesinato de activistas Mapuches. Sergio/Flickr

 

Fue así como se inició la destrucción de los bosques y otros ecosistemas que habitaban desde Copiapó al sur. Lo que los invasores no sabían pero prontamente descubrieron, es que bajo los bosques, durante miles de años, se habían formado suelos con gran contenido de nutrientes y una capacidad extraordinaria de almacenar agua, sin duda las habilitaciones agrícolas en estos suelos dieron resultados inesperados que hicieron pensar que estos recursos podían ser tan lucrativos como el oro. La fiebre del trigo y la del oro se hicieron parientes.

Lo que no se relata, es que gran parte de este territorio estaba habitado por el Pueblo Mapuche y que los invasores usaron todo tipo de artimañas y engaños para intentar subyugar a este pueblo, además de la consabida violencia contra aquel que se negara a someterse. Ahora la lucha Mapuche ya no era la lucha natural con los elementos, era la lucha por sobrevivir y por conservar su pensamiento, su espiritualidad, su sistema de salud, su alimentación, es decir, su forma de vida.

Los que se hicieron terratenientes usurpando las tierras, relegando, empobreciendo y reduciendo a los Mapuche, amasaron fortunas con la agricultura. Pero esta agricultura de monocultivos fue tan intensiva y salvaje con la tierra, que en pocos años ya se habían degradado miles de hectáreas de suelo. Ya a mediados del siglo XX el Estado de Chile instala otro monocultivo para supuestamente intentar recuperar estos suelos, el monocultivo de árboles, específicamente el pino insigne, proveniente de California.

Durante todos estos largos años, el Pueblo Mapuche continuó defendiendo sus tierras y su vida, pero la lucha más incansable, era por su dignidad. Durante la sangrienta dictadura cívico-militar liderada por Augusto Pinochet, estos monocultivos de árboles exóticos se transformaron en un modelo forestal que traería gravísimos impactos al mundo campesino y, en particular, al Pueblo Mapuche.

Desde mediados de la década de los ’70, en plena dictadura y con la aplicación del Decreto Ley 701, las compañías forestales ganan terreno con jugosos subsidios del Estado, los cuales les permiten adquirir más tierras. Pero además usan sistemáticamente la estrategia de “correr los cercos” de pequeños propietarios, lisa y llanamente, robándoles sus tierras. Muchas veces mediante engaño, se apoderan también de tierras Mapuche.

Este abuso sobre el Pueblo Mapuche, sumado a los impactos del saqueo del territorio por parte de los controladores del sector productivo, provoca la migración de miles de familias campesinas a sectores urbanos alimentando cordones de pobreza en las ciudades y despoblando las zonas rurales, dejándolas a merced de los intereses de un modelo ultra-neoliberal.

La destrucción de los bosques y otros ecosistemas en su fase actual se manifiesta, por un lado, en el impacto ocasionado por los monocultivos y el método de cosecha a tala rasa utilizado que se lleva consigo miles de toneladas de suelo y que provoca una severa disminución de la calidad y cantidad de aguas superficiales y napas (cuerpos de agua subterráneos). Por otro lado, y como consecuencia de lo anterior, se impacta perversamente sobre todos los ámbitos de la vida, identificados al desmenuzar el actual momento histórico en que aparecen mundos que resisten manteniendo y recuperando saberes en dichos ámbitos donde impacta el monocultivo forestal, tales como la alimentación, la agricultura y la salud, por nombrar sólo algunos.

Existe una línea histórica de colonialismo permanente que hoy en día se manifiesta con el modelo neoliberal en su fase extractivista, ante lo cual comunidades y organizaciones en distintos territorios despliegan procesos invisibilizados en defensa de los modos de vida Mapuche. Dichas acciones se relacionan, por ejemplo, con la defensa del agua ya que resulta fundamental para mantener los cultivos para la alimentaión diaria. Sin agua no hay huerta. Esto conlleva también a la defensa y propagación de nuestras semillas tradicionales lo cual abre una ventana a un mundo de saberes que se niega a desaparecer.

Celebrando la cultura Mapuche. Sin.fronteras/Flickr

 

Nuestro Pueblo Mapuche también posee un sistema de salud, negado por décadas, que pese a lo avasallador del modelo forestal, se recupera y transmite a las nuevas generaciones defendiendo e impulsando la propagación del poco bosque nativo que nos queda, y recuperando las hierbas medicinales, fuente de saber de los lawentucheve.

Nos parece pertinente sumar a lo anterior, el entorpecimiento que genera la expansión del monocultivo forestal sobre la posibilidad de impulsar iniciativas productivas con identidad local, en donde las comunidades puedan generar ingresos cuidando el medio ambiente. En este ámbito se abre otra ventana vinculada con las recolectoras de productos no maderables del bosque, que dado los reconocidos beneficios de las avellanas, el maqui, la mutilla, por nombrar algunos, ven limitada su actividad debido a la escasez de los recursos. Lo mismo ocurre con la ñocha, que no crece en el monocultivo de pino y eucalipto, y que guarda un valioso saber en torno a la cestería.

Y así podríamos seguir abriendo ventanas de saberes de la cotidianidad que se ve invisibilizada ante la hegemonía de los “medios de comunicación” que insisten con reproducir el discurso del “terrorismo” a cargo de los Mapuches, para así proteger y perpetuar una industria que está destruyendo no sólo el territorio donde habitan las comunidades, sino gran parte de la Región del Biobío, donde al gobierno no le ha importado la salud ni calidad de vida de sus habitantes.


Agronegocios en Paraguay: “Ellos ponen en riesgo nuestras posibilidades de sobrevivencia”

Por Inés Franceschelli, Heñoi, Paraguay

Paraguay es uno de los países más chicos del continente sudamericano, sin acceso al mar, productor de materia prima, sin desarrollo industrial, con 6,8 millones de habitantes y 14 millones de cabezas de ganado. Escasamente se escucha alguna noticia importante proveniente de este pequeño país; una de ellas fue cuando en junio de 2012 ‘destituyeron’ al entonces presidente Fernando Lugo.

Poco después las razones de este ‘golpe de Estado parlamentario’ impulsado por la oposición, empezaron a aflorar, develando que los agro-negocios desempeñaron un papel fundamental en la maniobra política. Teniendo en cuenta la gran desigualdad en cuanto a la concentración de la tierra en manos privadas, [1] no era raro que los esfuerzos que se habían dado hasta entonces para el control de la liberación de organismos genéticamente modificados (OGM) fueran impugnados por los nuevos poderes al mando con miras de convertir al país en un campo de producción agro-industrial para productos de exportación, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de la propia población paraguaya.

Mujeres caminando a través de campos de soja genéticamente modificada. Luis Wagner/GFC

 

En 2016 este país, 4º productor de soja transgénica del mundo, produjo 10 millones de toneladas [2] que salieron al exterior llevándose con ellas, en cada barcaza, la riqueza del suelo, el agua y la salud de la gente. Es también el 9º exportador de carne del mundo; en 2016 exportó 240 mil toneladas de carne vacuna. [3]

Esta enorme capacidad productiva crece sostenidamente; en 2009 se registraban 2,5 millones de hectáreas de soja transgénica cultivadas, este año alcanzaron 3,5 millones, un crecimiento de 34% en ocho años. [4] Sin embargo, la tecnología impuesta al país por las empresas que controlan el negocio agrícola hizo crecer mucho más el daño causado por la producción insostenible de mercancías: mientras que en 2009 el país importaba 9,2 millones de kilos de agrotóxicos, en 2016 alcanzó la friolera de 44,2 millones de kilos, un incremento de ¡478%! [5] Las empresas nacionales y extranjeras defienden sus normas flexibles y, amparadas en el enorme poder de los gremios que las aglutinan, tienen contratados los tres poderes del Estado para asegurar la impunidad de sus prácticas; Paraguay resulta así el paraíso del libre comercio.

“El libre comercio no es otra cosa que la protección de las inversiones de las empresas, y definitivamente tiene un impacto negativo en las comunidades campesinas” afirma Marcial Gómez, Secretario General Adjunto de la Federación Nacional Campesina (FNC), y agrega “Para los productores agrícolas el libre mercado entre comillas, es liberación del ingreso de mercaderías de grandes corporaciones a nuestro país, pero para el pequeño productor no hay libre mercado; por ejemplo para exportar la producción del pequeño productor, por todos lados hay trabas pero para las grandes corporaciones, para invadir con sus mercaderías nuestro país y nuestras comunidades, no hay trabas”.

“Es imposible competir, porque es imposible convivir”

Marcial Gómez, Secretario General Adjunto de la Federación Nacional Campesina (FNC)

 

Gómez ejerce su liderazgo sosteniendo debates y asambleas permanentes en las comunidades campesinas que forman la Federación. Conoce de cerca lo que viven los pobladores de los asentamientos, ya que él mismo es productor de alimentos, bajo la constante presión que el monocultivo ejerce sobre la tierra campesina. En ese sentido afirma “Sabemos bien que los países ‘desarrollados’ entre comillas, subsidian la agricultura y de esa forma invaden nuestros mercados. Este es uno de los problemas fundamentales para el campesinado, ‘competir’ con las grandes corporaciones que cada vez tienen más facilidades. No podemos competir, ni siquiera es posible convivir con este modelo. Nuestro país tiene grandes riquezas naturales pero las empresas y los latifundistas hacen aquí lo que quieren, envenenan todo, el suelo, el agua, la gente, usan venenos prohibidos en todo el mundo, destruyen nuestros cultivos, nuestros animales. Y como nunca están satisfechos, por ejemplo el agua y otros servicios cada vez más intentan pasar a manos del sector privado que tiene relación con grandes empresas internacionales, para ir utilizando de acuerdo a su conveniencia económica, y eso es un retroceso muy grande para los pueblos y sobre todo para los trabajadores”.

La baja de los precios internacionales de las materias primas, la degradación de los suelos, la necesidad de invertir cada vez más en insumos para combatir “malezas”, han llevado a los empresarios del agronegocio a diversificar rubros. Hace cinco años impusieron las tecnologías de Organismos Genéticamente Modificados (OGMs) desarrolladas en maíz y algodón. Como había una acentuada resistencia popular e institucional a estas liberaciones, no dudaron en gestar un golpe de Estado para instalar un gobierno a su medida y así avanzar con estos rubros. Actualmente incursionan impulsando el arroz con riego en grandes extensiones y el monocultivo forestal con eucalipto. Este rubro vendría a satisfacer su propia demanda de biomasa (leña) para secar sus granos en silo.

Al respecto, expresa Gómez, “Lastimosamente Paraguay está casi en primer lugar mundial en deforestación, y el gobierno ahora flexibiliza por decreto para que se acelere. Eso va a acelerar más la destrucción de los bosques, el problema del cambio climático, todas las adversidades que están sucediendo en el país y el mundo, y esa modificación de las reglamentaciones por el propio Presidente de la República es para su conveniencia personal y la de sus aliados. Los compañeros y compañeras están conscientes de todos los problemas que vienen detrás del monocultivo, primero fue la soja, ahora el eucalipto es un monocultivo más que viene a destruir la producción del pequeño productor que históricamente ha producido alimentos sanos para la población paraguaya. Por eso nosotros estamos en debate permanente sobre esto, por ejemplo, en el asentamiento Huber Duré los compañeros conservan casi el 40% del asentamiento con área boscosa, cuidan los cursos de agua porque el efecto del cambio climático afecta cada vez más al pequeño productor, a su producción, ellos (los empresarios) son responsables de poner en riesgo nuestra propia sobrevivencia, por eso permanentemente se debate y se impulsan prácticas que puedan colaborar para mantener el equilibrio”.

La Federación Nacional Campesina de Paraguay apuesta a la organización para la resistencia, y a la resistencia para la sobrevivencia.

[1] En Paraguay el 90% de la tierra está en manos de 12.000 grandes propietarios, mientras que el restante 10% se reparte entre 280.000 pequeños y medianos productores. En: Yvy Jara, Los dueños de la tierra en Paraguay. Informe de investigación. Guereña, Aratxa y Rojas, Luis. Oxfam 2016

[2] http://www.abc.com.py/nacionales/cosecha-de-soja-alcanzara-casi-10-millones-de-toneladas-616379.html

[3] http://www.ultimahora.com/carne-el-2016-se-exporto-n1053316.html

[4] http://capeco.org.py/area-de-siembra-produccion-y-rendimiento/

[5] Para conocer la evolución de importación de agrotóxicos, ver “La principal actividad económica nacional no es nacional”, en Con la soja al cuello 2016. Disponible en http://www.baseis.org.py/wp-content/uploads/2016/12/informe-agronogecio-2016.pdf


La expansión del complejo soja-carne sobre el Cerrado: una amenaza sobre los territorios

Por Diana Aguiar y Letícia Tura, Federação de Órgãos para Assistência Social e Educacional (FASE), Brasil

La política de inserción internacional de Brasil, fuertemente respaldada en la exportación de materias primas, tiene como uno de sus pilares la expansión de la frontera agrícola en el segundo mayor bioma del país, el Cerrado. La expansión del monocultivo de soja en las últimas décadas – principalmente para producción de piensos para alimento de animales – ha tenido un crecimiento del 140% en 15 años lo cual contribuyó fundamentalmente para elevar a Brasil al puesto de mayor exportador global de soya, representando poco más del 42% total de las exportaciones mundiales. [1]

Por lo tanto, no es sorprendente que el complejo soja-carne sea también el principal producto del portafolio exportador brasileño, en el que la soya y sus derivados llegan a representar cerca del 18% total, [2] seguido por la carne en un par de posiciones más abajo en el ranking.

Deforestación en el Cerrado. Wev’s Bronw/Flickr

 

En contrapartida, la huella de la devastación y los conflictos que la acelerada expansión del complejo soja-carne ha dejado en los territorios es la cara oculta de este proceso. Entre tierras degradadas y actualmente utilizadas en Brasil para pastoreo, la ganadería ya ocupa el 25% del territorio nacional y continúa la presión por su expansión [3] la cual ocurre en gran medida a través de la ocupación ilegal de tierras públicas y habitadas tradicionalmente, causando intensos conflictos con campesinos/as y agricultores/as familiares, pueblos indígenas, pueblos quilombolas (pueblos tradicionales afrodecendientes) y otros pueblos y comunidades tradicionales. Debido a la continua expansión y su carácter intensivo, la ganadería es el principal vector de deforestación en el país provocando el etnocidio de pueblos que construyeron y constituyen la diversidad biológica y cultural de los territorios en el Cerrado y en la Amazonía, los dos biomas del país más amenazados por la expansión de carne y soja.

Esta situación no ha generado una preocupación equivalente o medidas de protección importantes. Los datos divulgados indican que la “deforestación acumulada en el bioma [Cerrado] en este siglo fue tres veces mayor que de la Amazonía, proporcionalmente al tamaño del área de vegetación remanente”. [4] Esta crítica realidad es el resultado de una percepción difundida de que el Cerrado es una región sin vegetación relevante desde el punto de vista ecológico y con escaso poblamiento. Los pueblos indígenas, campesinos/as, agricultores/as familiares, y pueblos y comunidades tradicionales del Cerrado fueron históricamente invisibilizados, así como la importancia hidrológica esencial de la vegetación del bioma, que le valió el apodo de “cuna de las aguas”, donde se presenta el nacimiento de algunas de las principales cuencas y acuíferos de América del Sur, tales como el acuífero Guaraní y la cuenca del Paraná.

Este panorama no ha provocado políticas consistentes de preservación ambiental, a no ser las que favorecen al agronegocio a través de políticas de compensación ambiental. Por el contrario, el potencial de atracción de divisas del sector agroexportador y la transformación del Cerrado, en pocas décadas, en un granero de producción de materias primas moviliza el imaginario de planificadores e inversionistas. Además, su conexión histórica con el sistema político brasileño le atribuye un poder económico y político incomparable en el país, constituyendo una de las bancadas más poderosas y reaccionarias del Congreso brasileño.

Imágen de satélite de cultivo de soja en el Cerrado. European Space Agency/Flickr

 

El complejo soja-carne, basado en la concentración corporativa y en la globalilización, se ha expandido, apoyado por políticas nacionales. Uno de los ejemplos es la política de los “Campeones Nacionales” del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) que, a través de préstamos subsidiados, propició que un conjunto de empresas cuyo capital tiene su origen en Brasil entrase en el grupo selecto de las empresas transnacionales del agronegocio y pasara a figurar entre las gigantes del sector de productos cárnicos. Entre 2007 y 2013, período en que la política cogió fuerza, el BNDES inyectó R$ 18 mil millones (aprox. USD$5,500 millones) en apenas cinco empresas (entre ellas JBS y Marfrig, ambos de la industria cárnica). La política de campeones nacionales fue instrumental para que estas empresas adquirieran el poder del que gozan hoy: la JBS, actualmente la mayor productora y exportadora de carnes del mundo, no estaba ni entre las 400 mayores empresas en operación en Brasil en 2002. [5] Otro ejemplo, más reciente, es el Plan de Desarrollo Agropecuario del Matopiba, creado en 2015, que prevé polos de carcinicultura, celulosa, granos, con la sustitución de los remanentes de la vegetación natural, sobre todo del Cerrado, que abarca 73 millones de hectáreas, es decir, 51 % del área de los Estados de Maranhão, Tocantins, Piauí y Bahía.

Esta experiencia de expansión del agronegocio en el Cerrado ha sido exportada como modelo a seguir en otros territorios, donde agentes del agronegocio brasileño tienen la intención de invertir. Esto ocurre especialmente en otras sabanas y llanuras del mundo, debido al apetito del agronegocio por terrenos planos, donde los monocultivos pueden expandirse con más eficiencia, utilizando menos energía.

El caso de Mozambique es simbólico. El Programa de Cooperación Mozambique-Brasil-Japón ProSavana se justifica por supuestamente encontrarse al norte de aquel país, en la misma latitud que el Cerrado brasileño, lo que viabilizaría replicar la experiencia de expansión del agronegocio en este bioma. A pesar de oficialmente reivindicar el estar dirigido al desarrollo rural de la agricultura campesina mozambiqueña, el programa fue diseñado para atraer inversionistas con capacidad de acceso a mercados globales que puedan incorporarlos de forma marginal y subordinada a las cadenas productivas del agronegocio. [6]

Pero no es sólo en África donde se reivindica el agronegocio en el Cerrado como modelo. En Colombia, el gobierno se refiere a la Altillanura, cerca de la frontera con Venezuela, como el “Cerrado colombiano” donde el “milagro brasileño” puede ser replicado. [7] En ese caso, no hay programa de cooperación y el papel de Brasil no parece ser tan directo (aunque técnicos de la Embrapa [8] ya hayan comenzado a prestar asesoría sobre el “modelo Cerrado” [9]) sirviendo más como referencia, y reivindicada por el propio gobierno colombiano. La cuestión de la regularización agraria es planteada como obstáculo por el gobierno y el agronegocio, [10] incluso por el Ministro de Agricultura de Brasil y megaexportador de soja, Blairo Maggi, que ha visitado el país en los últimos ocho años para evaluar la posibilidad de compra de tierras. [11]

Entender el tamaño del problema involucrado en el complejo soja-carne debe ser motor de movilización colectiva y convergencia entre las banderas de lucha en el campo y en la ciudad. Existen diversas articulaciones construidas colectivamente en Brasil, como el Foro Brasileño de Soberanía y Seguridad Alimentar (FBSSAN), la Articulación Nacional de Agroecología (ANA), y campañas, como la Campaña Permanente contra los Agrotóxicos y por la Vida y la Campaña en Defensa del Cerrado, que dialogan directamente con la idea clave “Comida de verdad en el campo y la ciudad”. Una premisa básica es que debemos reivindicar reformas estructurales, como la Reforma Agraria, y programas y políticas públicas de potencial emancipatório para la agricultura familiar y campesina.

[1] USDA, 2017.

[2] MDIC, 2017.

[3] Schlesinger, Sergio, “A cadeia produtiva de carnes no Brasil”. In: AGUIAR, Diana; TURA, Letícia (Org.). Cadeia Industrial da Carne – Compartilhando ideias e estratégias sobre o enfrentamento do complexo industrial global de alimentos Rio de Janeiro: FASE, 2016. Disponible en: https://fase.org.br/wp-content/uploads/2016/08/Livro-Cadeia-Industrial-da-carne.pdf

[4] http://www.ihu.unisinos.br/569963-desmatamento-do-cerrado-supera-o-da-amazonia-indica-dado-oficia

[5] Schlesinger, Sergio (2016). Poucos campeões, muitos perdedores: concentração e internacionalização da indústria brasileira de carnes, FASE/GFC. Disponible en: https://fase.org.br/pt/acervo/documentos/industria-da-carne-poucos-campeoes-muitos-perdedores/

[6] Porto, Silvio Isoppo. Análise crítica do Plano Diretor do ProSavana. In: AGUIAR, Diana; PACHECO, Maria Emília (Org.). A Cooperação Sul-Sul dos Povos de Brasil e Moçambique: Memória da Resistência ao ProSavana e Análise Crítica de seu Plano Diretor. Rio de Janeiro: FASE, 2016. P. 18. Disponible en: https://fase.org.br/wp-content/uploads/2016/11/ProSavana_web.pdf

[7] SEMANA. El ‘Cerrado’ Colombiano. Julho, 2010. Disponible en: http://www.semana.com/economia/articulo/el-cerrado-colombiano/124179-3 Acceso en: 17/08/2017

[8] EMBRAPA es la Empresa (pública) Brasileña de Investigación Agropecuaria.

[9] EL TIEMPO. Experto habla del desarrollo del Cerrado brasileño. Janeiro, 2013. Disponible en: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12546942 Acceso en: 17/08/2017

[10] LA SILLA VACIA. El futuro agroindustrial de la Orinoquía ya arrancó. Noviembre, 2010. Disponible em: http://lasillavacia.com/historia/el-futuro-agroindustrial-de-la-orinoquia-ya-arranco-19998

[11] EL TIEMPO. Minagricultura de Brasil quiso hacer negocios en el país. Mayo, 2016. Disponível em: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16593902 Acceso en: 17/08/2017


Equipo Editorial: Ashlesha Khadse, Isis Alvarez y Ronnie Hall
Editores: Isis Alvarez y Ronnie Hall
Traductores: Megan Morrissey y Juana Valentina Nieto
Diseño gráfico: Oliver Munnion

Fotografía de portada: European Commission DG ECHO/Flickr
Otros fotografías de portada: Powless/Flickr, Productores Independientes de Piray y Sweeter Alternative/Flickr

Ha sido posible llevar a cabo este número de Cobertura Forestal gracias al apoyo de diversos grupos miembros de GFC y contribuyentes, incluido Christensen Fund, Iniciativa Internacional del Clima (IKI) del Ministerio Federal Alemán de Medio Ambiente, Protección de la Naturaleza, Construcción y Seguridad Nuclear (BMUB), y Fundación Isvara.

Las opiniones expresadas en esta publicación no son necesariamente las opiniones de nuestros contribuyentes.